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Sinopsis: Ricardo, hermano del rey Eduardo IV, llevado de su índole perversa producida por su inferioridad física, va eliminando a todos los que se oponen a su ascenso a la corona. Una vez coronado rey de Inglaterra, su carácter tiránico le enfrenta a la rebelión de parte de la nobleza, que acaba venciéndolo y matándolo en la batalla de Bosworth.

Autoría: William Shakespeare

Versión: Yolanda Pallín

Dirección: Eduardo Vasco

Ayudante de Dirección: Fran Guinot y Miguel Santos

Producción: Noviembre Teatro

Producción ejecutiva: Miguel Ángel Alcántara

Compañía: Noviembre

Reparto: Arturo Querejeta, Charo Amador, Fernando Sendino, Isabel Rodes, Rafael Ortiz, Cristina Adúa, Antonio de cos, José Luis Massó, José Vicente Ramos, Jorge Bedoya, Guillermo Serrano

Escenografía: Carolina González

Construcción de Escenografía: Mambo decorados, Sfumato, Peroni

Iluminación: Miguel Ángel Camacho

Vestuario: Lorenzo Caprile Hnos. Menor (Hnos. Menor) Medrano (Sombrerería)

Ayudante de Vestuario: Cristina Rosales

Realización de Vestuario: Lorenzo Caprile

Maquillaje: Sara Álvarez

Peluquería: Sara Álvarez

Música: Leo Janacek y Eduardo Vasco

Fotografía: Chicho

Vídeo Promocional: El hombre ola

Fecha del Estreno: 1 de diciembre de 2016. Estrenada anteriormente fuera de Madrid.

Teatro: Teatro Español

Duración: Una hora y 40 minutos

Género: Drama histórico

Web Oficial: http://teatroespanol.es/413/ricardo-iii/

Entrevistas y reportajes:

 

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Ricardo III ha sido reconocida como una de las obras mayores de Shakespeare al menos desde que fuera recuperada por David Garrik a mediados del siglo XVIII. El carácter de Ricardo, uno de los malvados más acabados del teatro de todos los tiempos, suponía un escollo difícil de superar para la teoría clásica, de rígida observancia aristotélica, ya que no responde al modelo propuesto como ideal para la tragedia, el hombre de linaje ilustre, de grandes cualidades, pero que comete un error trágico que lo llevará a la perdición. Frente a este personaje ideal, Ricardo es un compendio de maldad: su alto linaje no se traduce en actitudes nobles, en generosidad o en grandeza de ánimo. Es perverso, ambicioso, violento, sanguinario, todo ello con plena conciencia de serlo. Por si fuera poco, se muestra como un redomado hipócrita, capaz de decir las palabras más bellas con la retórica más convincente mientras maquina los peores crímenes. De ahí la fascinación que ha suscitado Ricardo a partir del Romanticismo. En un mundo como el de hoy, cuando el siglo XX nos ha acostumbrado a ver la maldad encarnada en seres poderosos, Ricardo no nos extraña: es, por el contrario, una criatura de nuestro tiempo.

El personaje es un reto para cualquier actor. Arturo Querejeta lo borda. A la perfecta caracterización física (jorobado, zambo…) y a la directa sencillez con que trama sus crímenes, sin gestos ni aspavientos, añade una zorruna ironía que le da un aire aún más temible. El resto de los actores, la mayoría en varios papeles, cumple a la perfección su rol de comparsas de este protagonista absoluto. Todos ellos están dirigidos con su acostumbrada precisión por Eduardo Vasco, que firma aquí uno de sus trabajos más acabados. Sobrio, dotado de un ritmo endiablado, apenas se detiene más de lo necesario en cada una de las acciones para darnos idea del meteórico ascenso y brutal caída de Ricardo. La ajustadísima versión de Yolanda Pallín, que deja la historia en lo esencial, es la base sobre la que se construye este montaje rápido -no acelerado- que no tiene ni un momento de desfallecimiento.

Se trata del mejor Shakespeare que se ha podido ver en Madrid en los últimos años.

Ricardo Doménech, RESAD

 

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