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Sinopsis: El autor retoma el mito de Edipo y propone una nueva tragedia, el parricidio cometido por un adolescente, sobre el que quiere escribir un dramaturgo. Junto a este tema, el decurso del proceso artístico de la autoría teatral.

Autoría: Sergio Blanco

Dirección: Natalia Menéndez

Ayudante de Dirección: Pilar Valenciano

Producción: Salvador Collado

Ayudante de producción: Marta Gutiérrez-Abad

Producción ejecutiva: Marisa Lahoz

Reparto: Israel Elejalde y Pablo Espinosa

Escenografía: Alfonso Barajas

Iluminación: Juan Gómez Cornejo

Videoescena: Álvaro Luna y Bruno Praena

Vestuario: Alfonso Barajas

Fotografía: Vanessa Rábade

Fecha del Estreno: 22/11/2017

Teatro: Pavón

Duración: 1 hora 45 min.

Género: Tragedia

Web Oficial: Teatro Kamikaze

Entrevistas y reportajes:

EFE,El diario.es: “'Tebas Land' cura a Natalia Menéndez del 'frío' tras la muerte de Pepe Sancho”

Europa Press, La Vanguardia: “Sergio Blanco trae a España la tragedia 'Tebas Land', protagonizada por Israel Elejalde y Pablo Espinosa”

Emanuel Bremermann, Medio : “Título o 17 palabras”

Marta Echeverría, Hoy empieza todo. RNE: “Tebas Land, con Natalia Méndez”

Estudios Académicos: José Luis García Barrientos, Ars & Huminatas: “Miradas sobre Edipo en Tebas Land: de Sófocles a Sergio Blanco”

 

 

antunanoEl interés de un dramaturgo por escribir la historia de un joven parricida es el incidente desencadenante de esta obra donde conviven dos temas el proceso de escritura y la historia del homicidio. Junto a estas dos historias, una tercera menos desarrollada, la interpretación, ya que las autoridades impiden que sea el propio criminal quien se interprete a sí mismo en el teatro y debe buscarse a un joven actor de parecidas características. El motivo del parricidio es el insulto del padre al hijo (maricona), porque este se prostituye para obtener recursos; un asesinato realizado en frío con un tenedor y la entrega casi 24 horas después del joven a la policía. La motivación, el desencadenante, la estancia en prisión y el tratamiento médico, que se cuenta de manera fragmentaria: son los datos que el chico le proporciona al escritor para que escriba su obra dramática. Se trata de una historia fuerte en la que la violencia del padre con el chico y la madre ocasiona la marginación social, deterioro psíquico y el desapego hacia el padre (la madre ha muerto de un cáncer). El interés de esta historia radica en la hábil dosificación de Sergio Blanco para ofrecer datos incompletos y crear curiosidad al público, aunque en esta cuestión la labor de la directora juega un papel decisivo. La historia de la creación artística es menos interesante: la obra en su proceso de escritura y las capas culturales que el dramaturgo arroja sobre el parricidio (el mito de Edipo) es más tópico, tiene un carácter instrumental y, en ocasiones, se escucha algo artificiosa. En este contexto es esperable la identificación entre protagonista y escritor que se va produciendo conforme la historia avanza, con los interrogantes que le plantea el chico (el ente de ficción) al escritor acerca de las relaciones con el padre, la religiosidad y la homosexualidad. El dramaturgo pasa de la autosuficiencia a tambalearse en sus percepciones: un arco de personaje muy interesante, resaltado en su evolución con fortuna por la directora. Quizá Blanco debería haber profundizado más en las relaciones que establece entre el parricidio y la tragedia griega, apuntado y que queda algo anecdótico. No se trata de un problema de extensión sino de concentración y elección de sucesos.

De cualquier manera, la historia del parricidio es poderosa y atractiva para el público, como la transformación del dramaturgo. En ellas se apoya la directora para construir su puesta en escena, que atesora muchos aciertos. Uno de ellos, la capacidad para narrar e interesar a través de la palabra por cuanto ocurre sobre el escenario. Las partes más planas del texto los resuelve con recursos escénicos, con la creación de un clima de expectativa en la historia principal y proponiendo esas preguntas que quedarán abiertas, las que el dramaturgo se plantea acerca de su identidad, que son trasladables a los espectadores. Los dos actores están bien dirigidos: acertado el desdoblamiento del dramaturgo (Elejalde) al que consigue sacar de sus clichés interpretativos, cuestión nada fácil con este actor que brilla cuando se deja moldear por los directores, y sacando el máximo partido a un joven actor, quizá, en su primera obra con un papel principal. El tempo está muy bien medido y las variaciones del mismo realizadas con tino, para que la progresión y el interés no decaigan. Por otra parte, consigue que ambos actores interpreten con verdad, sin artificios, ni tirando de oficio, y que no se perciba un excesivo desequilibrio en una pareja de actores que comparten escenario durante toda la función.

El espacio escénico reproduce una cárcel, con una valla metálica que acota el espacio. En el interior una cesta de baloncesto, una mesa y un banco, en un planteamiento escenográfico que rompe la ilusión, pero que no extrañan. Al fondo se proyectan unas imágenes, unas grabadas en directo con otras que reproducen fotografías del crimen o bien son figuraciones que pasan por la cabeza del chico. En resumen historia que, con su poder, eclipsa algunos problemas textuales de coherencia interna del relato.

José Gabriel López Antuñano

ARES – UNIR

 

El Pavón/Teatro Kamikaze es uno de los teatros de moda en Madrid, y no es de extrañar. Se trata de un modelo de producción privado que mima al espectador y que está destinado al éxito si siguen por esta vía. Para muestra un botón, sistemáticamente uno de los cuatros kamikazes (Miguel del Arco, Israel Elejalde, Aitor Tejada, o Jordi Buxó) saluda al público y le da la bienvenida, le explica algunos detalles de la obra a ver, promociona la línea del teatro e intenta crear una escuela de público.

Hasta hace muy poco pudimos disfrutar de Tebas Land, una interesante puesta a punto del modelo trágico clásico griego por el autor franco uruguayo Sergio Blanco, con dirección de Natalia Menéndez e interpretación de Israel Elejalde y Pablo Espinosa.

La obra está dividida en cuatro actos y un epílogo, a partir de terminología baloncestística de cuatro cuartos y una prórroga. En la misma, Blanco desarrolla una historia con visos de realidad sobre un autor, llamado S (con una clara referencia a los personajes de Kafka) y el parricida, denominado Martín, en un abierto y explícito homenaje al Santo Martín de Tours. El texto original de Blanco oscila entre formas contemporáneas de tragedia, en la que la mimesis y la identificación con el personaje no es directa, con lo mejor del melodrama contemporáneo. En puridad, la obra no es en sí una tragedia, puesto que, al menos, no trabaja con la catarsis y con el clímax en términos emotivos. No obstante, el texto sí que contiene múltiples referencias a tragedias clásicas, empezando por el Edipo del título, y a textos decimonónicos sobre el parricidio, como Los hermanos Karamazov.

Uno de los aspectos más interesante de la obra es su formulación in fieri, casi performática. Al igual que el Edipo de Edipo, rey de Sófocles actúa como un detective que descubre muy a su pesar su parricidio (asunto evocado al principio de la obra), S y Martín muestran delante de los ojos del espectador el proceso por el cual uno se puede convertir en parricida. El análisis es minucioso y hace uso de la problemática de la mímesis, aspecto fundamental en la construcción de la historia trágica: el personaje del parricida no es, como en el teatro documento, un “experto” que nos habla de su propia experiencia, sino un actor que la representa; las imágenes fotográficas de la reconstrucción de los hechos no pueden ser las reales, incluso se juega con la ruptura de la ilusión del espacio escénico que puede representar una cancha de baloncesto de una cárcel o la cocina donde tuvo lugar el asesinato por el desarrollo del espacio teatral. La complejidad de esta trama, aunque me resulta, como he mencionado, muy interesante, podría en ocasiones alejar del teatro a algunos tipos de públicos, sobre todo, el más juvenil. Se trata, claro, de un autor virtuoso y erudito, un artista con conciencia de tal y que busca un público que guste reconocer esas mismas referencias. La dirección es sobria y muy correcta. Además Menéndez hace uso de múltiples técnicas escénicas: videoarte, grabaciones en directo, fotografías, grabaciones en off. Israel Elejalde está, como casi siempre, fantástico y el joven actor Pablo Espinosa le da bien la réplica.

Se trata, en resumen, de una obra muy destacable que vuelve a una de las grandes preguntas del teatro contemporáneo: la vigencia de la tragedia, la cual se reafirma más como modelo intelectual que como modelo afectivo.

Julio Vélez Sainz

SET – ITEM

Rocío García, El País: “El mito de Edipo entre las rejas de una prisión”

Fátima Elidrissi, El Mundo: “La inquietante tragedia de matar al padre en la obra Tebas Land

Raúl Losánez, La Razón: “Tebas Land: Falsas verdades y ciertas mentiras”

José Miguel Vila, Diario Crítico: “Tebas Land: en el filo del amor y la muerte”

Antonio Illán Illán, Diario 16: “Tebas Land: La fascinación de una tragedia

Antonio Hernández Nieto, Huffington Post: “Tebas Land, o cómo hacer hoy lo de siempre”

Juan Ignacio García Garzón, ABC: “Natalia Menéndez sostiene el pulso con inteligente sobriedad, sin aspavientos de firma”

Ángel Esteban Monje, Kritilo: “Posee destellos de buen hacer que sorprenderán a ese respetable que aún no está ahíto de metateatro”

Rosa Llanos, La Escena: “Un verdadero tratado del hecho teatral y de la vida”

Antonio Castro, Madrid Diario: “Una de las mejores opciones teatrales de esta primera parte de la temporada”

Aldo Ruíz, El Teatrero: “Pablo Espinosa se convierte en la gran sensación de este montaje”

Estrella Savirón, A golpe de efecto: “Una propuesta interesante, inteligente y ágil”

Miguel Gabaldón, Notodo.com: “Altamente recomendable, uno de esos espectáculos sólidos e inteligentes a los que el Kamikaze nos viene (mal)acostumbrando”

Un verdadero tratado del hecho teatral y de la vida.

Rosa Llanos

La Escena

Altamente recomendable, uno de esos espectáculos sólidos e inteligentes a los que el Kamikaze nos viene (mal)acostumbrando

Miguel Gabaldón

Notodo.com

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