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El rey de la farándula

Crítica de El rey de la farándula

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Julio Vélez Sainz
ITEM-UCM

Entré en El rey de la farándula con cierta perplejidad. La premisa podía parecer peligrosa: un cabaré barroco sobre las andanzas de un amante homosexual de Felipe IV, con música en directo, travestismo, sátira palaciega y memoria queer del Siglo de Oro. Pero el hecho de que Daniel Migueláñez figurara en la asesoría ya daba garantías. Y, efectivamente, acabé entregado.

Ángel Ruiz firma y protagoniza una obra que juega con inteligencia a resucitar la farándula barroca desde un presente descarado, culto y profundamente teatral. La pieza se estrenó en el Festival de Almagro y se presenta como un “cabaré barroco” que revisita el reinado de Felipe IV desde el humor, la música y la irreverencia. (Festival de Almagro)

El espectáculo imagina la voz de un cómico del Siglo de Oro, una especie de superviviente resucitado de aquella tradición ambulante, que vuelve para contar sus desventuras entre nobles, escenarios y camas reales. En ese gesto hay algo del ñaque de Sanchis Sinisterra: el actor errante que vive de la palabra, del cuerpo y del artificio. Solo que aquí el artificio se tiñe de lentejuela, deseo y mala leche.

La obra toma casos y rumores de homosexualidad en el entorno del “rey pasmado” para componer una lectura queer del poder. No se trata solo de sacar del armario a la corte, sino de mirar el Siglo de Oro como un espacio mucho menos rígido de lo que suelen vender los manuales. El travestismo, tan presente en la tradición teatral áurea, aparece aquí no como adorno, sino como clave dramatúrgica: vestir y desvestir el género es también vestir y desvestir la historia.

Ángel Ruiz realiza un verdadero tour de force. Su labor vocal y actoral es magnífica: canta, narra, ironiza, se transforma y sostiene el pulso de una función que exige precisión musical, vis cómica y una enorme capacidad de complicidad con el público. No sorprende que haya sido reconocido en los Premios Talía, donde figura entre los intérpretes premiados en teatro de texto. (El País)

A su lado, Bru Ferri al piano no es un mero acompañante. El piano de cola ocupa la escena como presencia física y musical, casi como segundo personaje. Las chaconas, folías y aires barrocos se mezclan con una sensibilidad de cabaret que permite que la pieza respire entre lo popular y lo erudito. La producción incluye músicas de Monteverdi, José Marín y Juan Hidalgo, junto a textos de Quevedo, Lope y Calderón. (Madrid Teatro)

El escenario desnudo favorece ese juego. No hay aparato escenográfico que distraiga: todo descansa en el cuerpo del actor, la música y la palabra. Ruiz aparece con miriñaque y va modulando su presencia hasta vestirse de hombre al final, en un tránsito que condensa el tema central de la obra: la identidad como representación, el deseo como máscara y la historia como teatro.

Los homenajes al monólogo de Laurencia en Fuenteovejuna y al de Segismundo en La vida es sueño funcionan muy bien porque no son citas muertas. Cuando Ruiz se nombra “Segismunda”, la broma arrastra siglos de teatro encima. Ahí la obra encuentra su mejor tono: irreverente, sí, pero con conocimiento profundo del material que maneja.

El rey de la farándula es divertida, musical, descarada y más inteligente de lo que aparenta. Una pieza que convierte el Siglo de Oro en cabaret sin rebajarlo, y que demuestra que la tradición clásica también puede leerse desde el deseo, la pluma y la risa.


Sinopsis

El Rey de la Farándula nos sumerge en el esplendor y declive del Siglo de Oro mediante un personaje que fusiona teatro, música y comedia. Inspirado en una figura enigmática —mitad actor, mitad confidente de Felipe IV—, la obra entrelaza ficción y realidad, mostrando a un monarca que, pese a las guerras y la decadencia imperial, halló refugio en la escena teatral.

Con una propuesta escénica que fusiona lo histórico y lo contemporáneo, la obra mezcla textos del Siglo de Oro con canciones de compositores como Monteverdi, José Marín y Juan Hidalgo. Rompiendo la cuarta pared y con una estética híbrida, el protagonista interactúa con el público valiéndose de la ironía, el descaro y la emoción, para revelar episodios históricos poco conocidos.

Este cabaré barroco y provocador recrea la atmósfera de la corte de Felipe IV, explorando el poder y la influencia de la farándula en la sociedad. A través de la sátira y la sensibilidad, El Rey de la Farándula refleja cómo el escenario, en todas sus formas, ha sido un espejo de la grandeza y las contradicciones humanas.


Equipo

Dramaturgia
Ángel Ruiz




Dirección
Ángel Ruiz
Ayudante de Dirección
Daniel Migueláñez


Producción
LAZONA Teatro
Producción Ejecutiva
Jair Souza-Ferreira


Reparto
Ángel Ruiz, Bru Ferri
Escenografía
Beatriz San Juan, Arantxa López Melero




Iluminación
Rodrigo Ortega


Música
Bru Ferri
Espacio Sonoro
Kike Mingo




Distribución
Julio Municio


Vestuario
Almudena Rodríguez Huertas






Diseño del Cartel
Javier Naval


























Fecha del Estreno: 12/02/2026

Teatro: Teatro de la Comedia. Compañía Nacional de Teatro Clásico

Sala:  Tirso De Molina

Duración en minutos: 80

Género  Comedia Cabaret


Rosana Torres, “Un cabaré protagonizado por Felipe IV y una drag queen del Siglo de Oro”, El País

Javier Vallejo, “El rey de la farándula, un cabaré barroco para Felipe IV”, El País / Babelia

 


El rey de la farándula

«El rey de la farándula es divertida, musical, descarada y más inteligente de lo que aparenta. Una pieza que convierte el Siglo de Oro en cabaret sin rebajarlo, y que demuestra que la tradición clásica también puede leerse desde el deseo, la pluma y la risa»

Julio Vélez Sainz

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