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Sinopsis: Hay en el relato del Bardo una historia de encuentro, en la que una mujer europea y un hombre africano se enamoran. Pero, al final del texto, ella muere asesinada a manos de él. Othello es, a la vez, víctima y verdugo. Sufre islamofobia y ejecuta un feminicidio que nace de una mentira. Una mentira que, a su vez, surge de la inseguridad y de la creencia de entender como propio lo que no se puede poseer.

Dramaturgia: Marta Pazos

Autoría: Shakespeare y algunos textos de Gabriela Wiener

Versión: Fernando Epelde

Producción: Voadora en coproducción con en Teatro Nacional Sao Joao de Oporto, MIT de Ribadavia y Teatro de la Abadía.

Reparto: Joaquín Abella, Ángel Burgos, Ana Esmith, Chumo Mata, Mari Paz Sayago y Hugo Torres.

Escenografía: Marta Pazos

Iluminación: Nuno Meira

Movimiento: María Cabeza de Vaca

Vestuario: Silvia Delagneau

Música: Hugo Torres

Teatro: Teatro de la Abadía

Sala: San Juan de la Cruz

Duración: Teatro de la Abadía

 

Crítica teatral de OTHELLO

José Gabriel López Antuñano – ITEM

Otelo es una de las tragedias más reflexivas de Shakespeare: Otelo, Yago, Cassio, Emilia… y algunos personajes más, elucubran y calculan cuidadosamente antes de ejecutar las propias acciones, para después reflexionar sobre las consecuencias de estas y la puesta en marcha de nuevos pensamientos a fin de emprender otras actuaciones. Semejante alambique permite muchas lecturas de esta obra. Suprimiendo el acto primero, Epelde y Pazos se centran en las maniobras de Yago contra Otelo para incrementar los celos, que le llevan a tomar la decisión de matar a Desdémona y ejecutarla. Y dándole una vuelta de tuerca al texto original, acaso excesiva, presentan la acción como un caso de violencia machista, a fin de sumarse a la moda en boga del momento, y como un acto de aversión al moro de Venecia por parte de unos soldados representantes de la cultura occidental. Estas líneas no pretenden mostrar si esto es posible deducirlo del argumento y de los parlamentos de los personajes, sino señalar la falta de causalidad, en atención a lo que el espectador escucha, para llegar a semejante conclusión, que se explicita sobre la escena, pero que no se colige de la sucesión de escenas. Se ven demasiado las costuras (el texto añadido), que ocultan la trabazón de la trama y pueden hacer incomprensible el argumento de este espectáculo a un espectador que acuda sin conocer el texto original.

La fobia al moro se deduce de las acciones de los intérpretes y de algunos juegos propuestos por la directora, pero resultan artificiales al tener un apoyo poco claro en el texto dramático; es decir, en el que se escucha en el teatro. Parece más interesante la traslación de buena parte de los parlamentos a la voz de Desdémona, de manera que, escuchando su voz, sus palabras incrementan la percepción de la neurosis obsesiva que enajena a Otelo; sin embargo, esta feliz idea no encuentra en la actriz una interpretación con diferentes tonalidades y esta coloración monocorde, puede añadir confusión a la compleja trama, porque de no conocerse bien el original el espectador puede perderse en quién dice qué.

            La directora traslada la tragedia a comedia que, a veces, se desliza hacia la farsa, y para facilitar la comicidad añade algunos juegos, tan ocurrentes como desconectados de la trama principal. Sin entrar en la conveniencia para apoyar la narración escénica en otro género, el problema se encuentra en que lo que produce extrañeza e invita a la risa, son efectos cómicos visuales, desligados del texto que se dice. La música que acompaña y no estorba la escenificación contribuye a la ligereza en el planteamiento de la historia. El espacio escénico, unas grandes cortinas de techo a suelo, que cubren todo el foro, ancladas a rieles curvos, por las que entran y salen los personajes, contribuyen a crear la visión de la mente tortuosa de Otelo. Sin duda es otro de los aciertos de la propuesta. Los actores responden con destreza, gestualidad y expresividad corporal a las marcas que la directora les propone.   

 

 

Raúl Losánez ““Othello”: Ridículos, machitos y celosos ” La Razón

Raquel Vidales “Shakespeare cambia de género para explicar el mundo actual” El País

Ángel Esteban Monje “Othello” Kritilo.com

Ismael Lomana “O-T(h)ELL-O” Enplatea.com

Antonio Hernández Nieto, “Othello, hello, infierno!” Huffington post

 

 

 

 

 

“La directora traslada la tragedia a comedia que, a veces, se desliza hacia la farsa, y para facilitar la comicidad añade algunos juegos, tan ocurrentes como desconectados de la trama principal. Sin entrar en la conveniencia para apoyar la narración escénica en otro género, el problema se encuentra en que lo que produce extrañeza e invita a la risa, son efectos cómicos visuales, desligados del texto que se dice. La música que acompaña y no estorba la escenificación contribuye a la ligereza en el planteamiento de la historia. El espacio escénico, unas grandes cortinas de techo a suelo, que cubren todo el foro, ancladas a rieles curvos, por las que entran y salen los personajes, contribuyen a crear la visión de la mente tortuosa de Otelo. Sin duda es otro de los aciertos de la propuesta. Los actores responden con destreza, gestualidad y expresividad corporal a las marcas que la directora les propone.”

José Gabriel López Antuñano

Instituto del Teatro de Madrid

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