Ubú: el disparate sigue gobernando
Crítica de Ubú

Hay clásicos que envejecen y otros que parecen escritos cada mañana. Ubú Rey, de Alfred Jarry, pertenece sin duda al segundo grupo. La adaptación de María Folguera para Nave 10 Matadero demuestra que el viejo tirano grotesco sigue teniendo mucho que decir sobre la política contemporánea. Lo hace, además, sin convertir el texto en una lección de actualidad ni en una sátira de nombres propios. La obra habla de nuestro presente precisamente porque entiende que el poder absurdo nunca ha dejado de existir.
Lo primero que sorprende es que la adaptación consigue un equilibrio muy difícil. Es extraordinariamente fiel a Ubú Rey y, al mismo tiempo, no lo es en absoluto. La estructura dramática permanece prácticamente intacta, pero el texto ha sido completamente reinventado. Paradójicamente, esa infidelidad termina siendo la forma más profunda de fidelidad posible. Si algo caracteriza al universo de Jarry es precisamente su voluntad permanente de romper las reglas, de deformar el lenguaje y de dinamitar cualquier idea de tradición respetable. Folguera no reproduce Ubú; escribe como si Jarry hubiera seguido escribiéndolo ciento treinta años después.
La función utiliza el humor para hablar de asuntos profundamente incómodos. La política aparece convertida en un espectáculo de intereses personales, luchas de poder y fanatismos instantáneos. Resulta imposible no pensar en una sociedad donde la notoriedad pública se ha convertido en un fin en sí mismo, donde la popularidad sirve para promocionar cualquier producto —desde una ideología hasta una criptomoneda— y donde la imagen importa mucho más que la verdad. La caricatura resulta exagerada, sí, pero precisamente por eso termina acercándose peligrosamente a la realidad.
Hay otra idea que atraviesa silenciosamente toda la función: la obsesión por convertir el país en una marca. La patria deja de ser un proyecto colectivo para transformarse en un logotipo, un eslogan o una identidad simplificada que exige adhesiones inmediatas. Esa reducción termina empobreciendo tanto al propio país como a quienes hablan en su nombre. En algunos momentos resulta inevitable pensar en ciertas imágenes recientes del arte urbano o de la cultura visual contemporánea, donde la bandera aparece menos como símbolo compartido que como objeto de consumo o de enfrentamiento.
La puesta en escena entiende muy bien el carácter grotesco del original. Lo desagradable nunca aparece como un simple recurso para escandalizar; forma parte de una estética deliberadamente excesiva. El mejor ejemplo llega en una de las escenas más impactantes de la función, cuando los personajes comen directamente del váter que domina el escenario. El efecto de choque es inmediato, pero está cuidadosamente preparado. Resulta especialmente interesante que la representación no comience con el célebre “¡Merdre!”, la palabra con la que Jarry escandalizó al París de 1896. En su lugar, el propio espacio escénico se convierte desde el principio en esa primera provocación. Antes incluso de que los personajes hablen, el escenario ya ha pronunciado su particular “Merdre”.
La escenografía, construida alrededor de ese gran váter central, funciona como una magnífica metáfora visual del universo de Ubú. Todo ocurre literalmente sobre aquello que debería ocultarse. La política, la ambición y el poder aparecen convertidos en residuos, pero también en espectáculo. La imagen resulta tan grotesca como eficaz.
Otro de los grandes aciertos de la dirección reside en el movimiento escénico. Con muy pocos elementos, los actores cambian constantemente de personaje mediante unas túnicas reversibles que transforman su identidad casi instantáneamente. El procedimiento recuerda continuamente al espectador que está asistiendo a una representación y mantiene un ritmo muy vivo durante toda la función. No hay prácticamente tiempos muertos. Cada transformación forma parte del propio lenguaje del espectáculo.
El reparto entiende perfectamente ese código. No busca construir personajes psicológicos, sino figuras deformadas, casi máscaras contemporáneas, donde el cuerpo, el gesto y el movimiento tienen tanta importancia como el texto. La interpretación nunca intenta suavizar el disparate; lo abraza por completo.
Quizá ese sea el mayor mérito de esta adaptación. No convierte Ubú Rey en un clásico actualizado mediante referencias superficiales a la actualidad. Lo que hace es demostrar que el mecanismo dramático imaginado por Jarry sigue funcionando exactamente igual. Cambian los nombres, cambian los escenarios y cambian las tecnologías, pero la codicia, el oportunismo y la fascinación colectiva por los líderes grotescos permanecen intactos.
Al salir del teatro uno tiene la sensación de haber visto una comedia muy divertida. Pero también una función incómoda. Porque el verdadero problema de Ubú nunca ha sido su protagonista. El verdadero problema es descubrir hasta qué punto seguimos reconociéndolo demasiado fácilmente.
Sinopsis
Equipo
María Folguera
Dirección
Hugo Nieto
Ayudante de Dirección
Javier L. Patiño
Producción
Nave 10 Matadero, Producciones Come y Calla
Reparto
Antonio Pagudo, Cristina Gallego, Marta Guerras, Dani Llull, Eduardo Mayo, Elena Lombao
Escenografía
Monica Boromello
Iluminación
Felipe Ramos
Música
Miguel Magdalena
Fotografía
Geraldine Leloutre, Samuel Sánchez
Vestuario
Paola de Diego
Videoescena
Felipe Ramos
Web Oficial
https://www.nave10matadero.es/prensa/ubu
Idioma
Español
Fecha del Estreno: 28/05/2026
Teatro: Naves Español en Matadero
Sala: Nave 10, Max Aub
Duración en minutos: 90
Género Comedia Satírica; Farsa Política
Luis Muñoz Díez, “Crítica ‘Ubú’ de María Folguera a partir de Ubú Rey de Alfred Jarry”, Tarántula Cultura [8,5/10, estimación Teatrero] Morate, “Ubú. ¡Mierdra!”, TodoLiteratura [9/10, estimación Teatrero] Reportaje: Rodrigo Naredo, “De Ubú Rey a Donald Trump, el reto de satirizar a quien ya no se avergüenza”, El País Entrevista/reportaje: Daniel de la Fuente, “María Folguera: ‘Los líderes actuales han aprendido a gobernar desde la fantochada y la provocación permanente hasta anestesiarnos’”, Cadena SER / La Hora Extra Entrevista/reportaje: Leo Rodríguez, “El poder, la codicia y el disparate se suben al escenario: ‘Ubú’ llega a Nave 10 Matadero”, Cadena SER
Ubú
«Al salir del teatro uno tiene la sensación de haber visto una comedia muy divertida. Pero también una función incómoda»
Rodrigo Vélez Mesonero

0 comentarios