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Sinopsis: La otra escena, su nueva creación, promete desbordamiento, insubordinación y revuelo, empezando por el uso de una guitarra eléctrica en vez de la histórica española, trayendo al tablao cuero y plástico, libertad, estridencia y transgresión. Romper el tabú del peligro de sobrepasar los límites y desarrollando una performance itinerante, haciendo un recorrido por los submundos, en los que se cuestiona el artista y reflexionar sobre cómo somos herederos involuntarios de herencias traumáticas que nos condicionan, aparecen como los ejes rupturistas sobre los que ahora se erige La otra escena.

Dirección: Manuel Liñán

Ayudante de Dirección: Alberto Velasco (asesor de escena)

Producción: Manuel Liñán / Comunidad de Madrid

Distribución: Ana Carrasco / Peineta Producciones

Reparto: Bailarinas/actrices: Ana Romero, Tacha González y Mariana Collado Cante: David Carpio Batería: Jorge Santana

Iluminación: Álvaro Estrada A.a.i

Movimiento: Manuel Liñán

Vestuario: Sara Sánchez De La Morena

Música: Víctor Guadiana y David Carpio

Espacio Sonoro: Diseño de sonido: Víctor Rome

Fotografía: MarcosGpunto

Fecha del Estreno: 15 de octubre de 2020

Teatro: Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque

Género: Flamenco/Performance

Web Oficial: https://www.condeduquemadrid.es/actividades/la-otra-escena

La rebeldía en La otra escena, de Manuel Liñán

Alejandro Coello Hernández

El último espectáculo de Manuel Liñán, con asesoría escénica de Alberto Velasco, supone una arriesgada apuesta por la exploración de nuevos lenguajes escénicos en donde la danza se convierte en el eje vertebrador de la expresión rebelde ante la tradición y la herencia traumática. La primera gran ruptura de la propuesta se materializa en la imbricación del teatro, la performance, la música y el flamenco en un abandono absoluto de la normatividad de lo académico, de lo aristotélico y lo cisheterosexual. Estas elecciones formales estructuran la necesidad de Liñán por ahondar en esa rebeldía y esa búsqueda de su verdad. Por otro lado, estos mecanismos sirven al bailaor, acompañado de Ana Romero, Tacha González y Mariana Collado, para explorar los espacios traumáticos de la infancia y de la transmisión de la cultura en donde se ven negados los cuerpos no heteronormativos. Liñán se acerca a la figura de la madre como diálogo, como autorreconocimiento y como una suerte de contragenealogía marcada por la comprensión y la sororidad; mientras que intenta establecer un nuevo encuentro con la figura paterna en donde se pueda canalizar la rabia y la rebeldía, la protesta ante la imposición. Rompe, de esta manera, Liñán con los esquemas clásicos para fundir su insumisión bailando contra el muro indeleble de la herencia cultural a la vez que revisita la tradición desde una expresiva y acertada apuesta por un imaginario queer y disidente. El taconeo acompaña a la guitarra eléctrica y la batería. El cuero y el shibari invitan a explorar otras formas de presentar el cuerpo en el flamenco que, unido a la extenuación del cuerpo, señalan esa lucha continua contra la otredad. Asimismo, se explora la fragmentación del cuerpo, las posibilidades de encontrarse fuera de los cánones. Solo así se puede entender el encuentro final en donde el bailaor explora la no binariedad en un enfrentamiento directo con la masculinidad representada por la vestimenta tradicional en los tablaos. Por ello, La otra es escena se erige como una búsqueda rebelde de otras formas inclusivas de transmisión de la cultura con el fin de evitar el enfrentamiento entre el cuerpo queer y la mirada normativizadora.

Emilio Tenorio, “Performance y guitarra eléctrica en la nueva creación de Manuel Liñán”, www.eter.com Blog sobre Danza en España, 

Adolfo Simón, “La otra escena de Manuel Lián en Conde Duque”, Que revienten los artistas. Revista digital de Artes Escénicas, año 5

S/a, “Crítica: La otra escena de Manuel Liñán”, Bambalinas. Agenda de teatro en España

 

“Liñán se acerca a la figura de la madre como diálogo, como autorreconocimiento y como una suerte de contragenealogía marcada por la comprensión y la sororidad; mientras que intenta establecer un nuevo encuentro con la figura paterna en donde se pueda canalizar la rabia y la rebeldía, la protesta ante la imposición. Rompe, de esta manera, Liñán con los esquemas clásicos para fundir su insumisión bailando contra el muro indeleble de la herencia cultural a la vez que revisita la tradición desde una expresiva y acertada apuesta por un imaginario queer y disidente.”

Alejandro Coello Hernández

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