"Para ti, Carmen" y para nosotros Nada, un regalo ochenta años después
Crítica de Nada

Apenas tenía Carmen Laforet 23 años cuando Nada, la novela que se convertiría en un clásico del siglo XX, mereció el premio Nadal de 1944. Han pasado ya más de ochenta años desde que aquella mujer joven proyectara con inesperado fulgor su sombra en la historia de la literatura. Tardó casi una década en volver a publicar: no lo hizo hasta 1952 con La isla y los demonios. El resto de su obra quedó opacada por el éxito de su primera obra, aunque seguramente se explique mejor esta circunstancia comprendiendo bien los agentes del campo socioliterario del pasado siglo. Pero Laforet irrumpió en el panorama con un pan debajo del brazo, pues a partir de entonces las mujeres dejarían de ser una rara avis en este tipo de galardones. Baste recordar a Eulalia Galvarriato, que quedó finalista del Nadal al año siguiente con Cinco sombras, o tantas otras que comenzaron a forjarse una carrera literaria con la obtención de premios: Matute, Martín Gaite, Soledad Puértolas, Almudena Grandes…
El teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional quiso recordar en el 2024 el hito literario adaptando la novela al teatro, algo de lo que se encargaron Beatriz Jaén, responsable de la dirección, y Joan Yago, de la adaptación. El tándem ya había colaborado en otras ocasiones con muy buenos resultados. Fue un exitazo la Breve historia del ferrocarril español, estrenada en el 2022 en la sala de la Princesa del mismo teatro, que le valió a Jaén el premio a directora emergente de la Asociación de Directores de Escena. Y este último estreno juntos no se queda nada atrás (ba dum tss…).
Que la novela cuente con una gran cantidad de diálogos y, en algunos casos, un ritmo cinético pudiera jugar en pro de un montaje dinámico, pero no son suficientes las veces que eso ocurre en las casi trescientas páginas como para conjeturar que la empresa era fácil. Lo cierto es que pintaban bastos para una tarde amena. El horizonte era complicado: tres horazas por delante de la adaptación teatral de una novela cuyo fondo, el plúmbeo ambiente de la posguerra, es el reflejo retórico en su forma, huyendo de un pasar rápido las páginas. Seguramente este aspecto ha sido uno de los más trabajosos de enmendar, pero la directora supo valerse de los recursos escénicos necesarios para traducir al teatro esta cualidad literaria de la novela. Tal ambiente lo creó a través de un espacio sonoro genial, diseñado por Luis Miguel Cobo, y, sobre todo, de una iluminación elocuente, pues Enrique Chueca, con ayudantía de Andrea Burgos, consigue transmitirnos el tono de la novela ―ese montón de asuntos tratados de manera velada― al apostar por los claroscuros. También la escenografía caminó en esa dirección. Por un lado, unos muros que recordaban a las dos partes de un libro abierto por la mitad. Por el otro, el mobiliario de una casa que pareciera que se deja atrás: sillas sobre muebles, muebles sobre muebles, un viejo piano, un gran socavón… En palabras de la propia Andrea: «de la casa de la calle Aribau no me llevaba nada. Al menos así creía yo entonces». Pero vaya si se llevaba. Al menos, una maleta repleta de penas, aunque esperanzada.
En otros aspectos, la traducción al lenguaje escénico, de nuevo, fue acertada: lo tácito siguió tácito, pero también a través de los cuerpos de las actrices, por ejemplo, el de Andrea y Ena. Aquello que en la novela se esconde entre los renglones del papel se reimprimió sobre las tablas con una caricia o una miranda profunda, un beso cerca de la comisura de la boca o un rozarse las manos al cruzarse… Todo ello demostró la sensibilidad ―no tan común― con la que Jaén y Yago se imbuyeron del universo literario creado por Laforet para este trabajo. Con un «Para ti, Carmen», concluye Jaén la nota de dirección del programa de mano. Es para Carmen, sí, pero también para los que, ocho décadas después, disfrutamos con espíritu aniñado ante creaciones de tal delicadeza.
Nada inauguraba una estela literaria realista en la década de los cuarenta y, de manera sorprendente, en ese mismo código ―escénico en este caso― se nos ha representado el título, a pesar de la escasez de esta corriente de representación en la actualidad. Esta decisión, creo, beneficia a la propuesta, pues favorece una aproximación a asuntos como el de la violencia sexual y de género desde un punto de vista poco dirigido, siempre de agradecer en teatro. El tema de la violencia, especialmente la ejercida contra la mujer, es central en la obra, ya novela, ya pieza teatral. Jaén y Yago nos lo dejan claro desde el propio comienzo. Ya no es Andrea quien estrena el texto narrando su solitaria bienvenida a Barcelona (Recordemos: «Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado y no me esperaba nadie».). El montaje, por el contrario, se inaugura con una prolepsis que nos muestra su apuesta creativa, su esencia: una agresiva disputa familiar que se irá repitiendo a lo largo de la obra. Como en el procesar de un pensamiento inductivo, la agresiva disputa familiar desvela, en realidad, los horrores de la contienda fratricida. De la Guerra Civil. A la que solo se alude de forma explícita con la mención a unos barcos hundidos en el mar que se ven desde Montjuïc, pero que, sin embargo, es el problema del que nace la historia.
Los desastres de la guerra ―había que mentar a Goya― condicionan las acciones de todos los personajes y Beatriz Jaén ofreció una buena lección de dirección actoral. Pero para lección la que dieron todos y cada uno de los miembros del elenco: Carmen Barrantes, Jordan Blasco, Pau Escobar, Laura Ferrer, Manuel Minaya, Amparo Pamplona, Júlia Roch, Julia Rubio, Andrea Soto y Peter Vives. El trabajo de Júlia Roch, todo sea dicho: chapeau. Enérgica, demostró un manejo elogiable del cuerpo sobre el escenario, pues tenía un buen reto por delante, sobre todo si tenemos en cuenta el doble plano en el que se movía el personaje: contar su historia y, a la vez, revivirla. Algo que también se resolvió estupendamente gracias a la dirección. También me cautivó la actuación de Julia Rubio, un personaje esencial en el desarrollo de la trama y acción, pero del que no hay demasiada información en el material literario. Si bien construir una buena Ena era difícil, Rubio lo hizo con creces. Es ella quien, considero, mejor pasó por el cuerpo esa gama de grises que es Nada, a través de sus acciones y de su manera de interpretar junto a los diferentes personajes con los que se relaciona. De Laura Ferrer, aparte de que, como demuestra cada vez que se sube a un escenario, es embaucadora, poco más hay qué decir, chica, por valerme de una de las coletillas de su personaje. Transmite su historia a la perfección, hasta el punto de competir en relevancia con la que narra Andrea sobre esos primeros meses en la universidad. El elenco todo actúa en armonía, generando una perfecta sinergia entre todos los elementos de la puesta en escena, que es, por decirlo con Valle, brillante, hambrienta, y nada absurda.
En fin: ¡bravo todo, todas, todos…!
Sinopsis
Equipo
Autoría
Carmen Laforet
Dirección
Beatriz Jaén
Ayudante de Dirección
Romeo Urbano
Adaptación
Joan Yago
Producción
Centro Dramático Nacional
Reparto
Carmen Barrantes (Angustias), Jordan Blasco (Iturdiaga /Jaime), Pau Escobar (Pons), Laura Ferrer (Gloria), Manuel Minaya (Juan), Amparo Pamplona (Abuela), Júlia Roch (Andrea), Julia Rubio (Ena), Andrea Soto (Antonia / Madre de Ena), Peter Vives (Román)
Escenografía
Pablo Menor Palomo
Construcción de Escenografía
READEST
Ayudante de Escenografía
Alberto González Araujo
Iluminación
Enrique Chueca
Movimiento
Natalia Fernandes
Música
Luis Miguel Cobo
Espacio Sonoro
Luis Miguel Cobo
Fotografia
Bárbara Sánchez Palomero (fotografía y tráiler), Margo García (vídeo)
Vestuario
Laura Cocar
Ayudante de Vestuario
Sara Lamadrid
Realización de Vestuario
Raquel Bermúdez (confección), Marucha G. Mateos (moda técnica), Henar Iglesias (sombrerea plumista)
Diseño del Cartel
Emilio Lorente
Fecha del Estreno: 08/11/2024
Teatro: Teatro María Guerrero. Centro Dramático Nacional
Sala: Sala Grande
Duración en minutos: 180
Género Teatro
Nada
«Con un ‘Para ti, Carmen’, concluye Jaén la nota de dirección del programa de mano. Es para Carmen, sí, pero también para los que, ocho décadas después, disfrutamos con espíritu aniñado ante creaciones de tal delicadeza»
Izan García Baumbach

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