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Sinopsis: Sally, Vi y Lena charlan sentadas en el jardín mientras toman el té. La señora Jarrett viene de la calle y se añade a la reunión. Las cuatro han hecho o rayan los setenta. Hablan hasta que señora Jarret toma la palabra y les habla de unos hechos apocalípticos. El patrón de conversación se repite y se repite hasta desembocar en las confesiones más íntimas y los miedos de cada una.

Dramaturgia: Caryl Churchill

Traducción: Sadurní Vergés

Dirección: Magda Puyo

Ayudante de Dirección: Sadurní Vergés

Producción: Teatre Lliure, Temporada Alta 2021, Josep Domenech

Producción ejecutiva: Marta Colell

Distribución: Bitò

Reparto: Muntsa Alcañiz, Lurdes Barba, Inma Colomer, Vicky Peña

Escenografía: Pep Duran

Iluminación: Cube.ez

Vestuario: Nina Pawlowsky

Música: Clara Peya

Espacio Sonoro: Jordi Orriols

Fotografía: Pere Capell

Fecha del Estreno: 23/06/2022

Teatro: Teatro de la Abadía

Sala: Juan de la Cruz

Duración: 65

Género: Tragicomedia

Crítica teatral de Solo yo escapé

José Gabriel López Antuñano (Instituto del Teatro de Madrid)

En una época con carteleras plagadas de teatro banal, de usar, muchas veces con harto aburrimiento, y tirar/olvidar a los pocos minutos, encontrar un espectáculo que inquieta desde el primer minuto, impacta, conecta con las preocupaciones de los espectadores y obliga a la reflexión, una vez concluido, constituye una satisfacción. Tres señoras de más de setenta años hablan (parlotean porque sus palabras en voz alta no parecen escucharse entre sí, lo que ya es un índice sobre la incomunicación de la sociedad contemporánea) de algunos temas que les ocupan, hasta que llega una cuarta -al poco de comenzar- que interrumpe con parlamentos apocalípticos, que conectan con situaciones o preocupaciones contemporáneas (epidemias, desastres ecológicos, problemas sociales, destrucción del planeta, soledad y muerte). Se incorpora a la cháchara del té, pero en el escenario se crean dos esferas: las de las tres mujeres que continúan con su obsesivo hilo narrativo y la de la cuarta, que interrumpe los soliloquios con sus espantosas consideraciones.

Se escuchan las cuatro voces, muy diferenciadas entre sí, sin que existan personajes que sustenten el habla y la diversidad problemas propuestos. Las mujeres no se escuchan, pero las visiones de la vida o los universos que les encierran, particulares, creíbles y limitados, están tan distantes que surgen los conflictos teatrales, que se acentúan con las aterradoras consideraciones de la cuarta mujer. Comparten sus obsesiones: una ha destrozado su vida al matar accidentalmente al marido; otra, perfeccionista, puritana, cumplidora y amiga de la corrección política, permanece atenazada por las normas; una tercera con pensamientos negros a consecuencia de trastornos psíquicos irrumpe con sus consideraciones enfermizas. Estas obsesivas reflexiones se entremezclan con temas intrascendentes y cotidianos. Los parlamentos se cruzan; se formulan con un gran concentración y síntesis; se interrumpen; se vuelven a retomar: no pretenden convencer, ni proponer una teoría, simplemente muestran el desquiciamiento de tres mujeres a causa de la sociedad que habitan, aunque esta denuncia no se formula. El contrapunto del mundo sin salida ni recorrido trascendente limita las consideraciones y propone un sereno agotamiento acongojado de la existencia humana: ¿desde dónde? ¿por cuánto tiempo? y ¿hacia dónde? son preguntas planteadas y sin respuesta. El humor y la ternura, edulcora estas consideraciones de calado.

Un largo muro en el fondo del escenario, acotando el especio escénico es la tapia del jardín, pero también por su altura y color oscuro, signo de ese cul de sac que habitan las mujeres y del que no pueden salir, aunque sí evadirse cuando disfrutan tomando el sol, cantando canciones de su juventud o realizan otras acciones que les liberan de la opresión. La iluminación matiza, separa esas dos esferas referidas y crea una atmosfera íntima y apropiada, que acompaña las confidencia y las advertencias futuras.

La directora confía en la capacidad interpretativa de cuatro veteranas y contrastadas actrices, a las que dirige y pide contención. Están las cuatro en el mismo estilo interpretativo, lo que es muy de agradecer, cuando se acostumbra a que cada intérprete “tire de oficio”. Se percibe un importante trabajo de armonización. Comprende bien el texto, complejo en su escritura, y cuida la dicción reposada y natural de las cuatro. Marca algunos movimientos, los imprescindibles para mantener viva la escenificación y mantiene un tempo-ritmo sereno, con ligeras variaciones de ritmo a tenor de la organicidad de las intérpretes.

José-Miguel Vila, «Crítica de la obra de teatro «Solo yo escapé»: miedos cotidianos», diariocrítico.com

Juan Beltrán, «»Sólo yo escapé»: Cuando a los 70 todavía hay mucho que decir», La razón.

@Mario_CJMadrid, «Solo yo escapé, crítica teatral», traslamáscara.com

Ángel Esteban Monje, «Solo yo escapé», kritilo.com

Marcos Ordóñez, «Todas tienen, como mínimo, 70 años», Babelia, El País.

 

«En una época con carteleras plagadas de teatro banal, de usar, muchas veces con harto aburrimiento, y tirar/olvidar a los pocos minutos, encontrar un espectáculo que inquieta desde el primer minuto, impacta, conecta con las preocupaciones de los espectadores y obliga a la reflexión, una vez concluido, constituye una satisfacción.»

José Gabriel López Antuñano

Instituto del Teatro de Madrid

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