El entusiasmo
Crítica de El entusiasmo

La última propuesta de Pablo Remón en el Centro Dramático Nacional parte de un lugar que me resulta familiar y, en muchos sentidos, admirable. Remón ha demostrado sobradamente su capacidad para construir dramaturgias y direcciones excelentes y universos escénicos de gran belleza. Por ello mismo, considero fundamental que la exigencia hacia nuestros referentes artísticos sea alta y exhaustiva.
El inicio del espectáculo despertó en mí un gran interés. La puesta en escena es original y acertada, la escritura fluye con precisión y la dirección evidencia un gran trabajo. Todo parecía confirmar las expectativas que suelo depositar en su trabajo. Sin embargo, a medida que avanzaba la obra, la presencia de bromas de carácter racista —algo que, lamentablemente, no es nuevo en producciones del Centro Dramático Nacional— provocó una ruptura total con mi experiencia como espectadora, hasta el punto de desconectarme por completo de la pieza. A esta cuestión se suma un tratamiento especialmente problemático de las personas con adicciones, abordado desde una perspectiva ofensiva, clasista y profundamente atravesada por el privilegio.
El humor constituye, sin duda, una de las herramientas más poderosas en el teatro, pero también una de las más delicadas y complejas de manejar. Pablo Remón ha demostrado sobradamente poseer la inteligencia y el talento necesarios para trabajar con este recurso; precisamente por ello, resulta aún más necesario exigir un uso consciente, responsable y políticamente correcto. Desde mi punto de vista, un creador hombre, blanco y cis no puede recurrir al humor racista sin que ello evidencie una falta de revisión crítica de su propia posición y de los imaginarios colonialistas que dicha mirada reproduce.
En el plano formal, la obra presenta asimismo dificultades relacionadas con el ritmo escénico. Su duración excesiva contribuye de manera significativa a la desconexión del público y diluye parte de su potencia dramática. La decepción que esto genera es mayor si se tiene en cuenta que, en esencia, la dramaturgia contiene elementos de indudable valor. La frustración frente a las expectativas normativas impuestas por el sistema, el cuestionamiento del modelo de familia tradicional y la crítica a los mecanismos de engaño del capitalismo son abordados con inteligencia y mediante la comedia, un terreno que exige precisión, agudeza y un alto grado de responsabilidad discursiva.
Sin embargo, no resulta aceptable que determinadas prácticas continúen reproduciéndose sin cuestionamiento, especialmente en el contexto del teatro público, cuya función social implica una responsabilidad moral y política ineludible. Por último, considero imprescindible destacar la magnífica labor interpretativa del elenco. Quiero subrayar, además, el gesto de Natalia Hernández y Raúl Prieto, quienes aparecieron durante los aplausos con una kufiya alrededor del cuello: un acto de posicionamiento político claro, consciente y significativo, que no pasó desapercibido y que merece ser reconocido.
Sinopsis
Estructurada en un prólogo y cuatro partes que funcionan casi de manera independiente, El entusiasmo son varias obras en una. Un caleidoscopio de estilos diferenciados, que se complementan e incluso se contradicen, cuya columna vertebral sigue la vida de una pareja: sus conflictos personales, sus crisis matrimoniales, su relación con la maternidad/paternidad. Y también sus sueños, sus deseos, sus recuerdos, sus relatos y narraciones.
La obra vincula el tema del entusiasmo en la vida de los personajes con el entusiasmo por la narración y por contar historias. Algunas de estas historias se centran en lo pequeño, en el mundo de la pareja, la maternidad/paternidad y sus complejidades, otras se alejan de la historia principal y nos llevan a otros personajes y otros mundos. El juego de la ficción está continuamente presente: los personajes se narran o se escriben unos a otros, alternando en sus respectivas reencarnaciones los roles de narrador/autor y personaje.
Ficciones dentro de ficciones, en una estructura de cajas chinas que pretende ser un viaje emocional por la vida de estos personajes, a la vez que trata con humor e ironía el tema de los hijos, la pareja y la crisis de la mediana edad, en un artefacto teatral con la ambición y el juego propios de la novela posmoderna.
Equipo
Pablo Remón
Autoría
Pablo Remón
Dirección
Pablo Remón
Ayudante de Dirección
Juan Ollero
Producción
Centro Dramático Nacional, Teatro Kamikaze
Reparto
Francesco Carril, Natalia Hernández, Raúl Prieto, Marina Salas
Escenografía
Monica Boromello
Ayudante de Escenografía
María Abad
Iluminación
David Picazo
Espacio Sonoro
Sandra Vicente
Fotografía
Geraldine Leloutre
Distribución
Caterina Muñoz Luceño
Vestuario
Ana López Cobos
Ayudante de Vestuario
Sara Sánchez de la Morena
Diseño del Cartel
Emilio Lorente
Web Oficial
https://dramatico.inaem.gob.es/evento/el-entusiasmo/
Idioma
Español
Fecha del Estreno: 07/11/2025
Teatro: Teatro María Guerrero. Centro Dramático Nacional
Sala: Sala Grande
Duración en minutos: 125
Género Teatro, Comedia
Pablo Caruana Húder, “Pablo Remón se copia a sí mismo en ‘El Entusiasmo’”, elDiario.es [8/10]
El entusiasmo
«La frustración frente a las expectativas normativas impuestas por el sistema, el cuestionamiento del modelo de familia tradicional y la crítica a los mecanismos de engaño del capitalismo son abordados con inteligencia y mediante la comedia, un terreno que exige precisión, agudeza y un alto grado de responsabilidad discursiva».
Ana Martín Aparicio

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