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Sinopsis: ¿Debemos reír o llorar ante la monstruosa descripción del primer (y único) amor del protagonista de esta pieza? Y es que Beckett nos coloca en esta obra, escrita en 1946, ante una historia de humor trágico. Pere Arquillué, […] nos [presenta] a un ser atormentado, un hombre expulsado de su casa tras la muerte de su padre que quizás ama por un momento a la prostituta que lo seduce, pero que, si se entrega al amor, es sólo para poder quitárselo pronto de la cabeza. Miquel Górriz y Àlex Ollé firman la dirección de una pieza en la que, como en otras creaciones de Beckett, lo que escuchamos nos mueve a la risa y lo que no se nos dice nos llena de horror. ¿Están ustedes dispuestos a contemplar la disección de un hombre muerto?, ¿de un hombre vivo? […]

Autoría: Samuel Beckett

Traducción: Anna Soler

Versión: José Sanchis Sinisterra

Dirección: Miquel Górriz y Álex Ollé (a partir de una idea original de Moisés Maicas y Pere Arquillé)

Producción: Bitò Produccions, Grec 2010 Festival de Barcelona, Chekhov International Theatre Festival de Moscou, Velvet Events y Mola Produccions Velvet Events y Mola Produccions

Producción ejecutiva: Anna Rius

Reparto: Pere Arquillé

Iluminación: Jaume Ventura

Movimiento: Eva Roig

Espacio Sonoro: Josep Sanou

Diseño del Cartel: Javier Jaén

Fotografía: David Ruano

Fecha del Estreno: 02/03/2018

Teatro: Centro dramático Nacional

Sala: Francisco Nieva

Duración: 1 hora y 5 min

Género: Drama, Tragedia

Festivales:

Festival Grec 2010

Festival Internacional de Teatro Chéjov de Moscú

Premios:

Premio Ciutat de Barcelona 2010

Premio Nacional de Cultura 2011

Premio Butaca 2011 al mejor actor

Web Oficial: Centro Dramático Nacional

Entrevistas y reportajes:

Revista Teatros: “Entrevista a Pere Arquillué por Primer amor”

Estudios Académicos: López Colomé Pura, “Selección, traducción y nota”, Primer amor, Samuel Beckett. Universidad Nacional autónoma de México (UNAM), Coordinación de difusión Cultural, Dirección de literatura, México, 2008, 38 páginas.

Primer amor de Samuel Beckett escrita en 1946, es una historia compuesta de todos los elementos que suelen ir acompañando un encuentro amoroso: dos individuos, unas miradas, un acercamiento, un encuentro, una convivencia y un proyecto de vida común. Estos elementos además, están perfectamente envueltos y nutridos por un entorno idílico y “propicio al amor”: un banco en un parque, flores, intimidad, hasta la voluntad de grabar nombres en algún rincón que ofrezca la naturaleza… Lo que pasa, es que aunque todos los elementos estén meticulosamente presentes para que el “amor” nazca y florezca, nada de esto ocurre, porque lo que se pretende aquí, es mostrar lo absurdo y peligroso del canon romántico heredado. En consecuencia,  todo está en cierta manera pervertido: los individuos se unen para no estar solos y aun así, una vez juntos, sueñan con huir el uno del otro, eso es lo que les mantiene juntos, el banco toma forma de lápida, el parque se transforma en cementerio, en cuanto nace el hijo, el hombre huye y no se graban nombres en un árbol con una navaja sino que él, hunde su dedo en una mierda de vaca, intentando escribir en vano el nombre de la prostituta con la que comparte su existencia y luego se chupa el dedo. Ésta es la obra de Beckett: una visión tragicómica del amor entre dos seres marginados inteligentes y sensibles. Y así es también de tragicómica la propuesta escénica de Miquel Górriz y Álex Ollé gracias a la interpretación de Pere Arquillué. Proponen un escenario lo suficientemente depurado y simbólico para permitir al espectador viajar de espacio en espacio – que son muchos: la casa de él, el parque, el cementerio donde está enterrado su padre, el parque donde la ve a ella, la casa de ella- sin la mas minima dificultad y oír, apreciar y comprender un texto perfectamente entendido por su intérprete, que maneja todos los matices, recovecos y digresiones fundamentales del estilo Beckettiano. Tanto a nivel lingüístico como físico y estético, es una lectura de Beckett especialmente acertada. Se unen lo dramático y lo dramatúrgico de tal manera que lo anecdótico toma la fuerza de una reflexión metafísica y viceversa.

Cristina Vinuesa

SET – ITEM

 

El martes 19 de marzo, se representaba en el Teatro Valle-Inclán, sala Francisco Nieva, la obra Primer Amor a partir del cuento con el mismo título del autor irlandés, premio Nobel de literatura, Samuel Beckett. Un espectáculo dedicado a Moisés Maicas que fue quien tuvo la idea de la puesta en escena, que luego fue llevada a cabo por Pere Arquillué, protagonista de dicho espectáculo.

La lectura de la traducción de Pura López Colomé, me puso en alerta de lo que iba a presenciar en escena. Cuando en el cartel se especifica que la representación está trabajada a partir de la versión de José Sanchís Sinisterra supuse que el guión no iba a ser fiel al texto original. Había dos posibilidades, hablar de la muerte o hablar del amor (el primer amor). Sin embargo, es difícil separar los dos conceptos: la representación empieza con la muerte del padre del protagonista y termina con el nacimiento de su hijo.

La mujer, ausente físicamente, es la que da sentido al cuento; por no decir que es la otra protagonista de la pieza. El personaje principal de esa representación tenía que enamorarse de una mujer y no de un hombre, para que tenga sentido todo el relato machista del cual no ha podido escapar ni Beckett ni Arquillué: la protección casi de madre “Ella me traía de comer a las horas… y hacía la limpieza del cuarto una vez al mes”, el hecho de que sea una prostituta y el parto.

Durante la representación se establece una extraordinaria comunicación entre el personaje, que cuenta su historia de amor con la presencia de su cuerpo y la mirada sincera de sus ojos, y el público. La historia del primer amor comienza en un banco donde el protagonista conoce a una mujer, Lulú; tras varios días de relación, el personaje toma la decisión de romper con ella. Sin embargo, siente la necesidad de volver a verla, consciente de que la quiere y que Lulú es su primer amor verdadero: “… comencé a tener la certeza de que, lejos de ella, perdería la libertad”. Los sentimientos de amor que describe el personaje están muy bien reflejados en el cartel, firmado por Javier Jaén, que muestra sobre un fondo anaranjado un estómago con mariposas diseccionado.

La obra llevaba tiempo en  cartelera. En la sala de espera se notaba ya  el ajetreo de llegada de espectadores. Rápidamente me di de cuenta que era gente de la tercera edad. Muy de vez en cuando llegaba una chica joven o una pareja de jóvenes. Nada más entrar, vi al personaje tendido encima de una lámina luminosa como si fuera un cadáver en una sala de autopsia o un muerto sobre la mesa de una funeraria antes de ser preparado.  Al principio no entendía cómo los acomodadores actuaban como si no estuviera el actor en escena, y la gente hablaba entre sí. Aproveché ese momento para contar los asistentes; éramos aproximadamente cien personas, la cuarta parte jóvenes entre 30 y 40 años. No sé si el precio de la entrada (25 euros) influye en ello.

Es una representación típica para demostrar las dotes interpretativas del actor. El monólogo es un desafío del intérprete a su capacidad de concentración, de ritmo y de fusión en el personaje. Pere Arquillué ha sido generoso al estar casi desnudo, con un calzoncillo largo al principio y al final de la función, mostrando las marcas y las cicatrices de su cuerpo. Viendo la representación, el receptor capta enseguida la seriedad de la propuesta y el trabajo de ensayos que conlleva, en una partitura muy bien definida por Pere Arquillué. Hay un gran trabajo de dicción: cambio de tono de las palabras, cambio constante del ritmo de las frases y cambios melódicos de las expresiones que con la repetición causaban un efecto cómico.

La puesta en escena apostó por un espacio frío y vacío en el cual son indefinidos tanto el espacio como el tiempo. Espacio minimalista iluminado con discreción que logró transportarnos hacia la atmósfera Becketiana. Un trabajo corporal discreto, sin caer en la exageración, tanto en la manera de caminar del personaje arrastrando los pies como en el movimiento de la espalda que deforma el aspecto del torso del protagonista. Los brazos en una posición extra-cotidiana que daba un aire al personaje coherente con su historia. A medida que el protagonista iba compartiendo con nosotros su historia, los movimientos de los ojos y de la boca acompañaban ese relato con una tensión dramática presente durante todo el espectáculo. Lo que luego desestabiliza el recorrido de una dinámica de trabajo fluida fue cuando a escasos diez minutos del final de la representación, el maquinista entra en el espacio escénico y ayuda al actor a desvestirse y le pone una galleta en cada mano. Romper la complicidad establecida entre el protagonista y los espectadores no está justificado; el director podría encontrar otra opción para que el propio personaje se desvistiera.

Saida Rkiek Sghiar

ITEM

 

 

 

Miguel Ayanz, Volodia: “El hombre sin atributos”.

Raúl Losánez, La Razón: “Primer amor: Enterrado en vida”.

Horacio Otheguy Riveira, Culturamas: “Primer amor: extraña versión teatral de un relato de Samuel Beckett”.

José-Miguel Vila, Diario Crítico: “Disección de un hombre sin sentimientos”.

 

Primer amor: extraña versión teatral de un relato de Samuel Beckett.

Horacio Otheguy Riveira

Culturamas

Disección de un hombre sin sentimientos.

José-Miguel Vila

Diario Crítico

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