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Sinopsis: Segismunda 2016 es un monólogo en un acto, inspirado en La vida es Sueño de Pedro Calderón de la Barca, para los que acuñaron su nombre con mucho dolor. Segismunda 2016 surge de las palabras de Segismundo como resorte y es un texto escrito desde el dolor, desde el final de la tragedia y no desde su inicio. Segismundo es Segismunda trans que nos habla de su tragedia; de la ausencia de libertades y de la barbarie del hombre con el hombre que decide vivir su libertad individual en voz alta y exigiendo aceptación. Los muros de esta cárcel están construidos por la sociedad en la que vive, su intento de salir de la prisión y vivir en libertad según su criterio es tomado con desprecio, señalado y ajusticiado por todos.

Dramaturgia: Claudia Tobo

Autoría: Claudia Tobo

Dirección: Claudia Tobo

Ayudante de Dirección: Enrique Corrales

Producción: La máquina poética

Reparto: Daniel Teba, Chechu Zeta.

Escenografía: Ana Montes

Iluminación: David Roldán Oru

Movimiento: Enrique Corrales

Vestuario: Ana Montes

Espacio Sonoro: Germán Collado

Fecha del Estreno: 24/06/2017

Sala: Nave 73

Duración: 90 min

Género: Tragedia

 

 

Apenas dos actores fueron suficientes para llenar un escenario dispuesto a dar voz a una Segismunda construida a sí misma a partir del deseo y el dolor. Una voz que le canta desde la raíz misma del flamenco y un reclinatorio para contarnos su historia: una historia de esperanza preñada de angustia y ternura. La escasez ornamental en la escenografía -apenas compuesta por la presencia de los dos actores- le daba aún más fuerza al monólogo de Segismunda. Son dos voces que se encuentran sobre un escenario vacío y pueblan el silencio aunando el desgarrado grito del flamenco con el dolor callado de Segismunda. Probablemente nada exprese mejor los anhelos y el sufrimiento de Segismunda que el flamenco cantado con hondura. Capitana de todas las “mujeres hechas a sí mismas” Segismunda nos confunde con su grave y a la vez dulce voz y nos arranca del sueño. Ella no vive en un sueño ni la vida es sueño para Segismunda, ella vive con las plantas de los pies enraizadas en el cemento y la cabeza soñando siempre con la futura sonrisa, con la futura ilusión. Su testimonio es el de tantas otras, el de muchas, el de demasiadas si tenemos en cuenta lo amargo de sus palabras.

Con una propuesta estética sublime para tratarse de un espacio tan vacío y un elenco de solo dos actores, la obra se va desgranando con una agilidad sorprendente para tratarse de un monólogo. Asimismo, el espacio sonoro, en perfecta comunión con el vestuario -ambos acertadísimos- completaban la ya de por sí redonda puesta en escena.

La intimidad que generaba la dicción del actor encargado de dar vida a Segismunda, con ese tono aterciopelado, conducía a los espectadores por su historia como si les cogiese de la mano y los llevase directos a lo más hondo de su desgarro.

La incursión en determinados momentos clave del texto de Calderón de la Barca resultaba acertadísima y aportaba sentido al conjunto equilibrado de la obra. Merece mucho la pena escuchar a esta Segismunda, pues nos habla a todos directamente y tiene un mensaje que a todos nos interesa.

 

José Ramón Sánchez-Pujante y Fernández, ITEM

 

 

Julio Castro, La República Cultural, “Segismunda de piedra y fuego”

 

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