Cumpleaños
Crítica de Cumpleaños

La novelista y periodista española Luisa Carnés (Madrid, 1905-México D.F., 1964) encarna, sin lugar a duda, el paradigma de la escritora olvidada de la generación del 27[1]. Si bien se le podría considerar una escritora feminista del movimiento de “las Sinsombrero” por méritos propios[2], ni ha sido incluida tradicionalmente en este grupo ni ha tenido el merecido reconocimiento que sí han conseguido otras escritoras señeras de este periodo como Concha Méndez, María Teresa León o Rosa Chacel, a pesar de ser una de las narradoras más innovadoras de su generación. Hay que recordar que “las Sinsombrero” iniciaron su famosa protesta de quitarse el sombrero para salir a la calle a partir del gesto reivindicativo que hicieron Maruja Mallo, Margarita Manso y Federico García Lorca en la Puerta del Sol de Madrid a principios de los años veinte. Estos artistas se quitaron el sombrero para desafiar los códigos de vestimenta en los lugares públicos que prescribían el uso de este accesorio. Paradójicamente, Carnés empezó a trabajar a los once años por las necesidades económicas de su familia en el taller dedicado a la confección de sombreros de su tía Petra. Así pues, la joven Luisa cosía los sombreros que una vez se quitaron en un acto de rebeldía las denominadas artistas “Sinsombrero” y, a pesar de que podía formar parte de este grupo artístico de preguerra por su contribución literaria de calidad, quizás sus orígenes obreros y su conciencia de clase contribuyeron, de alguna forma, a esta inexplicable omisión.
Por otro lado, la guerra civil, su exilio forzado y la práctica desaparición de su obra de la escena literaria marcaron de forma definitiva su ausencia en la historiografía literaria española contemporánea. Sin embargo, hay que poner de manifiesto que las tres novelas que publicó en España antes de su exilio, Peregrinos del Calvario (1929), Natacha (1930) y Tea Rooms. Mujeres obreras (1934), tuvieron críticas muy laudatorias. En esta primera etapa de su creación literaria, destacan su gran potencial literario, una enorme fuerza narrativa y su gran capacidad expresiva[3]. Desde su juventud, Carnés fue una mujer muy adelantada a su época y claramente reivindicativa en cuanto a los derechos de las mujeres y a la necesidad perentoria de justicia social. Su visión de la escritura estaba marcada por el compromiso social más allá de otras cuestiones de índole estético. A pesar de su temprana pasión por la literatura, era consciente de su escasa formación académica y asumió desde muy joven que tenía que educarse con su propio método autodidacta basado en la lectura ávida de los clásicos de la literatura universal y en la observación de las técnicas narrativas de los grandes maestros de la novela europea. De este modo, Carnés trabajaba por las mañanas y por las noches leía y escribía sus primeros relatos.
En su extraordinaria obra, se abordan temas como la maternidad, el matrimonio, el divorcio, la educación y el trabajo de la mujer, el aborto, el sufragio femenino, el exilio, y el racismo, entre otros, en un marco ideológico en el que se constata su militancia republicana y compromiso feminista activo y decidido con la sociedad de su tiempo. En este sentido, hay que destacar que la escritora se dirige, en el primer periodo de su andadura literaria, a las mujeres trabajadoras con un claro propósito social. Desafortunadamente, en 1939 tuvo que partir hacia el exilio, como muchos otros escritores españoles, para salvar su vida de la represión franquista en un largo éxodo que la llevó, en primer lugar, a Cataluña y a Francia para finalmente establecerse en México, país que le brindó un hogar estable en el exilio. En su precipitado viaje, tan solo pudo llevarse una cartera con sus relatos inéditos y su deseo decidido y activista de narrar el doloroso tránsito de una ciudadana española de pleno derecho a una exiliada desplazada en Francia y México. En la capital azteca se dedicó principalmente al periodismo, actividad que conocía a la perfección porque la había ejercido previamente en Madrid y a escribir novelas, teatro y obras de carácter autobiográfico[4]. En esta segunda etapa de su carrera literaria se constata un cambio muy importante en su narrativa, ya que sus intereses se van a enfocar en describir su experiencia de exiliada y en “ofrecer testimonio de lo vivido.”[5]
No cabe duda de que, a principios del siglo XXI, se ha producido un afortunado reconocimiento paulatino del legado de Carnés en el que ha tenido un papel fundamental su famosa novela Tea Rooms. Mujeres obreras (1934) fruto de su experiencia laboral como camarera en una pastelería y salón de té de la capital madrileña. Esta obra extraordinaria fue reeditada en 2016 gracias a las investigaciones del historiador Antonio Plaza Plaza que ha logrado recuperar con gran dedicación y entusiasmo gran parte de su legado literario desde 2002. Asimismo, es preciso mencionar que en el año 2023 televisión española empezó la emisión de la serie Salón de té la moderna, que es una adaptación libre de la novela de Luisa Carnés. Este hecho, sin duda, va a contribuir a difundir su obra de una forma definitiva dada la audiencia de la televisión pública española y la emisión de la serie en su canal internacional. Por lo tanto, cabe esperar que se divulgue no solo esta novela paradigmática de la autora sino otras obras de carácter autobiográfico y teatral.
El monólogo “Cumpleaños”[6] se ha estrenado el 22 de enero de 2026 en el Teatro Español de Madrid, sesenta años después de su publicación en México en 1951[7]. En la dramaturgia que hemos visto en escena, la directora adapta el texto original a nuestros días en cuanto al vocabulario y al uso, por ejemplo, de elementos escénicos como el móvil. Asimismo, la dramaturgia se sustenta en dos fragmentos extraídos de dos relatos de Luisa Carnés, “Un año de matrimonio” y “El día más feliz”. No cabe duda de que, en este monólogo, interpretado magistralmente por Mamen Camacho, se muestran de manera directa y, en algunos casos hasta cruel, la crisis y el despertar de una mujer madura burguesa que se enfrenta de forma directa y sin paliativos a la realidad de un matrimonio fallido y agotado, a su irrelevancia como madre y al vacío existencial, que se visualizan en escena, entre las cuatro paredes de su habitación. El ambiente sofocante de la habitación está escenificado con todos los elementos propios de un espacio femenino: un tocador con espejo, un armario repleto de ropa, maquillaje, un diván, un biombo y un perchero. De hecho, uno de los grandes aciertos de la puesta en escena es, precisamente, cómo Eva, la protagonista, tiene que abrir el ventanal para poder respirar profundamente durante el cuestionamiento de su vida y su transformación emocional. En ocasiones, Eva habla de la muerte y el espectador intuye que está considerando muy seriamente suicidarse. Al principio parece muy segura sobre la decisión que ha tomado, ya que su matrimonio con Andrés está muy deteriorado por sus infidelidades y la consecuente frialdad. La soledad en la que está sumida Eva y su crisis existencial, la llevan a cuestionar todo aquello en lo que se ha sustentado su vida fracasada como mujer y madre. Sin embargo, el monólogo dramático no culmina con este acto violento, sino que deja un resquicio abierto hacia el despertar de la protagonista a una nueva vida, una vez que Eva ya se ha enfrentado a todos sus miedos y desengaños. En escena vemos, una y otra vez, cómo Eva se cambia de ropa y de maquillaje de forma compulsiva, escenificando el miedo a envejecer, la importancia absoluta del cuerpo de la mujer como único bastión de su identidad social, y su decadencia e irrelevancia social. El maquillaje de Eva es una suerte de disfraz social con el que oculta todo aquello que no le gusta de su rostro y de su vida y que opera paradójicamente como un recurso metateatral, ya que es fundamental en la transformación de una actriz para interpretar el papel de esa mujer agotada e invisible para la sociedad. En este sentido, la directora y dramaturga Laura Garmo, señala muy acertadamente que uno de los temas más importantes de la obra “es el miedo a envejecer y la presión estética en una sociedad que examina constantemente la belleza en la mujer”. Es quizás este aspecto el que Carnés destaca de manera insistente en el monólogo y la acertada dramaturgia incide, una y otra vez, con la escenografía, los cambios de vestuario y los movimientos repetitivos de la actriz en escena en esta cuestión vital para la protagonista.
Finalmente, en un desenlace inesperado, una llamada de teléfono providencial le desvela a Eva que sus hijos han salido ilesos en un accidente de avión cuando iban a desplazarse precisamente para verla y felicitarle el cumpleaños. La alegría que le produce esta noticia la hacen reconsiderar su decisión inicial y, como señalábamos previamente, no comete ese acto desesperado contra su propia vida.
En cuanto a la estructura formal del monólogo, escuchamos el fluir de la conciencia de la protagonista de forma fragmentaria e inconexa que nos recuerda, en ocasiones, a la voz modernista de Virginia Woolf en su obra La Sra. Dalloway. Del mismo modo, hay una clara influencia del surrealismo teatral en la obra de Carnés, en la medida en la que la voz de Eva discurre, en ocasiones, de forma inconexa en una atmósfera onírica donde sus pensamientos más íntimos surgen fragmentariamente. No es esta una cuestión baladí en tanto en cuanto, la protagonista está realizando un acto confesional doloroso, auténtico y de carácter íntimo desde lo más profundo de su experiencia como mujer y madre.
Por último, este breve monólogo escrito en el exilio indaga de forma intimista y precursora en las cuestiones vitales de las mujeres que, en los años sesenta, llevarían la voz reivindicativa en las manifestaciones feministas de los países occidentales en los que había libertad para cuestionar el matrimonio y la maternidad tradicionales. De esta forma, Carnés, una vez más alza su voz desde el exilio, como ya hizo en los años treinta en su país, sobre cuestiones vitales para la mujer de las que no se podía hablar abiertamente en la España de los años sesenta.
[1] La generación del 27 tradicionalmente ha sido un movimiento literario en el que se han incluido a nombres del canon literario masculino como Federico García Lorca, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Jorge Guillén, entre otros muchos. Las mujeres de esta generación han sido invisibilizadas hasta hace, al menos, dos décadas. Así pues, se han recuperado a artistas señeras como María Zambrano, Concha-Méndez Cuesta, Rosa Chacel, María Teresa León y Luisa Carnés, entre otras muchas mujeres que formaron parte de este grupo literario tan significativo.
[2] Balló, Tania. Las Sinsombrero. Sin ellas la historia no está completa. Barcelona: Espasa Libros, 2016. 22-26.
[3] Forunge Castaño, Sol. “De Barcelona a la Bretaña francesa y El eslabón perdido.” En Voces de escritoras olvidadas. Antología de la guerra civil y del exilio, editado por Carmen Mejía Ruíz y M. J. Piñeiro Domínguez, 163-186. Madrid: Guillermo Escolar, 2021. 165.
[4] Plaza Plaza, Antonio. “Introducción” en De Barcelona a la Bretaña francesa. Memorias. Sevilla: Renacimiento, 2014. 69-72.
[5] Forunge Castaño, “De Barcelona a la Bretaña francesa,” 167.
[6] Fue publicado por primera vez en el exilio en 1951 en las páginas del suplemento cultural del diario mexicano El Nacional. Tras el fallecimiento de la escritora, se publicó en forma de libro en la editorial mexicana Ecuador 0º 0’ 0” en 1966.
[7] Véase la magnífica edición de esta obra en Cumpleaños, Los bancos del Prado, Los vendedores de miedo, Madrid: ADE, (2002) con estudios introductorios de José María Echazarreta y Antonio Plaza.
Sinopsis
Podemos afirmar que Luisa Carnés se ha vuelto a convertir en una de las escritoras más interesantes del s. XX español. Ha sido necesario tener acceso a las reediciones de sus obras para que nos demos cuenta de su calidad literaria y una emocionante perspectiva social, que casi un siglo después, nos sigue fascinando.
Eva, la protagonista de esta obra, ante la llegada de su cumpleaños decide enfrentarse a sus miedos y se plantea una decisión vital. Eva es prisionera de un espacio doméstico burgués, muy diferente a los hogares miserables, donde se encuentran la mayoría de los personajes de Carnés. Sin embargo, Eva siente el mismo vacío, la misma imposibilidad de reconocerse.
“Me parece estar frente a una puerta cerrada, detrás de la cual yo sola sé lo que existe. Mejor dicho lo que no existe”, dice Eva.
La condición femenina es uno de los temas fundamentales en la obra de Carnés y en este texto pone de manifiesto que las opresiones que sufren las mujeres no son solo de clase. El matrimonio, se presenta como la forma más eficaz de empujar a las mujeres a relegarse voluntariamente, siguiendo un espejismo de felicidad, y esto les impide pensarse fuera del papel de esposas y madres.
Tanto Natacha como Eva meditan sobre el suicidio que brota de las penas que conlleva vivir en un cuerpo femenino, y la libertad para elegir entre vida y muerte se presenta como única rebelión posible para salir del espacio de opresión en el que se encuentran, ya sea el laboral o el doméstico.
Luisa Carnés escribe esta pieza teatral en 1966 y nos adelanta temas que siguen vigentes a día de hoy. El cuerpo de la mujer solo es visible y reconocido en función de la mirada masculina y cuando esta mirada se pierde, como le sucede a Eva, aparecen los monstruos: el miedo a envejecer, la inconsistencia del matrimonio y las ilusiones incumplidas de juventud.
Para la dramaturgia de Cumpleaños he incluido dos fragmentos de relatos de Luisa Carnés titulados El día más feliz y Un año de matrimonio que tratan estos mismos temas.
Poder llevar a escena por primera vez este monólogo de Luisa Carnés es un reto ilusionante. Así como acercarlo a la actualidad para no mostrarlo como algo museístico sino como una realidad que nos atraviesa a las mujeres de hoy.
Equipo
Autoría
Luisa Carnés
Dirección
Laura Garmo
Ayudante de Dirección
Sabela Alvarado
Producción
Laura Garmo
Reparto
Mamen Camacho
Escenografía
Berta Navas
Iluminación
Bea Francos
Espacio Sonoro
Manu Solís
Vestuario
Berta Navas
Web Oficial
https://www.teatroespanol.es/cumpleanos
Idioma
Español
Fecha del Estreno: 27/02/2026
Teatro: Teatro Español
Sala: Andrea D’Odorico, Salón de los Balcones
Duración en minutos: 45
Género Monólogo Teatral
Cumpleaños
«[…] este breve monólogo escrito en el exilio indaga de forma intimista y precursora en las cuestiones vitales de las mujeres que, en los años sesenta, llevarían la voz reivindicativa en las manifestaciones feministas de los países occidentales en los que había libertad para cuestionar el matrimonio y la maternidad tradicionales»
Eulalia Piñero Gil

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