Entre el verso y el vértigo del amor: una nueva lectura hispano-mexicana de Amor es más laberinto
Crítica de Amor es más laberinto

Con motivo de la celebración de la XXV Edición del Festival Hispanoamericano del Siglo de Oro. Clásicos en Alcalá. Celebra los clásicos, festejada en la villa que vio nacer a Miguel de Cervantes, Alcalá de Henares (Madrid), han sido llevadas a escena numerosas representaciones enmarcadas en los límites temporales de los Siglos de Oro para poner en valor, una vez más, la huella y la importancia que poseen desde su composición hasta nuestros días. Su lema Celebra los clásicos nos invita a festejar y conmemorar el patrimonio nacional que sigue hablándonos siglos después. Tenemos la fortuna de vivir en una época en la que los grandes dramaturgos del Siglo de Oro continúan conviviendo, emocionando, inspirando y dialogando con nosotros. Lejos de pertenecer al pasado, forman parte de nuestro presente, de nuestro día a día y nos recuerdan la riqueza de una tradición literaria de la que podemos sentirnos legítimamente orgullosos. Su vigencia es un privilegio y su lectura, una celebración de nuestra cultura. Dentro de todas las puestas en escena que ofrece este año el Festival se encuentran, por un lado, títulos de gran envergadura como La dama boba (Lope), El perro del hortelano (Lope) o Casa con dos puertas, mala es de guardar (Calderón) y, por otro, títulos que son llevados a escena con menor frecuencia como puede ser Amor es más laberinto de Sor Juana Inés de la Cruz y fray Juan de Guevara, cuya adaptación realizada por Abel González Melo será el epicentro de la presente crítica.
Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), poeta, dramaturga y pensadora novohispana, considerada una de las figuras más relevantes del Barroco en lengua española, destacó por hacer de la palabra un espacio de ingenio, belleza y reflexión. Entre sus obras más conocidas se encuentran Los empeños de una casa o Amor es más laberinto, esta última se caracteriza por ser una comedia de enredos inspirada en la mitología clásica, cuyo legado sigue iluminando la literatura en español y el valor del conocimiento como camino hacia la libertad.
Fray Juan de Guevara (1518-1600), fraile y escritor vinculado al ambiente intelectual de su época, colaboró con Sor Juana Inés de la Cruz en la comedia mitológica Amor es más laberinto, participó en algunas escenas, contribuyendo a completar la combinación que se hace en la obra entre el mito de Teseo y el Minotauro, para lo cual se elaboran reflexiones sobre el amor, la razón o el poder.
Amor es más laberinto es una obra que destaca dentro del panorama teatral español por convertir el mito clásico del laberinto en una metáfora que abarca los diferentes conflictos humanos, entre los que destaca principalmente el amor. A través de diálogos cómicos cargados de ingenio y de una estructura de enredo, la obra simboliza cómo los diferentes personajes quedan atrapados no solo en espacios físicos externos, sino también los suyos propios, donde se encuentran sus deseos, sus pasiones y sus inseguridades. La figura del laberinto se convierte en un símbolo de la complejidad de las relaciones humanas y la dificultad naciente en conciliar razón y sentimiento.
Abel González Melo (1980-actualidad) es uno de los dramaturgos más importantes y relevantes del teatro cubano contemporáneo. Su manera de hacer teatro se caracteriza por otorgar a sus obras una mirada crítica y profundamente humana sobre la realidad social, aborda temas tan relevantes como la identidad, la migración y las tensiones familiares. Acostumbra a hacer uso de un lenguaje preciso y una construcción dramática sólida, ahondando en los conflictos individuales como si de una problemática social se tratase, consiguiendo de esta manera un equilibrio entre la reflexión intelectual y la intensidad emocional y moral.
La esencia de la puesta en escena de Amor es más laberinto reside en la actualización de sus principales ejes temáticos: la mitología clásica y la interculturalidad, en este caso, la mexicana. Abel González Melo no se limita solo a reproducir el mito cretense que sirve como base argumental de la obra, sino que lo convierte en un espacio en el que conviven y se hermanan las tradiciones, las sensibilidades y los diferentes códigos escénicos. El laberinto de Creta se convierte en una metáfora de los intercambios culturales, los cuales ya estaban presentes en la dramaturgia novohispana de Sor Juana y que esta versión potencia mediante la intromisión de la cultura mexicana. Lo clásico y lo moderno, lo europeo y lo mexicano, dialogan constantemente sobre las tablas, haciendo ver que es en la diversidad donde se encuentran uno de sus principales motores dramáticos.
La obra se enmarca dentro de los límites de lo conocido como comedia de enredo, la representación se sustenta sobre un sofisticado juego de identidades que se van multiplicando a través de las confusiones y malentendidos amorosos. Toman especial relevancia los apartes, los cuales permiten al espectador acceder a una información privilegiada que el resto de personajes desconocen, convirtiéndose así en un cómplice de la trama teatral. Este juego de perspectivas genera un contraste entre la realidad y la apariencia, elemento fundamental del género. La tensión entre lo que se dice públicamente y lo que se revela en privado alimenta el ritmo de la representación y mantiene viva la intriga hasta el desenlace.
A todo el entramado teatral contribuye de una manera significativa la presencia de la banda y el empleo de la pluma como objeto simbólico dentro del cortejo amoroso. Estos funcionan como intermediarios entre los amantes y recuerda, inevitablemente, a los mecanismos de mediación presentes en La Celestina, donde la conquista amorosa depende de terceros para captar deseos y voluntades. Del mismo modo, las máscaras utilizadas durante la escena del baile elevan el enredo en su máxima expresión al ocultar identidades y propiciar encuentros erróneos, equívocos sentimentales y declaraciones dirigidas a la persona equivocada. La ocultación física se convierte en el reflejo de una ocultación emocional profunda, sustentando y reforzando la naturaleza lúdica y engañosa de la comedia.
Escenográficamente, la obra se muestra funcional y simbólica, se evita la saturación visual para concentrar la atención en el movimiento de los personajes y en las relaciones que se establecen entre ellos. El vestuario desempeña también un papel fundamental dentro de la representación, el uso de diferentes colores permite identificar alianzas estados emocionales (como la venganza en color rojo) y posiciones dentro del entramado amoroso. A todo ello se le suma la fuerza del propio texto, cuya comicidad recae en recursos estilísticos del Siglo de Oro como son la ironía, el sarcasmo y la hipérbole. Estos rasgos no solo provocan la risa, sino que también revelan las contradicciones de los personajes, ridiculizan ciertos comportamientos y contribuyen a la agilidad verbal que caracteriza la dramaturgia de Sor Juana.
El mayor acierto de la puesta en escena radica en la forma en la que materializa la idea del laberinto en una doble dimensión. Conviven, por un lado, el laberinto externo, tejido por los encuentros fortuitos, los disfraces, las identidades confundidas y las complejas relaciones amorosas que impulsan la acción dramática y, por otro lado, el laberinto interior de cada personaje. Todos ellos avanzan a ciegas entre deseos contrapuestos, celos, temores y dudas, todos buscan una salida que les permita entender lo que sienten. El laberinto deja de ser un simple recurso para convertirse en una metáfora de la vida y la experiencia humana, donde la razón y la pasión chocan continuamente. González Melo consigue romper con la idea de que los personajes quedan anclados en el Barroco convirtiéndoles en figuras contemporáneas que se encuentran atrapadas en los caminos del amor y del autoconocimiento.
Amor es más laberinto es otro claro ejemplo de que el teatro clásico posee la capacidad de traspasar los límites temporales y puede dialogar con el presente. La propuesta de González Melo rescata la riqueza poética y la complejidad dramática del texto barroco sin renunciar a una mirada fresca y renovadora de la obra. Al finalizar la obra, el espectador sale con la sensación de haber atravesado el laberinto junto con los personajes, donde cada giro le lleva a una reflexión sobre los mecanismos universales del deseo, la identidad y el amor.
Sinopsis
Equipo
Abel González Melo
Autoría
Sor Juana Inés de la Cruz, Fray Juan de Guevara
Versión
Abel González Melo
Dirección
Abel González Melo
Ayudante de Dirección
Jahel Palmero
Producción
Fundación Teatro de La Abadía (España), Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, Coordinación Nacional de Teatro, Escuela Nacional de Arte Teatral (México)
Producción Ejecutiva
Gema Iglesias
Ayudante de Producción
Gema Iglesias
Reparto
Oscar Ulises Cancino, Aimée Despaigne, Antonio Dueñas, Alberto Fonseca, Irene Garmendia, Gonzalo Lasso, Leo Ledesma, Lía, Jahel Palmero, Alberto Rosas, Harriet Vázquez, Raquel Villarejo Hervás
Escenografía
Javier Chavarría
Iluminación
María Uruñuela
Movimiento
Pedro Almagro, Almudena Rubiato
Música
Alberto Rosas
Espacio Sonoro
Alberto Rosas
Vestuario
Karla Daniela
Festivales
Clásicos en Alcalá 2026
Asesoría Literaria
Oscar Ulises Cancino
Utilería
Javier Chavarría
Web Oficial
https://www.clasicosenalcala.net/2026/obra/amor-es-mas-laberinto/
Idioma
Español
Fecha del Estreno: 13/06/2026
Teatro: Teatro Corral de Comedias - Alcalá de Henares
Sala: -
Duración en minutos: 100
Género Comedia
Raúl Losánez, «Pensamiento y diversión en Alcalá», La Razón
Amor es más laberinto
«Amor es más laberinto es otro claro ejemplo de que el teatro clásico posee la capacidad de traspasar los límites temporales y puede dialogar con el presente»
Andrea González Bueno

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