Del fandom al troleo: una obra que se devora a sí misma
Crítica de Del fandom al troleo. Una sátira del bla bla bla

Para alguien de mi edad, Del fandom al troleo produce una sensación bastante extraña: muchas de las cosas de las que habla no necesitan explicación. El miedo a quedarse fuera, la obligación de tener una opinión sobre todo, la competitividad extrema, el cansancio de intentar ser interesante y la salud mental convertida casi en una conversación diaria forman parte del paisaje. Lo sorprendente es que Berta Prieto no utiliza estas preocupaciones para construir una obra “para jóvenes”. El tratamiento es mucho más adulto y, precisamente por eso, resulta especialmente reconocible para un espectador adolescente.
El punto de partida ya contiene una broma muy seria. Paula Miró decide iniciar una transición para ser tonta y dejar de sufrir. Cree que su angustia nace de pensar demasiado. Ximena White, guionista y directora ambiciosa, convierte su historia en un biopic pensado para llegar a una gran plataforma. Una quiere desaparecer dentro de su propia simplificación; la otra necesita producir, explicar y convertir una experiencia en relato. Entre las dos aparece una pregunta bastante incómoda: ¿qué ocurre cuando incluso el malestar tiene que ser útil, comunicable y, si es posible, exitoso?
La obra podría haberse limitado a una sátira generacional sobre el overthinking. No lo hace. Su verdadero riesgo está en la forma. La incertidumbre sorprende constantemente porque, cada vez que el espectador cree haber entendido qué tipo de obra está viendo, el marco vuelve a romperse. Sin embargo, el hilo conductor no desaparece. Esa combinación es difícil: desorientar sin perder al público.
Hay varias obras dentro de Del fandom al troleo. Hay una historia sobre Paula, una película dentro de esa historia, un concierto, una performance y momentos en los que la propia representación parece observarse desde fuera. Las capas no funcionan como muñecas rusas perfectamente ordenadas. Más bien se acumulan, chocan y terminan abriendo grietas entre ellas. La trama aumenta en complejidad hasta que la pregunta deja de ser qué va a ocurrir con Paula o Ximena y pasa a ser cuánto tiempo puede seguir sosteniéndose la ficción.
La obra no rompe simplemente la cuarta pared. Rompe el marco narrativo, lo vuelve a construir y después rompe el siguiente. Los personajes empiezan a contaminarse con las intérpretes; la representación comenta sus propios mecanismos; una escena parece pertenecer a una dimensión y la siguiente obliga a reinterpretarla desde otra. El espectáculo se convierte en un viaje por esas rupturas. El espectador aprende muy pronto que no debe confiar demasiado en el nivel de realidad en el que se encuentra.
Esa alienación narrativa no es un juego formal separado del contenido. Tiene mucho que ver con la sociedad que la obra está criticando. También nosotros saltamos constantemente entre relatos: el perfil profesional, la vida privada, las redes, la opinión política, la identidad que presentamos a los demás. Cada espacio exige una versión distinta de la misma persona y todos parecen reclamar atención al mismo tiempo. Del fandom al troleo lleva esa multiplicación al escenario hasta que la propia narración empieza a mostrar síntomas de agotamiento.
Al principio, los problemas parecen individuales. Paula piensa demasiado. Ximena quiere triunfar. Otras figuras buscan atención, reconocimiento o una forma de justificar su existencia. Se puede reír de cada conflicto por separado. Pero, a medida que la función avanza, esos problemas empiezan a conectarse. La autoexigencia, la exposición constante, el miedo a desaparecer de la conversación y la necesidad de producir algo valioso dejan de parecer defectos personales. Adquieren una dimensión social.
Ahí está una de las imágenes que más me dejó la obra. Su deterioro se parece a ver una flor marchitarse en directo. Al principio se distinguen las partes: un personaje, un trauma, un deseo, una broma. Después todo empieza a perder forma. La sociedad que ha producido la ansiedad de los personajes parece entrar también en la estructura de la función. La contamina. La obliga a acelerar, a añadir estímulos, a explicarse, a volverse más compleja. Ya no estamos viendo solo cómo se deteriora una protagonista. Estamos viendo cómo se deteriora el relato que intenta contenerla.
La sátira impide que esta idea se convierta en una conferencia sobre salud mental. La función es muy divertida. La música, el cambio constante de lenguaje escénico y el trabajo coral de Belén Barenys, Roser Dresaire, Judit Martín, Irene Moray y Laura Roig mantienen una energía que hace que el exceso sea disfrutable incluso cuando empieza a resultar incómodo. Prieto entiende que hablar del agotamiento contemporáneo con solemnidad absoluta sería casi reproducir otro de los problemas que critica: la obligación de convertir cada malestar en un discurso importante.
Quizá por eso la obra tiene un gusto tan claro por llegar a un público joven sin infantilizarlo. No intenta imitar el lenguaje de TikTok para demostrar que sabe lo que hacen los adolescentes. Lo que reconoce es algo más profundo: la sensación de competir incluso cuando nadie ha convocado una competición. Hay que ser bueno, pero también visible; tener intereses, pero además saber presentarlos; cuidar la salud mental, pero convertir ese cuidado en otra tarea; descansar, pero aprovechar bien el descanso. El FOMO ya no consiste únicamente en perderse una fiesta. También puede ser el miedo a que los demás estén construyendo una vida mejor mientras uno se detiene.
Por eso el tratamiento es adulto. Del fandom al troleo no tranquiliza al espectador ni ofrece una lista de soluciones. Tampoco decide que la estupidez sea realmente una forma de salvación. Se limita a llevar la lógica del agotamiento hasta sus últimas consecuencias y observar qué ocurre. La respuesta es cada vez más cercana a la locura.
El descenso final resulta especialmente potente porque termina destruyendo a la propia obra. La ficción ha acumulado tantos niveles, relatos y estímulos que acaba comportándose como un agujero negro. Todo lo que había construido es absorbido por su centro. Los personajes, las películas, las ideas y las formas escénicas dejan de bastar. Tras la cortina quedan las propias actrices y, en el vídeo final, sus deseos. Es un final extraño porque no ofrece una solución narrativa: ofrece un resto humano.
Ese resto cambia retrospectivamente la función. Después de pasar tanto tiempo viendo personajes que convierten sus problemas en discursos, productos o identidades, terminamos frente a personas que expresan deseos mucho más sencillos. La obra ha necesitado destruirse para llegar hasta ellas. Como si todas las capas de relato que construimos para sobrevivir en público tuvieran que colapsar antes de que pudiera aparecer algo reconocible como verdadero.
Al salir del teatro seguía pensando en la manera en que la función había ido perdiendo el control sin perderme a mí como espectador. Esa es, para mí, su mayor virtud. Del fandom al troleo empieza reflejando inquietudes que cualquier joven puede reconocer y termina utilizando esas mismas inquietudes para deformar su propia estructura. No habla solo de una generación cansada. Hace que la obra se canse delante de nosotros.
Y quizá por eso funciona tan bien. La función empieza con personas que no pueden dejar de pensar y termina con una ficción que ya no puede seguir sosteniendo todo lo que ha pensado. Entonces se rompe. Y, cuando por fin deja de hablar, quedan los actores. Después de tanto bla bla bla, lo más radical termina siendo ver quién sigue ahí.
Sinopsis
Equipo
Berta Prieto
Dirección
Berta Prieto
Ayudante de Dirección
Lola Rosales
Producción
Sala Beckett
Reparto
Belén Barenys, Roser Dresaire, Judit Martín, Irene Moray, Laura Roig
Escenografia
Paula González
Iluminación
Gabriela Bianchi
Movimiento
Alba Sáez
Música
Belén Barenys, Núria Barrientos
Espacio Sonoro
Núria Barrientos; Iker Rañé
Fotografía
Celina Martins, Eduard Sales
Vestuario
Chloe Campbell
Caracterización
Sandra Tosca
Videoescena
Victor Diago
Web Oficial
https://www.teatroabadia.com/espectaculo/del-fandom-al-troleo/ https://www.salabeckett.cat/es/activitat-resta/del-fandom-al-troleo-una-satira-del-bla-bla-bla-en-el-teatro-de-la-abadia/
Idioma
Español
Fecha del Estreno: 28/11/2025
Teatro: Teatro de la Abadía
Sala: José Luis Alonso
Duración en minutos: 100
Género Comedia Satíríca; Autoficción
Del fandom al troleo. Una sátira del bla bla bla
«El descenso final resulta especialmente potente porque termina destruyendo a la propia obra. La ficción ha acumulado tantos niveles, relatos y estímulos que acaba comportándose como un agujero negro. Todo lo que había construido es absorbido por su centro»
Rodrigo Vélez Mesonero

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