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Sinopsis: La vida de Urtaín. Boxeador convertido en el ídolo de un país. Símbolo de la última etapa del franquismo. Metáfora de un descenso a los infiernos que acabó con su ruina, olvido y suicidio.

Autoría: Juan Cavestany

Asesoría Literaria: Walter Scopherville (documentalista)

Dirección: Andrés Lima

Ayudante de Dirección: Celia León.

Producción: Animalario y Centro Dramático Nacional

Producción ejecutiva: Joseba Gil y Andrés Fernández

Distribución: Animalario

Compañía: Animalario

Reparto: Roberto Álamo, Raúl Arévalo, Luis Bermejo, Luis Callejo, María Morales, Alberto San Juan, Alfonso Lara, Estefanía de los Santos y Luz Valdenebro

Escenografía: Beatriz San Juan

Iluminación: Valentín Álvarez y Pedro Yagüe

Vestuario: Beatriz San Juan

Caracterización: M-up Sánchez

Música: Nick Powell

Fecha del Estreno: 24/09/2008

Teatro: Teatro Valle-Inclán

Sala: Francisco Nieva

Otros Espacios:

Duración: 100 min

Género: Drama

Premios: Premios Max edición XIII: mejor espectáculo, mejor autor teatral en castellano, mejor composición musical, mejor dirección escénica, mejor escenografía, mejor diseño de iluminación, mejor actor protagonista

Web Oficial: http://www.animalario.eu/shows/Urtain.html

GOLPES AL AIRE

Juan Ignacio Mortera

Alumno en prácticas Máster Teatro y AAEE

Una mañana de julio de 1992 se suicidaba en el barrio de El Pilar en Madrid una de las leyendas más significativas del deporte de nuestro país Urtaín. A partir de este trágico suceso, Animalario construye un espectáculo sustentado en tres elementos, la existencia humana, la historia sociológica y política de una época y la función del mito. Estos hilos se van hilvanando hasta formar un cuadrilátero de estados, emociones y sentimientos que el espectador observa sobrecogido como si cada gesto o palabra fuera un gancho de derecha que le deja noqueado. Hay mucho de boxeo en este espectáculo no sólo por la historia o por el cuadrilátero donde se desarrolla desde principio a fin, sino porqué tanto la dramaturgia como la dirección transitan por ese ritmo, lenguaje y sintaxis que constituye todo enfrentamiento pugilístico. A esto, se añade una peripecia conocida, combate a vida o muerte.

El espectáculo es rotundo. Parte de una composición fragmentaria y cinematográfica. Planos, secuencias, elipsis, encadenados, silencios, fundidos, suspensiones, etc, se utilizan con profusión en un homenaje al cine clásico y en una narración eficaz y muy identificable para un espectador contemporáneo habituado a estos modos de mirar. Sobre esa maraña fílmica aparecen los ingredientes de un teatro importante, lo poético, lo grotesco, lo absurdo, lo festivo, la farsa, el cabaré, el surrealismo y, como elemento principal, la interpretación coral de unos actores que demuestran una fuerza descomunal y una fe inquebrantable en lo que hacen. Trabajo técnicamente muy complicado al transitar por numerosos registros, pero siempre al servicio de la verdad y de lo coral. Como hito de todos ellos, destaca Roberto Álamo, cuya encarnación de Urtaín es excepcional no sólo en su composición física sino también por su dicción y por su corriente de pensamiento.

Respecto a los lenguajes utilizados, destaca el intenso uso de la iluminación para marcar las transiciones y generar una atmósfera inspirada totalmente en el directo de la contienda. Se evita el oscuro superponiendo transiciones radicales que subrayan esas evoluciones poéticas del espacio y del tiempo. La iluminación, con una factura expresionista, emplea como leitmotiv la cenital del cuadrilátero. Intensifica la estética del show con fuertes contras y uso de cañones. Esa fuerte manipulación de la puesta en escena también se consigue a través de la banda sonora y de los efectos. Estos poseen a menudo una fuerte carga poética y son fundamentales en la generación de atmósferas y estados de ánimo. Baste citar los gritos y los golpes cuando se reproducen los combates. El vestuario, incidiendo en el blanco y negro, apenas sufre modificaciones a lo largo de la obra. Caracteriza a los personajes y a las situaciones en las que se encuentran. Su estética viene dada, mayormente, por el mundo del boxeo. Urtaín utiliza siempre el calzón y uno de los personajes aparece en casi toda la pieza con un bikini top típico de las damas que anunciaban los distintos asaltos.

La estructura es casi episódica. Va desgranando y enunciando momentos de la vida del púgil desde el cuadrilátero. Ese espacio, lugar de la pelea, da unidad al conjunto, ya que los cuadros se desarrollan a partir de mínimos elementos o de ocupación espacial concreta. Por ejemplo, cuando los periodistas realizan su retransmisión al borde del ring. Esto genera un tratamiento específico del tiempo y del espacio al venir derivado de la sucesión de cuadros convertidos en una especie de secuencia fílmica. Estas se estructuran en un flashback que implica un diálogo permanente entre presente y pasado. Este tipo de estructuras puede operar en detrimento del ritmo, algo que aquí es manejado con precisión por la disposición escénica y dramatúrgica ideada por Andrés Lima.

En definitiva, Animalario ha convertido un mito actual, Urtaín, en materia trágica transformando un ring en una metáfora de lo que somos como sociedad y como país. Todo ello, con el aroma de los grandes espectáculos que marcan época ya que quedan unidos, en fondo y forma, a la memoria de los espectadores.

Miguel Ayanz, “El Huracán de Animalario”, La Razón.

Ignacio Ruiz Quintano, “De haber sabido que el franquismo era Urtain”, ABC

Raquel Vidales, “Urtain y otros hitos teatrales para leer”, El País.

Se evita el oscuro superponiendo transiciones radicales que subrayan esas evoluciones poéticas del espacio y del tiempo

Juan Ignacio Mortera

Alumno en prácticas Máster de Teatro y AAEE

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