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Sinopsis: “Oecumene es una pieza que combina danza y música interactiva. Oecumene reflexiona sobre el lugar del individuo en el mundo, con sus sentidos expandidos mediante la tecnología, más allá de los límites de su procedencia geográfica y su identidad cultural de origen.”

Autoría: Pablo Palacio y Muriel Romero

Dirección: Pablo Palacio y Muriel Romero

Producción: Spectaré Producciones

Compañía: Instituto Stocos

Reparto: Muriel Romero

Iluminación: Maxi Gilbert

Movimiento: Muriel Romero

Efectos especiales: Pablo Palacio y Daniel Bisig

Música: Pablo Palacio

Fecha del Estreno: 02/05/2021

Teatro: Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa

Sala: Sala Guirau

Duración: 45 min

Género: Danza contemporánea

Web Oficial: https://www.stocos.com/page/oecumene/

Shiva Nataraja en Silicon Valley

Crítica teatral de Oecumene

Javier Ramírez Serrano (ITEM)

En Oecumene, Instituto Stocos vuelve a dar una clase magistral de interactividad entre cuerpo, luz y sonido. El dispositivo técnico instalado en y alrededor del cuerpo de Muriel Romero rompe el orden jerárquico que frecuentemente encontramos en las puestas en escena de danza. Muriel Romero no baila sobre una base musical ni se dispone en el espacio dependiendo de una configuración de luz. Muriel Romero lanza notas, ondas y distorsiones mientras contorsiona con fuerza su cuerpo y modifica las condiciones de luz con los espasmos de sus extremidades.

Pablo Palacio y Daniel Bisig han configurado una puesta en escena que permite a la solista de Instituto Stocos montar una fiesta de luz y sonido de manera parcialmente autónoma. Los sensores integrados y externos responden con fluidez a sus interacciones. Los lásers de una jaula simbólica se rompen ante sus movimientos y sus zapatillas crean sonido a cada paso. El dispositivo subraya de forma excepcional el poder creador de la danza, como si nos encontráramos ante Shiva Nataraja dando origen al mundo. La instalación se amplifica con la interacción desde los mandos de sonido del propio Pablo Palacio y desde la mesa de luces de Maxi Gilbert, que guían un diálogo a tres permitiendo el avance de la obra, como un río sonoro y visual.

Ante este tipo de puestas en escena siempre hay quien subraya que el trabajo coreográfico queda desdibujado. Oecumene no resta en ningún momento protagonismo a Muriel Romero, siempre imponente sobre el escenario, sino que aumenta las repercusión ambiental de cada uno de sus movimientos, otorgando a su cuerpo una suerte de capacidades extrasensoriales. La pieza de Instituto Stocos es ,finalmente, un viaje guiado por una bailarina que dispara con su cuerpo a cada uno de nuestros sentidos.

Es una pena que la ausencia de una explicación técnica impidiera a una parte importante del público darse cuenta de que todo lo que sintieron estaba ocurriendo en tiempo real y era accionado por la propia Muriel Romero. Entre las conversaciones al final de la obra se sentía algo de desconcierto ante lo que acababa de ocurrir en el escenario. Este tipo de piezas quizás invitan más a romper la regla sagrada del prestidigitador y desvelar el truco al público. Una forma pedagógica de mostrar las nuevas posibilidades que nos brinda a todas la tecnología. La opción de invertir las tradicionales jerarquías entre música y baile, entre luz y movimiento.

 

Una manera diferente de danza, uniéndose con las nuevas tecnologías.

Carolina Álvarez, Máster Teatro y Artes Escénicas, ITEM.

Oecumene propone la experimentación sensorial del mundo a través del cuerpo, un mundo que se vuelve accesible a través de nuestros sentidos ampliados mediante la tecnología interactiva. Es un espectáculo en inglés sin subtítulos, lo cual puede llegar a ser un impedimento para cierto público.

Esta pieza ha sido creada por el Instituto Stocos, fundado y dirigido por Muriel Romero y Pablo Palacio. Esta compañía está centrada en el análisis y desarrollo de la interacción entre el gesto corporal, el sonido y la imaginería visual. Para sus proyectos innovadores toman otras disciplinas como la inteligencia artificial, la biología, las matemáticas o la psicología experimental. Es una compañía que tiene una gran trayectoria a nivel escénico y que siempre apuesta por la investigación y la fusión de la danza con la tecnología.

La sala negra me pareció la más idónea para este espectáculo. Hacía que nada más entrar nos metiéramos en ese mundo misterioso. En cuanto a la iluminación, se basaba en tonos tenues y el empleo de láseres que nos llevaban a un mundo futurista.

Una cosa a destacar es el gran uso del sonido. En ocasiones parecían proyectarse sonidos en todas las direcciones. Un efecto provocado de manera interactiva por la bailarina Muriel Romero gracias a los sensores instalados en su cuerpo.

A través de esta propuesta, la danza comienza a convertirse en algo sensorial y no tanto visual.

Toda la obra está muy bien estructurada y pensada, pero quizás es necesaria una pequeña investigación previa sobre el dispositivo tecnológico para poder entenderla. Ese es uno de los factores que he echado en falta, puesto que se debería de dar un mínimo contexto mientras se está viendo la obra, y no tener que investigar sobre esta previamente. El no saber qué está sucediendo ni por qué genera en el espectador cierto desconcierto y hace que no se entienda correctamente la pieza. Una breve introducción para poner al público en contexto sería suficiente. Por ejemplo, en un momento de la obra Muriel Romero se quita los zapatos que lleva puestos para ponerse otros. A esta escena le da mucha importancia, pero personalmente yo no entendí por qué.

Al mismo tiempo, me parece una obra necesaria para impulsar la innovación en todas las ramas artísticas y así poder seguir evolucionando impidiendo que el arte se quede estancado.

La propuesta de Instituto Stocos tiene, sin duda, un gran potencial. Su mayor debilidad quizás esté en el desconcierto que provoca en ocasiones en el espectador, impidiendo comprender en su totalidad la finalidad de la pieza.

El comienzo de la obra me generó, a nivel particular, cierto agobio puesto que no había luz en la sala y, al ser negra, se potenciaba mucho más la sensación de aislamiento. Los sonidos, que llegaban de todas las direcciones posibles, me incrementaron este agobio (sin cuestionar que esto fuera una sensación buscada).

En conclusión, es una obra coral pese a su naturaleza de solo danzado. Oecumene consigue aunar movimiento, iluminación y sonido de forma coherente provocando un viaje sensorial en el espectador.

Judit Gallart, “Jugando con el sonido”, SusyQ [7/10]

 

«Muriel Romero no baila sobre una base musical ni se dispone en el espacio dependiendo de una configuración de luz. Muriel Romero lanza notas, ondas y distorsiones mientras contorsiona con fuerza su cuerpo y modifica las condiciones de luz con los espasmos de sus extremidades.»

Javier Ramírez Serrano

ITEM

«En conclusión, es una obra coral pese a su naturaleza de solo danzado. Oecumene consigue aunar movimiento, iluminación y sonido de forma coherente provocando un viaje sensorial en el espectador.»

Carolina Álvarez

Máster Teatro y Artes Escénicas, ITEM

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