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Sinopsis: SAVE THE F***ING RABBITS es una pieza distópica de teatro posdramático que plantea al espectador un debate político y filosófico acerca de la sociedad de consumo y las estructuras jerarquizadas imperantes en cualquier sistema colectivo. Sirviéndose de paralelismos entre lo humano y lo animal, la pieza aborda cuestiones relativas a la insatisfacción crónica como secuela de las expectativas y los deseos inalcanzables, el amor y las relaciones o el valor de la vida.

Dramaturgia: Pablo Velasco, Camila Vecco

Autoría: Pablo Velasco

Dirección: Pablo Velasco

Ayudante de Dirección: Po Ruiz

Producción: Ángela Aguilar

Reparto: Pablo Velasco, Po Ruiz, Antonella Bessone

Escenografía: Pablo Velasco, Po Ruiz, Ángela Aguilar, Pietro Chiera

Iluminación: Pablo Velasco, Corina Bustamante

Espacio Sonoro: Ale Iodice, Pablo Velasco

Diseño del Cartel: Pietro Chiera

Fotografía: Fanzinefilms

Vídeo Promocional: Fanzinefilms

Fecha del Estreno: 29 de mayo de 2022

Teatro: Teatro Pradillo

Duración: 60 min

Género: Artes vivas

Web Oficial: https://www.instagram.com/savethefuckingrabbits/?hl=es

 

Ring ring
Crítica teatral de SAVE THE F***ING RABBITS

Candela Caballero.
Máster de Teatro y Artes escénicas UCM

SAVE THE F***ING RABBITS (SAVE THE FUCKING RABBITS) está dentro de la última muestra de procesos inconclusos que organiza Espacio DT. Este año se han mostrado algunos trabajos de los participantes de la compañía El Curro DT, de forma independiente a esta dentro del marco +25, una iniciativa por formar un equipo de creadores dentro de la comunidad de teatros alternativos.

Esta pieza representada en el consagrado Teatro Pradillo, tiene la autoría de un novelísimo Pablo Velasco formado en la Escuela Cuarta Pared, que ya ha recorrido salas como Naves del Matadero, Cuarta Pared y  El Umbral de la Primavera.

Tras dos años cosechando esta idea, Velasco arma un discurso alrededor de la fina línea que separa al animal del ser humano, polemizándolo a través de un espacio y unos personajes de identidad cuestionable.

El espacio es una madriguera, una madriguera con un sofá, una alfombra y una televisión. En el sofá, dos conejos: Conejo 1 y Conejo 2. Estos números crean cierta distancia y apoya la generalización de la identidad. Los conejos, interpretado por Pablo Velasco y Po Ruiz están personificados por su propio cuerpo humano, es decir, no se ha pretendido en ningún momento acercarse al realismo, están enmascarados bajo unas largas orejas, vestidos con ropa interior blanca. Esta pieza, nos remite al teatro del absurdo. Prueba de ello también está en los diálogos, que son proyectados en una pantalla inferior, delante de escena, a modo de subtítulos y de narrador. Los conejos no usan palabras, los diálogos son banales y picados. Tampoco existe un tema concreto alrededor del cuál reflexionan, simplemente son dos personajes beckettianos que están en un mismo lugar. No sabemos cuánto tiempo llevan ahí ni cuánto tiempo estarán. Viven dentro de una madriguera y su única fuente de información externa es la televisión. ¿Acaso saben que eso que ven en la tele, sucede en la superficie?

De repente suena un teléfono, es un sonido nuevo que irrumpe su fisicidad provocándoles temblores y una nueva curiosidad ¿de dónde proviene el ruido y qué habrá al otro lado?

La pieza es una suma de escenas que bien podrían funcionar de forma independiente. Cada una tiene un formato diferente, unas veces gag, otras performance. El ritmo en escena es lento en general recreándose en imágenes potentes acompañadas por una increíble apuesta lumínica. Esto gana más peso si hablamos de que a lo largo de toda la pieza, el espacio está inundado de una nube que emerge de las entrañas del sofá. La banda sonora musical es tan distorsionada que casi podría ser alienígena.

En suma es una pieza contemplativa con potentes imágenes y un uso de la luz y el sonido de bastante calidad, acompañado por un texto introspectivo, fuera del gag, sobre las cosas que se piensan y no se dicen. Rompe los tabúes del sexo objetando el consumo que se hace de él, manda también un mensaje anticapitalista, y de paso, pone sobre la mesa la farsa de una sociedad correcta.

No hay que olvidar que es una pieza inconclusa que aún le queda trabajo, pero que ya se presenta novedosa.

«Es una pieza contemplativa con potentes imágenes y un uso de la luz y el sonido de bastante calidad, acompañado por un texto introspectivo, fuera del gag, sobre las cosas que se piensan y no se dicen.»

Candela Caballero

Máster Teatro y Artes escénicas UCM

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