Inicio 5 Obra 5 Rompientes
teatro

Rompientes: olas de conciencia

Crítica de Rompientes

image-1
Julio Vélez Sainz
ITEM-UCM

Hay obras que no avanzan: golpean. Como el mar. Como una ola que insiste hasta quebrarse. Rompientes, dirigida por José María Esbec en el Teatro de La Abadía, pertenece a ese tipo de teatro donde la acción externa es mínima, pero la fractura interior es constante.

La propuesta parte de un dispositivo aparentemente sencillo: dos monólogos contrapuestos, dos voces que no dialogan entre sí, pero que se responden en un nivel más profundo, casi subterráneo. Una pareja burguesa, instalada en la comodidad de su casa de la playa, ve cómo la realidad irrumpe de forma insoportable: los cadáveres de náufragos comienzan a aparecer en la orilla. No es una metáfora. O, mejor dicho, lo es en el sentido más brutal del término. La referencia es inevitable: el Mediterráneo como fosa común contemporánea. Y en ese fondo late el eco del Libro mediterráneo de los muertos de María Ángeles Pérez López, donde la acumulación de nombres y ausencias convierte la tragedia en memoria poética. Rompientes no enumera, pero hace sentir esa misma acumulación.

Dramatúrgicamente, la obra se articula en dos movimientos claramente diferenciados. En Pleamar, ella (una gran Rebeca Hernando) se abre al dolor, se deja afectar, intenta nombrar lo que ve. En La huida, él (Fernando Guallar) se repliega, racionaliza, se protege. No hay síntesis posible entre ambas posturas. Son dos formas de enfrentarse al trauma: acoger o negar.

En el centro de esa fractura aparece una imagen que marcó a toda una generación: la del pequeño Aylán Kurdi. Aquella fotografía que horrorizó al mundo, pero que movilizó a tan pocos. La obra no la reproduce, pero la convoca. Y en esa evocación se cifra una de sus preguntas más incómodas: ¿qué hacemos con el dolor cuando deja de ser noticia?

Aquí es donde la dirección de Esbec encuentra su mayor acierto. La obra exige un equilibrio extremadamente delicado: sostener largos monólogos discursivos sin caer en la declamación ni en la inercia. Y lo consigue. No hay exceso, no hay subrayado. Solo una escucha radical del texto y del actor.

El trabajo escénico de Petros Lappas y el propio Esbec se apoya en muy pocos elementos, pero todos están cargados de sentido. La piscina —recurrente en el imaginario de Esbec— funciona como espejo invertido del mar: un agua domesticada frente a un agua que expulsa cuerpos. Un espacio de ocio convertido en lugar de inquietud. A su alrededor, los amplificadores y el diseño sonoro construyen una atmósfera envolvente, casi física, que sitúa al espectador dentro de esa tensión constante.

El universo visual refuerza esta sensación. Los tonos azulados, metálicos, fríos —que remiten inevitablemente a su anterior trabajo con Viento fuerte de Jon Fosse— generan una distancia emocional que no enfría el conflicto, sino que lo vuelve más incómodo. Es un frío que no anestesia, sino que expone.

Hay que destacar el espacio sonoro de Alberto Granados, construido dramatúrgica y escénicamente para estar en el frente del escenario. Además de la de la mesa de dirección, se utilizan una caja de mezcla a la vista en la que los actores manejan algunas pistas. La disección del dispositivo escénico sirve para que los espectadores participen desde el principio en la construcción del espectáculo. Llegan a sujetar algunos altavoces que, sígnicamente, indican de manera muy clara a las víctimas y refugiados.

En ese espacio, los personajes se enfrentan a lo que Emmanuel Levinas denominó el encuentro con el Otro. No como concepto abstracto, sino como experiencia afectiva. Levinas señalaba que comprender la realidad no es definirla, sino situarse en una disposición emocional frente a ella. Y advertía también del peligro de nombrar al otro sin reconocer su alteridad: una forma de violencia que lo convierte en objeto, en algo que “nos pertenece”.

Eso es precisamente lo que está en juego en Rompientes. Cada personaje responde al horror desde una posición afectiva distinta. Ella se deja atravesar por la presencia del otro. Él intenta neutralizarla, convertirla en discurso, en distancia. Dos estrategias que revelan no solo una diferencia moral, sino una imposibilidad de compartir el mismo mundo.

El resultado es un teatro que no busca consolar ni ofrecer respuestas. Al contrario, incomoda. Obliga a mirar allí donde preferiríamos apartar la vista. Y lo hace sin recurrir a grandes dispositivos, confiando en la palabra, en el cuerpo y en una dirección que entiende perfectamente qué necesita la obra: precisión, contención y tiempo.

Rompientes no es una obra sobre el mar. Es una obra sobre lo que el mar devuelve. Sobre aquello que aparece cuando ya no podemos seguir mirando hacia otro lado.

Y, como las olas, insiste.


Sinopsis

En una casa junto a la playa viven un hombre y una mujer, enamorados, acomodados, en un entorno bonito y agradable. Cuando el mar arroja a la orilla los cuerpos sin vida de unos refugiados, adultos y también una criatura, cada uno reacciona de una manera distinta y la relación de pareja se desmorona. El silencio del que antes disfrutaban se convierte en un abismo de incomprensión.

La primera parte, Pleamar, refleja el relato por boca de la mujer. La segunda, La huida, es testimonio del hombre. El título conjunto de este díptico es Rompientes.


Equipo



Autoría
Paul Verrept


Dirección
José María Esbec
Ayudante de Dirección
Fernando Mercè


Producción
Teatro de La Abadía, Lazona
Producción Ejecutiva
Laura Iglesias, Elisa Fernández


Reparto
Fernando Guallar, Rebeca Hernando
Escenografía
Petros Lappas, José María Esbec




Iluminación
Bibiana Cabral


Música
Alberto Granados
Espacio Sonoro
Alberto Granados


Traducción
Ronald Brouwer
Distribución
Julio Municio


Vestuario
Paola de Diego




















Web Oficial
https://www.teatroabadia.com/espectaculo/rompientes/#caja-masinfo












Fecha del Estreno: 05/03/2026

Teatro: Teatro de la Abadía

Sala:  Sala José Luis Alonso

Duración en minutos: 90

 


Diego Doncel, «Una obra tan lúcida como perturbadora, tan dolorosa como catártica», ABC [8/10]

Bea López, «Fernando Guallar: ‘La empatía es una forma de vida y una decisión política’”, Teatro Madrid

Alberto Morate, «La tragedia social deriva en conflicto íntimo, en visiones distintas de un mismo hecho. En una puesta en escena con un texto altamente poético, donde vienen a decirnos, que hay que mojarse, que no valen solo los lamentos y, mucho menos, los silencios», Todo Literatura

Luis de Luis Otero, «José María Esbec dirige con mano cierta y sensible una sinfonía para dos en la que la pareja se deshace al ser puesta en evidencia , al ser exigida y provocada, al ser desmenuzada por una pleamar incesante, honrada e inclemente», Prensa Social

Iñaki Sarriugarte, «Rompientes es una función para ver, digerir y reflexionar. La obra es dolorosa. El caos emocional de ambos invade al espectador», Madrid es Teatro [6/10]

Diego da Costa, «El texto goza de una gran calidad en su contenido, forma y estilo», Cinemagavia [6/10]

 


Rompientes

«Rompientes no es una obra sobre el mar. Es una obra sobre lo que el mar devuelve. Sobre aquello que aparece cuando ya no podemos seguir mirando hacia otro lado»

Julio Vélez Sainz

0 comentarios

Compartir