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Sinopsis: Partiendo de Los sueños, algunos poemas y diversos fragmentos de la vida y obra de Francisco de Quevedo, el espectáculo recrea las alucinaciones que sufriría el autor en el lecho de muerte, su visión más lúcida, sarcástica y amarga de la realidad del siglo XVII y de la decadencia del imperio español.

Dramaturgia: Gerardo Vera

Autoría: Francisco de Quevedo

Versión: José Luis Collado

Dirección: Gerardo Vera

Producción: CNTC, La Llave Maestra, Traspasos Kultur

Reparto: Juan Echanove, Óscar de la Fuente, Markos Marín, Antonia Paso, Lucía Quintana, Marta Ribera, Chema Ruiz, Ferran Vilajosana, Eugenio Villota, Abel Vitón

Escenografía: Alejandro Andújar, Gerardo Vera

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Movimiento: Eduardo Torroja

Videoescena: Álvaro Luna

Vestuario: Alejandro Andújar

Fecha del Estreno: 7 de Abril de 2017

Teatro: Teatro de la Comedia

Sala: Sala Principal

Duración: 1 hora y 50 minutos

Género: Drama

Web Oficial: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Entrevistas y reportajes:

José Luis Romo, El Mundo: “Echanove: 'Quevedo fue un hombre de bajos fondos y altos vuelos'”

José Luis Romo, Metrópoli: “Juan Echanove: 'Quevedo es amor desbocado y dolor mortal'”

Revista Teatros: “Es un montaje muy comprometido con la realidad, con lo social, con lo poético, con el amor”

Blanco es el infierno, proclama en los que podrían haber sido los últimos momentos de su vida un desatado Francisco de Quevedo, el más sarcástico, corrosivo y al mismo tiempo lúcido crítico de la corrupción y los excesos de la época que le tocó vivir, con el desmoronamiento del imperio español y toda una concepción de la existencia en crisis como telón de fondo. Un Quevedo entre la vida y la muerte, la luz y las sombras, la realidad y lo fantasmagórico, capaz de turbar y perturbar la mente del espectador a cada paso, y volver a dejar en él su deformante y deforme huella.

Como punto de partida, Gerardo Vera trató de subrayar cómo desde el propio centro del país se instigó a Quevedo a autocensurarse, de tal suerte que, a pesar de algunas menciones a personajes concretos, quiso que en sus Sueños acabase predominando lo alegórico, la alusión indirecta, la fatalidad de lo humano vista desde la distancia de quien se siente fuera del tablero, en los albores de un nuevo amanecer, al otro lado de la ribera. Porque el Quevedo que subió al escenario del Teatro de la Comedia no fue otro que el que proclamaba la presencia de su muerte, el viejo que recordaba con regocijo y mordacidad su texto escrito dos décadas antes, que divagaba, más lúcido o más enajenado, ora con rabia, ora con intenso lirismo y ternura. Y para ello, Vera aprovechó no solo su prosa filosófica, zaheridora, barroca, sino también su brillante y conmovedora obra poética, así como retazos significativos de su biografía, hasta formar una compleja y completa constelación de imágenes oníricas, tanto verbales, como humanas e incluso virtuales, del más puro gusto quevedesco.

Con un Juan Echenove magistral, que encarnó al protagonista con absoluta maestría de principio a fin, en quien no obstante pesaba más el desfallecimiento que lo abrasivo, y un magnífico acompañamiento, en el que cada actor estuvo impecable, el montaje rezumó humanidad, compasión y burla, a partes iguales.

La escenografía fue minimalista, como en tantas ocasiones ha ocurrido en los montajes que hemos podido ver en este espacio escénico a lo largo de la temporada, acertada en este caso en el uso de los palés, que formaban un rectángulo que funcionaba a modo de círculo infranqueable, con todas las connotaciones claustrofóbicas que pudieran derivarse, al tiempo que galería profunda de la mente humana, esa región insondable del cerebro donde el ingenio y el juicio, o su falta, circulan, aquí sí, con total libertad; pero también como frontera entre ambos mundos, infierno y Tierra, sueño y realidad, que solo en ocasiones se abría para dejar paso a los trasvases. Un acertado vestuario, grotesco y claro, con algún oscuro contrapunto. Y una iluminación correcta, que permitía una conjunción perfecta entre las imágenes proyectadas en el vídeo y la acción dramática desarrollada en la escena. Un espectáculo, en su conjunto, que cumplió su función a la perfección, la de recordar al espectador, a través de una obra española y universal del siglo XVII, el carácter atávico de la realidad de nuestro siglo XXI.

Miguel Ángel Jiménez Aguilar

SELITEN@T – UNED

Julio Bravo, ABC: «Juan Echánove vuelve a encarnar a Quevedo en Sueños»

Alberto Ojeda, El Cultural: «Quevedo, en la pesadilla de la España hundida»

Liz Perales, El Cultural: «Echanove y Vera unidos por la audacia de escenificar a Quevedo»

Gema Fernández, Prográmate: «Viaje a los infiernos de Quevedo»

José Catalán Deus, Periodista Digital: «Bajo la brillantez formal, confusión dramática y desacierto interpretativo»

Echanove y Vera unidos por la audacia de escenificar a Quevedo

Liz Perales

El Cultural

Viaje a los infiernos de Quevedo

Gema Fernández

Prográmate

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