Solo quería bailar
Crítica de Solo quería bailar

Solo quería bailar es una adaptación de Sergio Martínez Vila de la novela homónima de Greta García; pero también es un testimonio, el grito desesperado de una mujer sevillana, Pili, una bailarina que –por circunstancias y obstáculos varios– acaba sin ejercer como tal, viviendo en condiciones miserables, agotada, agobiada y desesperada por luchar por un futuro digno que nunca llega. Por este motivo, en un estado de rabia, en un arrebato semiconsciente, decide cometer un atentado. Condenada a 30 años de cárcel por ello, asistimos al testimonio en primera persona de un recorrido doloroso repleto de carencias, sobre todo afectivas.
Al entrar en la sala divisamos un cuadro sobre el escenario, formado por bailarinas rosas usadas, en posición de punta. En el centro del cuadro una silla plegable de acero verde, usada también, abierta, con unas pintadas de pene, que recuerdan las puertas de los servicios de cualquier bar nocturno de barrio. Dicho cuadro cerrado, por su tamaño relativamente pequeño junto con esa silla abierta en el medio y una luz cenital cruda, nos recuerda cualquier espacio inhóspito: la celda de una cárcel, una sala de interrogatorio, incluso, una sala de espera para una audición.
A lo largo del montaje, inhospitalidad es precisamente de lo que sufre Pili, la bailarina encerrada en una cárcel (ese cuadro) y acusada de terrorista. La presa, con fuerte acento andaluz, una mirada desafiante y un cuerpo electrizado por su rabia, protagonizará durante 75 minutos un monólogo donde compartirá con el espectador un recorrido de su vida hasta el momento de la enunciación: su infancia como niña incomprendida, su relación conflictiva con sus padres, su formación como bailarina, su emancipación, pero, sobre todo, sus múltiples fracasos y pocos éxitos profesionales, hechos que provocaron su acto de locura hasta el presente. Usando todas las herramientas a su disposición, es decir, su cuerpo medio desnudo y una silla, viajará hacia el presente y el pasado en el que conversará con varios personajes, sea imitados por ella, sea mediante voces en Off. Dichos cambios serán anunciados mediante cambios bruscos de luz, un espacio sonoro milimétrico, marcando el ritmo y permitiéndonos cambiar de espacio con mucha facilidad. Otro elemento fundamental en este ejercicio depurado tanto escenográfico como interpretativo será el cuerpo de Olalla Hernández, alias Pili. Gracias a la alternancia de momentos poéticos cuando se refiere a la danza con coreografías perfectamente ejecutadas, con momentos crudos cuando narra su sufrimiento afectivo y social, se conseguirá un contraste narrativo y escénico absolutamente catártico por parte del espectador. Con un dominio magistral del ritmo y de su proximidad con el espectador, se experimentará todo tipo de sensación: rechazo, deseo o desesperación. El objetivo final de la propuesta será cumplido: gritar ante todo la impotencia de cualquier ciudadano- y más aún cuando se trata de un artista- por encontrar su sitio en una sociedad individualista, regida por un sistema burocrático a menudo hermético, que no permite ninguna elección, salvo morir o rebelarse, aunque te cueste la vida.
Sinopsis
Equipo
Sergio Martínez Vila
Autoría
Greta García
Versión
Sergio Martínez Vila
Dirección
Alberto Velasco
Adaptación
Sergio Martínez Vila
Producción
Inmaculada Almagro
Producción Ejecutiva
Olalla Hernández
Reparto
Olalla Hernández
Escenografía
Alberto Velasco
Construcción de Escenografía
Jesús Hernández
iluminación
Manuel Tejera, Alberto Velasco
Movimiento
Olga Magaña
Espacio Sonoro
Carlos Gorbe
Fotografía
Dani Jaén
Distribución
Josi Cortés
Vestuario
Noelia Lebrato
Diseño del Cartel
Geraldine Leloutre
Fecha del Estreno: 28/01/2026
Teatro: Teatro del Barrio
Sala: -
Duración en minutos: 75
Género Monólogo con danza
Mercedes L. Caballero, ‘»Solo quería bailar’: divertida adaptación teatral de la historia de la bailarina que acabó en la cárcel», Babelia, El país [8/10] Entrevista: Ka Penichet, “La Fiesta de Lucía Miranda”, Revista Godot
Solo quería bailar
«La presa, con fuerte acento andaluz, una mirada desafiante y un cuerpo electrizado por su rabia, protagonizará durante 75 minutos un monólogo donde compartirá con el espectador un recorrido de su vida hasta el momento de la enunciación».
Cristina Vinuesa

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