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Sinopsis: Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo…” (“Ítaca” de Konstantin Cavafis 1863-1933). El Camino no se interrumpe con la muerte, el poeta nos revela que el camino sea largo y continúe en el más allá. Nuestro protagonista es un profesor de lengua y literatura que acaba de morir, éste aparece es una especie de limbo acompañado de la imagen de sí mismo. Además, se resiste a aceptar su propia muerte, así que sigue este camino más allá de la muerte. En este viaje nuevas puertas se abren en un universo de misterios, de miedos, de obsesiones, de silencios que conducen a su protagonista a un encuentro consigo mismo.

Dramaturgia: Benito Jiménez

Autoría: Benito Jiménez y Hernán Gené

Dirección: Hernán Gené

Producción: Teatro El Umbral de Primavera

Producción ejecutiva: Diego el de la Gloria

Compañía: COMPAÑÍA DIEGO EL DE LA GLORIA

Escenografía: Mónica Florensa

 

 

 

 El título de la obra se sirve del epitafio que estuvo a punto de estar en la lápida del legendario Groucho Marx (la familia no lo consideró apropiado por asuntos del qué dirán), aunque quizás no entendieron lo profundo de una frase frívola en apariencia. Precisamente durante la hora que dura la representación, el protagonista Benito Jiménez hace una alusión reiterada a esta frivolidad: canto al dolor existencial pero también a la comicidad y al absurdo.  

Desde el principio de la obra se menciona el célebre poema de Konstantino Kavefis, un poema vital que tiene muchas lecturas, y que se centra sobre todo en las experiencias, aventuras y problemas que debemos superar para conseguir nuestros objetivos.

El poema es una ácida crítica a nuestra cultura capitalista que lleva décadas bombardeándonos con enseñanzas sobre que nuestro esfuerzo, la superación personal y la fuerza de voluntad nos hará libres para conseguir lo que queramos. Es una clara advertencia para todos los que nos preocupamos en exceso sobre el futuro. Nos recrimina que, si tanto nos importa, dejémonos llevar por el momento y vivamos el presente, pues lo único que nos va a importar cuando seamos unos pobres vejestorios es saber si lo pasamos lo suficientemente bien. Al cuerno con todos nuestros metas y objetivos logrados. Recordemos los versos:

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

 

El dolor existencial de la obra cuestiona al Poeta. No para abrazar la cultura del autoesfuerzo capitalista sino para rechazar cualquier filosofía que pueda aliviar el desasosiego perpetuo que significa vivir en nuestro mundo. Harto de todo, el protagonista se pregunta: ¿Qué quiere decir el poeta?

Sabe la respuesta, pero no lo acepta. No es que no lo entienda, sino que no está conforme ni tranquilo con el mensaje. Pues él encuentra el camino azaroso, ridículo y sin sentido. Ni quiere llegar a Ítaca, ni quiere caminar en un camino tortuoso. Esta sinrazón que atrapa de una manera rápida al espectador poco a poco se va tornando absurdo e incluso patético, logrando momentos de clímax que golpean duramente al espectador pues le conduce a tomar la dura elección de si sentir compasión o de reírse de la desgracia ajena.

Se hace muy interesante observar ciertos detalles que ayudan a generar este sentimiento en el público: una escenografía casi vacía y sobria con dos mesas cutres; la presencia de un muñeco de plástico que representa a su doble; los constantes berridos del actor que causan dolor, pero también comicidad; las puertas metafóricas que atraviesa para llegar al infierno, el purgatorio y el cielo. Todas estas alusiones buscan reincidir en la idea de la pesadez de la existencia y de una cierta denuncia sarcástica a las clamas cansinas de “carpe diem y beatus ille”. Pues la vida es una mierda tan grande que no existe tal filosofía que pueda llenar el vacío de vivir… Que pueda respondernos sobre lo que de verdad quiere decir el poeta.

 

Isaías Ferrer Orduz
Master en Teatro y Artes Escénicas, UCM

Alberto Morate, “PERDONEN QUE NO ME LEVANTE” blog personal

No quiero hacerme preguntas retóricas ni cuestionarme qué pasará más allá de la vida. No sé si se abrirán puertas sin salida, o una partida de ajedrez que nunca se termina. No sé cuál es el camino ni por qué me hallo en esta tesitura. No sé quién llama y no sé de quién es esa calavera que me mira. La duda de Hamlet con Yorick, la sonrisa perpetua, la vista vacía.

Alberto Morate

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