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El jardín de los cerezos-Cherry Bomb

Crítica de El jardín de los cerezos

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Andrés Narganes
Máster en Teatro y Artes Escénicas

Antes de convertirse en la estrella del rock que todos conocemos, Joan Jett (sí, la de “I Love Rock’n’Roll…”) formaba parte del  grupo The Runaways (no había traducción tan directa de band en aquellos tiempos como hoy). Un gran éxito de la banda fue la canción Cherry Bomb (“tema” se reservaba entonces al género melódico). La expresión cherry bombpuede significar muchas cosas, pero todas podrían tener algo en común; implican cierta transformación de energía, estado, sabor, etc. Para Jett el cambio fue claro.

Esa migración explosiva también está presente en la primigenia concepción escénica de El Jardín de los Cerezos. Es conocida la controversia respecto al género de la obra entre Chéjov y Stanislavski y, por ende, su puesta en escena. El primero, como se señala en la edición escrita, habla de una comedia en cuatro actos; el segundo, como es conocido, ignoró la clasificación de aquél pese a sus protestas.

Nos hallamos ante la obra más representada del autor ruso, quizás por su carácter proteico; y en 2026 nos volvemos a enfrentar con otra transformación de los cuatro segmentos temporales en los que se desarrolla la acción –o inacción- que protagonizan  los personajes de Chéjov. En esta instancia, la ocasión no está en absoluto desaprovechada.

Es común para muchas personas la comparación de esos personajes con un cisne. Por fuera apreciamos cierto estatismo, falta de emoción, elegancia; mientras que lo que pasa por debajo del agua en el caso del cisne, en el interior de las actrices o actores, es un frenético movimiento de patas o de emociones, respectivamente. Aquí se produce el primer estallido. Las emociones encuentran una expresión gestual muy marcada, y las miradas revelan puntos de vista sobre el otro que dan una información clara, sin posibilidad de ambigüedades.

Esta exposición afecta a múltiples aspectos en la función dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente en versión de Ignacio García May. También al vestuario, de factura elaborada; y a la iluminación y el sonido, que acompañan un espacio escénico a veces plano, a veces inmenso e inabarcable para el público, a veces situado a su espalda. Sin olvidar las proyecciones laterales que dan nombre y sitúan temporalmente cada acto.

No obstante, no hay nada que se pueda dar por sentado en la puesta en escena, en las interpretaciones, en la dirección o en el sonido, el vestuario o la luz que habitan el teatro Fernán Gómez. Las vueltas de tuerca de la propuesta condicionan continuamente las mentes y los cuerpos del respetable, obligados a adivinar formas en o tras las gasas o en los lejanos confines del escenario, afrontado por personajes en proscenio que nos hacen pensar por un momento que el jardín a talar pudiéramos ser nosotros, responsables de si miramos o no qué sucede allá a lo lejos o a nuestras espaldas, invitados a considerar si las rupturas de estilo afectan al decoro debido al clásico, depositarios en fin de una memoria inútil para nuestro devenir, intuyendo que no llegaremos a ser.

El público, aludido, conversó mucho de camino a la salida. Si esa es una de las funciones más importantes del teatro, el objetivo está sobradamente cumplido. Para verificar el efecto transformador de esta cherry bomb quizás tendríamos que abandonar, como los personajes de Chéjov, nuestra propia historia. Pero aunque nos invite a ello, la poética del Absurdo no toca, ilógicamente después de esta puesta en escena, esta noche.


Sinopsis

El jardín de los cerezos de Antón Chéjov. Producción propia del teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Fue estrenada en el Teatro de Arte de Moscú el 17 de enero de 1904, con dirección de Konstantín Stanislavski y protagonizada por Olga Knipper, la mujer de Chéjov. Ciento veinte años después de aquel estreno, Chéjov se ha convertido en un clásico del drama universal y su teatro se nos ha ido desvelando con el paso del tiempo y hoy entendemos un poco más su universo.

Chéjov no sólo habla de la Rusia de finales del siglo XIX, sino de personas desorientadas y perplejas en medio de una encrucijada o un laberinto que les aturde, les noquea. Y tienen miedo, mucho miedo, y engañan la vida mientras exponen sus anhelos más elevados, los propósitos más dignos, pero sin voluntad para ejecutarlos. En nuestro siglo XXI, cargados de interrogantes sobre cómo va a ser nuestra existencia, a las puertas de un nuevo tiempo, nos encontramos con El jardín de los cerezos, más vigente que nunca.
Juan Carlos Pérez de la Fuente (Director artístico del Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa)

La sombra del jardinero

El jardín de los cerezos cuenta la historia de una familia expulsada del Paraíso. Se trata, al mismo tiempo, de un espacio real (en rigor, el huerto de una finca en estado de ruina económica) y de otro recordado: una infancia feliz. La negligencia con la que ha sido gestionada la finca ha provocado que la única solución para su rescate pase, irónicamente, por su destrucción. Por eso los personajes chejovianos se ven atrapados en un dilema típico de la sociedad moderna: quedarse es perder el paraíso, pero vender la finca, también. Así que optan por instalarse en la acedía, esperando que las cosas se solucionen solas. En medio de esta catástrofe, sólo el joven estudiante Trofimov vislumbra la posibilidad de un retorno al Edén cuando declara que la salvación pasa por trabajar y dejar algo de felicidad para que la recojan quienes vienen detrás. No en vano, un proverbio chino nos explica que el mejor fertilizante es la sombra del jardinero.
Ignacio García May (Adaptador del texto de la obra)


Equipo



Autoría
Anton Chéjov
Versión
Ignacio García May
Dirección
Juan Carlos Pérez de la Fuente
Ayudante de Dirección
Abel Ferris


Producción
Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa, Octubre Producciones S.L.




Reparto
Juanma Cifuentes, Carmen Conesa , Helena Ezquerro, Chema León Manuel Maciá , Borja Maestre, Cristina Marcos , Markos Marín, Noelia Marló, Chema de Miguel , José Gonçalo Pais, Marta Poveda Jesús Torres, Maribel Cuadra, Pablo Méndez Lobo, Sonia Molina Leivinson, Elena Jerez, Marta Alonso, Jorge Tasende, Abel Ferris
Escenografía
Juan Carlos Pérez de la Fuente, Isi Ponce




Iluminación
José Manuel Guerra
Movimiento
Guillermo Weickert


Espacio Sonoro
Ignacio García
Fotografía
Javier Naval






Vestuario
Rosa García
Ayudante de Vestuario
Rocío León
Realización de Vestuario
Rosa García Andújar


Diseño del Cartel
Javier Naval






Efectos Especiales
Alejandro García May
Videoescena
Violeta Nêmec


Web Oficial
https://www.teatrofernangomez.es/actividades/el-jardin-de-los-cerezos




Maquillaje
La Kasa del Maquillaje






Fecha del Estreno: 15/02/2026

Teatro: Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa

Sala:  Sala Guirau-Sala Polivalente

Duración en minutos: 140

 


Javier Vallejo, “La contemporaneidad de ‘El jardín de los cerezos’ ”, El País

Diego Doncel, “ ‘El jardín de los cerezos’: si Dios pudiera ayudarnos”, ABC

Raúl Losanez, “Crítica de ‘El jardín de los cerezos’: Chéjov y la pereza existencial”, La Razón

 

 


El jardín de los cerezos

«Las emociones encuentran una expresión gestual muy marcada, y las miradas revelan puntos de vista sobre el otro que dan una información clara, sin posibilidad de ambigüedades»

Andrés Narganes

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