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Sinopsis: El Proyecto Ronejo fue creado por el gobierno junto con varias multinacionales, para hacer que sigamos consumiendo allí donde nadie pudo llegar. Eduardo Martín Felguera descubre un día que tiene un pequeño conejo miniaturizado dentro de la cabeza que le envía publicidad mientras duerme. El conejo le informa que tiene tres días para destruir todo el sistema, pues el nuevo virus mundial que está por llegar hará que los conejos sean sustituidos por chips y controlados por máquinas.

Autoría: Rulo Pardo

Dirección: seXpeare

Ayudante de Dirección: Miguel Herrera 

Producción ejecutiva: Manuel Sánchez (Sanra)

Distribución: Amadeo Vañó y Cámara Blanca

Reparto: Rulo Pardo, Carmen Ruiz, Felipe G. Vélez y Juan Vinuesa

Escenografía: Arte y Ficción

Iluminación: Mariano Zabale

Efectos especiales: (Dibujos) Jorge González

Vestuario: Jara Venegas

Maquillaje: Patricia Valdeande

Música: Mariano Marín

Teatro: María Díaz

Sala: San Juan de la Cruz

Duración: 80 minutos

Crítica teatral de Ronejo

José Gabriel López Antuñano

Un hombre percibe que algo no funciona en su cabeza y descubre que es un conejo, que artificialmente le han inoculado en su mente (antes de comenzar el espectáculo una voz en off aclara que el texto ha sido escrito antes de comenzar el confinamiento del COVID19, para evitar interpretaciones negacionistas). En la era de la informática, de los experimentos de manipulación genética e inteligencia artificial parece que esta hipótesis puede ser posible. La propuesta no reflexiona sobre las consecuencias, sino sobre los cambios de conducta que experimenta, en relación con las personas de su entorno. En realidad, la manipulación y los trastornos de personalidad son un pretexto para enhebrar una serie de escenas (sketch más bien) en las que el protagonista se relaciona anómalamente con su pareja y otros compañeros.

Los diálogos, algunos son chispeantes con algunos gags hilarantes y los más anodinos con respuestas esperables; estos se acompañan de numerosos efectos cómicos visuales, expresivos unos, sorpresivos otros, pero poco novedosos. En este código los actores desarrollan un buen trabajo. El espacio escénico se compone de dos ambientes, una habitación abuhardillada y una plataforma ascendente desde cuyo punto más elevado el hombre muestra la perplejidad por su estado e intenta reflexionar sobre lo que le ocurre. Entre ambos módulos un espacio vacío que, en ocasiones, ocupa una tela, una camilla, etcétera: un mero nexo de unión para justificar la correlación de escenas.

José Gabriel López Antuñano

 

Crítica teatral de Ronejo

Charlotte Ruiz 

Una típica fantasía de conspiración, cargada de humor y crítica social, se convierte en una
comedia existencial. Ronejo cuenta la historia de Eduardo, un hombre que se ve atormentado
por un conejo en miniatura que vive en su cabeza y le habla del fin del mundo. El hecho de que habite en su neocortex es fruto de un experimento del doctor Arthur Wood, hombre obsesionado con el poder y las máquinas, y con convertir a los humanos en robots que planea alienar a la humanidad a través de una vacuna. Eduardo, de hecho, estaría siendo controlado a través del sueño, hay publicidad de marcas como el Banco Santander o Timberland en su cabeza mientras sueña. Paralelamente a esta historia, se narra la historia de amor imposible entre Eduardo y Mery, una hacker profesional que trabaja para una empresa de fármacos incentivando a la gente, a través de mensajes subliminales en internet, a consumir antidepresivos.
A lo largo de la obra, se hace crítica social en varios niveles: de las máquinas y de las empresas farmacéuticas, sino que también se critican las marcas y los senadores. Esto es interesante pero al abordar tantos temas se quedan un poco en superficie y no se ahonda realmenter en algún aspecto por lo cual se pierde el mensaje. En esto tampoco contribuye el toque de humor, que resta en ocasiones a la historia hasta hacerla poco creíble y no entender si se busca criticar aspectos sociales o las propias historias “conspiranoicas” en sí. El humor hace poco favor en este aspecto ya que se recurre tanto a él que crea confusión en el mensaje de la obra. Aparte de esto, es un humor particular para un público específico y familiarizado con el código. Por estas razones, a veces parece que se está asistiendo a escenas de sketch televiso más que a una obra con un conflicto definido que lleva a una reflexión. A parte de esta dispersión se da otra en el hilo de la historia, que se pierde por momentos (por ejemplo, al narrar la historia de Eduardo y Mery) y hace que por momentos sea difícil sostener la atención, no aportando realmente cosas de gran relevancia para la trama de la obra.
Al ver la obra, pareciera que uno está leyendo una cómic, estilo que se logra a través del vestuario de los personajes, así como el resto de caracterización (peluquería, accesorios) y los movimientos corporales y reacciones a los estímulos que van recibiendo los personajes (gestos, voces cómicas, etc.).

La escenografía también aporta a esta ilusión de estar dentro de un cómic, resaltando el falso decorado de rascacielos y puente y el cuarto de Mery, que es un cubículo que aparece representado con gran detalle y pinturas en las paredes. Esto da un toque interesante a la obra y la escenografía también permite cambios de espacio rápidos y ágiles. Lo que es una pena es que los dos espacios principales de la obra tienen mucha información cada uno, lo que hace que haya demasiada carga visual por momentos.
Son aciertos el espacio sonoro y lumínico utilizados. El espacio sonoro ayuda a crear suspense y a las transiciones, y se utilizan temas musicales famosos de la movida que aportan humor. Hay muchas fuentes de luz: focos, neones colocados en el escenario, el propio ordenador portátil de Mery, linternas. Y dentro de estas fuentes lumínicas se hace uso de diferentes colores: rojo,
azul, violeta, verde. Son luces bastante duras en la mayoría de la representación. Esto potencia la atmósfera de ciencia ficción y novela gráfica logrando un efecto envolvente.
El estilo de actuación es cómico, se busca la risa y vienen momentos coreografiados que causan gracias y ritmo. Se incluyen chistes adaptados al espectador, incluyendo a este y apelando directamente a los presentes en el patio de butacas. Se menciona que se está en el Teatro de la Abadía y se comentan las reacciones de los espectadores, Mery, por ejemplo, dice
que el público está siendo soso. No se ven personajes en conflicto, más bien se ilustra lo que le pasa al personaje durante la historia, pero no hay momento a momento, lo que a veces empobrece la espontaneidad y organicidad del momento quedando las acciones un poco forzadas o inconexas con la trama de la obra. Por eso a veces da la impresión, como se ha mencionado previamente, de ser un sketch o una serie de pedazos cómicos yuxtapuestos para suscitar la risa.
El todo se hace ameno aunque a veces se pierde la atención por la dispersión creada por los temas y la mezcla con el humor. No se llega a entender del todo bien el final de la historia o la función de algunas escenas en el total de la representación. Es una obra con humor para pasar un buen momento pero no profundiza realmente en un conflicto o tema que lleve a la reflexión o que cree un impacto en el espectador.

Antonio Hernández Nieto, “Ronejo y la movida teatral del siglo XXI” Huffington Post

“Los diálogos, algunos son chispeantes con algunos gags hilarantes y los más anodinos con respuestas esperables; estos se acompañan de numerosos efectos cómicos visuales, expresivos unos, sorpresivos otros, pero poco novedosos. En este código los actores desarrollan un buen trabajo.”

Jose Gabriel López Antuñano

“Hay muchas fuentes de luz: focos, neones colocados en el escenario, el propio ordenador portátil de Mery, linternas. Y dentro de estas fuentes lumínicas se hace uso de diferentes colores: rojo,
azul, violeta, verde. Son luces bastante duras en la mayoría de la representación. Esto potencia la atmósfera de ciencia ficción y novela gráfica logrando un efecto envolvente.”

Charlotte Ruiz

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