Sahara. Danza de la compañía Mòra, dirigida por Claudia Castellucci
Crítica de Sahara

Sahara, presentada este 21 y 22 de febrero de 2025 en la Sala Negra de Teatros del Canal, dirigida por Claudia Castellucci, parte de la idea del desierto como punto de inicio, explorando la posibilidad de lo extraño a través del cuerpo. La propuesta, en su concepción, resulta sugerente y abre múltiples posibilidades a nivel simbólico. Sin embargo, lo que se desarrolla ante el espectador termina por ser una sucesión de imágenes de gran potencia visual, cercanas a un imaginario pesadillesco, pero que generan una sensación de falta de conexión narrativa. La fragmentación no es en sí un problema dentro de un universo simbólico que se construye desde la nada—según la propia descripción del espectáculo—, pero se echa en falta algún elemento que ofrezca una estructura interna más definida. Incluso desde el punto de vista formal, un mayor trabajo con el ritmo en la sucesión de imágenes podría haber otorgado al espectador una guía que trascienda la mera especulación imaginativa.
A pesar de esta falta de cohesión narrativa, la atmósfera creada en escena logra un fuerte impacto visual. Los movimientos entre los cuerpos de los seis bailarines parecen sugerir por momentos dinámicas de poder, que emergen de manera orgánica dentro de la composición. El vestuario, desde lo sencillo, se integra perfectamente en la estética del espectáculo, demostrando que la simpleza bien utilizada puede generar formas extrañas y perturbadoras. La música y la iluminación refuerzan la sensación de incertidumbre, contribuyendo a la construcción de un misterio casi religioso que atraviesa toda la obra. Uno de los elementos más interesantes es la introducción del humo en escena. Lo que comienza como un gesto aparentemente anecdótico —alguien fumando una larga pipa— se expande progresivamente hasta convertirse en un elemento escénico autónomo, sostenido por las máquinas de humo. Esta neblina en la que se mueven los cuerpos se convierte en un lienzo para los juegos de sombras, que evocan de manera sutil referencias a la caverna de Platón. En ciertos momentos, estas proyecciones alcanzan un aire carnavalesco que aporta un matiz inesperado dentro de la estética general del montaje.
Algunos de los juegos visuales logran grabarse en la retina del espectador, como la primera aparición en escena de una figura en la absoluta penumbra, iluminada únicamente por una linterna que, al dirigirse a la criatura de aspecto siniestro, revela unas lentes rojas que le dan una apariencia infernal. La escena tiene un aura espectral, casi de terror fantasmal, que consigue atrapar al público en su extrañeza. Otro aspecto destacable es el trabajo físico de los intérpretes. La coordinación entre los bailarines es precisa, pero sin caer en la homogeneización de los movimientos, permitiendo que cada cuerpo conserve su singularidad dentro de la composición grupal. De igual impacto resulta el fundido a negro final, inusualmente extenso y en silencio total.
Sin embargo, a pesar de la fuerza visual de la propuesta, la disposición tradicional del público en el patio de butacas limita su impacto sensorial. Una configuración más inmersiva —quizás rodeando la escena o integrando al público en el espacio— habría amplificado la experiencia más allá de lo puramente visual, permitiendo una sacudida emocional que aquí se diluye. De este modo, la obra no logra conectar plenamente con el espectador, ni desde lo narrativo ni desde lo sensorial, quedándose en una fascinación estética que no termina de traspasar la barrera de lo contemplativo. Sahara construye un universo ajeno y sugerente, pero la distancia física impide que esta extrañeza se traduzca en una verdadera reacción corporal.
Sinopsis
Sahara, representada por la Compañía Mòra y dirigida por Claudia Castellucci, gira en torno a la idea de la nada como un zootropo desértico: una sucesión de imágenes en constante movimiento que, vistas en conjunto, buscan dar forma a lo informe. Como en esos antiguos dispositivos ópticos, la obra proyecta fragmentos de un universo extraño y enigmático que parecen cobrar vida por instantes.
Equipo
Dirección
Claudia Castellucci
Producción
Benedetta Briglia
Ayudante de Producción
Valeria Faria
Reparto
Sissj Bassani, Silvia Ciancimino, Guillermo de Cabanyes, René Ramos, Francesca Siracusa, Pier Paolo Zimmermann
Iluminación
Andrea Sanson
Movimiento
Claudia Castellucci
Música
Stefano Bartolini
Compañía
Morà
Vestuario
Woojun Jang
Fecha del Estreno: 21/02/2025
Teatro: Teatros del Canal
Sala: Sala Negra
Duración en minutos: 60
“La nueva pieza de Castellucci medita sobre el aislamiento. En ella, el desierto, además de un lugar concreto es una metáfora sobre la introspección y la reflexión», Artezblai “La metáfora del desierto existencial, creativo, monótono en su espacialidad y árido en su cruda temporalidad, sirven de pretexto a Castelluci para forjar nuevos universos cuyas formas infinitas se quedan desprovistas y solo resta usar nuestro cuerpo como instrumento único y último para danzar con la poca materia prima circundante», Urbanbeat
Sahara
«La propuesta, en su concepción, resulta sugerente y abre múltiples posibilidades a nivel simbólico».
Victoria Lastre

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