Villa y Marte: un juguete para todas las edades
Crítica de Villa y Marte

Hay juguetes cuya caja indica “de 0 a 99 años”. Villa y Marte podría llevar exactamente esa etiqueta. Es difícil encontrar una función que reúna con tanta naturalidad a públicos tan distintos. En la misma fila conviven aficionados veteranos que reconocen inmediatamente las referencias al género chico y a la zarzuela con niños y adolescentes que probablemente escuchan un chotis por primera vez, pero que entran desde el primer momento en el juego. Al final todos se ríen de lo mismo y salen tarareando las canciones. No es un logro menor.
El subtítulo ya anuncia por dónde va la propuesta: sainete cómico-lírico de chulapos mutantes. En esas cuatro palabras cabe toda la función. Hay tradición, porque el punto de partida es el sainete y el género chico; y hay imaginación, porque ese universo castizo termina viajando hasta Marte. Ron Lalá vuelve a demostrar que los clásicos populares no necesitan quedarse quietos para seguir funcionando. La historia parte de una idea tan sencilla como eficaz. Una nave espacial llega al planeta rojo con la intención de colonizarlo, pero el capitán y su androide Trasto descubren que Marte ya está habitado. Allí les espera Martid, una ciudad donde unos vecinos mutantes celebran una verbena castiza como si la Plaza Mayor hubiera sobrevivido varios siglos y unos cuantos años luz. La premisa podría quedarse en una ocurrencia divertida, pero la dramaturgia de Álvaro Tato consigue convertirla en una comedia perfectamente construida.
El humor nace continuamente del choque entre dos mundos. La ciencia ficción convive con el chotis, las verbenas con las naves espaciales y los chulapos con los extraterrestres. Todo ello sin perder nunca la lógica interna del espectáculo. La obra no se ríe del género chico; juega con él. Lo desmonta y lo vuelve a montar en otro contexto para demostrar que sigue siendo un material extraordinariamente fértil. No es la primera vez que Ron Lalá dialoga con las formas populares del teatro español, pero aquí lo hace desde una libertad especialmente contagiosa. El sainete deja de ser una pieza de museo para convertirse en una gran comedia musical donde caben el disparate, la ciencia ficción y la tradición castiza sin que ninguna de las tres cosas parezca fuera de lugar. También se percibe la experiencia acumulada de Álvaro Tato en este terreno. Su trabajo posterior sobre El sobre verde para el Proyecto Zarza del Teatro de la Zarzuela demuestra hasta qué punto conoce los mecanismos del género chico y sabe adaptarlos a públicos contemporáneos. Villa y Marte comparte esa misma idea: la tradición no se conserva encerrándola en una vitrina, sino dejándola jugar.
La música vuelve a ser uno de los grandes motores de la función. Como ocurre en las mejores producciones de Ron Lalá, las canciones no aparecen para hacer una pausa, sino para impulsar la acción. Cada número musical hace avanzar la historia y mantiene un ritmo que apenas concede descanso. Todo parece medido para que la función no pierda energía. La dirección de Yayo Cáceres potencia precisamente esa sensación de movimiento continuo. La escenografía, construida con pocos elementos móviles, permite transformar el espacio constantemente sin interrumpir la acción. Hay muy poco decorado y muchísimo teatro. El espectador acepta desde el primer minuto ese pacto de imaginación porque todo está al servicio del ritmo.
El reparto funciona como una auténtica compañía. Más que buscar lucimientos individuales, los cinco intérpretes construyen un trabajo coral donde interpretación, música y comicidad aparecen completamente integradas. Esa sensación de grupo termina siendo una de las mayores virtudes del espectáculo. Todo parece sencillo, aunque detrás se adivina un mecanismo escénico de enorme precisión.
Quizá ahí resida el mayor acierto de Villa y Marte. Consigue que un público muy diverso disfrute de la misma función por motivos distintos. Los espectadores mayores encuentran referencias al Madrid castizo, a la zarzuela y al género chico; los más jóvenes simplemente se dejan llevar por el humor, las canciones y el disparate. Ninguno necesita conocer el punto de partida para entrar en el juego. Y esa es probablemente la mayor victoria de Ron Lalá. Demostrar que el teatro popular sigue siendo popular cuando se hace con inteligencia, ritmo y oficio. No hace falta modernizar la tradición a la fuerza; basta con darle un nuevo escenario donde seguir divirtiéndose. Como esos juguetes que prometen diversión para cualquier edad, Villa y Marte confirma que hay espectáculos capaces de reunir a varias generaciones alrededor de una misma historia. A mí me pasó. No es tan frecuente y por eso, precisamente, merece la pena celebrarlo.
Sinopsis
Una nave espacial viaja a Marte para colonizar el planeta rojo. Pero el capitán y su androide Trasto descubrirán que el planeta ya está habitado cuando llegan a la ciudad de Martid, donde los vecinos mutantes celebran una verbena popular castiza ante los alienígenas terrestres.
Para colmo de males, el capitán se enamora de una chulapa marciana postinera de ocho ojos hechiceros…
Villa y Marte es la reinvención del género chico en clave ronlalera: humor, música en directo, teatro… y chotis.
Equipo
Álvaro Tato
Dirección
Yayo Cáceres
Producción
Ron Lalá
Producción Ejecutiva
Martín Vaamonde
Ayudante de Producción
Alma Vidal
Reparto
Daniel Rovalher, Juan Cañas, Miguel Magdalena, Luis Retana, Diego Morales
Escenografía
Tatiana de Sarabia, Ron Lalá
Iluminación
Miguel Ángel Camacho
Música
Yayo Cáceres, Juan Cañas, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher
Espacio Sonoro
Eduardo Gandulfo
Fotografía
David Ruiz
Distribución
Emilia Yagüe Producciones. SLU
Compañía
Ron Lalá
Vestuario
Tatiana de Sarabia
Ayudante de Vestuario
Elena Arias
Realización de Vestuario
Maribel RH, Alejandro Jaén
Web Oficial
https://ronlala.com/portfolio/villaymarte/
Idioma
Español
Fecha del Estreno: 14/04/2022
Teatro: Teatros del Canal
Sala: -
Duración en minutos: 90
Género Comedia Musical
Alberto Morate, «Fiesta teatral, divertimento y comedia nueva. Un espectáculo fetén», Revista Godot Aldo Ruiz, «Ron Lalá vuelve a cautivar al público con su talento, su gracia y su infinita creatividad. Excelente», El Teatrero
Villa y Marte
«Villa y Marte confirma que hay espectáculos capaces de reunir a varias generaciones alrededor de una misma historia»
Rodrigo Vélez Mesonero

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