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Sinopsis: A partir de Nise lastimosa y Nise laureada, de Jerónimo Bermúdez, la directora Ana Zamora construye una dramaturgia unitaria que nos permite profundizar en esta visión del mal gobierno, a través de una de las historias más conocidas de la tradición hispanolusa, la leyenda de Inés de Castro, amante del infante don Pedro de Portugal, asesinada en aras de la política del bien común y coronada, después de muerta, como reina del país lusitano. El amor y la muerte de la bella Inés sirven de ejemplo puntual para cuestionnar las intrigas palaciegas y las actitudes poco respetables de gobernantes arrastrados por la vida cortesana.

Dramaturgia: Ana Zamora

Dirección: Ana Zamora

Ayudante de Dirección: Verónica Morejón

Producción ejecutiva: Germán H. Solís

Distribución: Nao d´amores

Compañía: Asesor de verso: Vicente Fuentes /Fuentes de la Voz

Reparto: José Luis Alcobendas Javier Carramiñana Alba Fresno José Hernández Pastor Natalia Huarte Eduardo Mayo Alejandro Saá Isabel Zamora

Escenografía: Ricardo Vergne

Ayudante de Escenografía: Irma Vallés

Construcción de Escenografía: Purple Servicios Creativos

Iluminación: M. A. Camacho

Movimiento: (Coreografía) Javier García Ávila

Vestuario: Deborah Macías (AAPEE)

Realización de Vestuario: Ángeles Marín Maribel Rodríguez Realización tejidos artesanales: La Real Lana

Caracterización: (Asesor de Máscaras) Fabio Mangolini

Utilería: Ricardo Vergne Miguel Ángel Infante

Fecha del Estreno: 12 diciembre 2019

Teatro: Teatro de la Abadía

Sala: San Juan de la Cruz

Duración: 60 minutos

Web Oficial: http://www.naodamores.com

Crítica de Nise, la tragedia de Inés de Castro

El año de Inés de Castro

julio

Solo una compañía valiente como Nao d´amores se atrevería a poner en escena Nise lastimosa y Nise laureada, la historia de Doña Inés de Castro y Valladares (Nise es anagrama de Inés), princesa de Portugal, quien “reinó después de morir”.

Se trata esta de una de las primeras tragedias españolas, compuestas por Gerónimo Bermúdez y publicadas a nombre de Antonio de Silva en 1577. Bermúdez de Castro (c. 1530-1605/06) fue un lucense de Santiso (A Fonsagrada), humanista erudito, teólogo, quizá docente en Salamanca y Coimbra, fue un interesante poeta, dramaturgo, soldado, viajero y, en su madurez, dominico en los conventos de la Peña de Francia (Salamanca), A Coruña y Tui (Pontevedra), donde falleció a finales de 1605 o principios de 1606. Las piezas son tragedias senequistas en cinco actos y con dos coros que fueron compuestas antes de 1575, y que narran la historia del desgraciado amor del infante Don Pedro de Portugal con la noble gallega Dª Inés de Castro; su terrible muerte (Nise lastimosa) y la implacable venganza de su amante, el ya Rey Don Pedro, contra los participantes en el complot que acabó con la vida de su amada (Nise laureada).

La tragedia de Inés de Castro tiene una importante dramaturgia clásica. Contamos con la Inés de Castro de 1558 del portugués Antonio Ferreira, en quien se pudo haber inspirado Bermúdez. Luego, Vélez de Guevara hará una de sus mejores obras: Reinar después de morir, dedicada a ella en 1635. De hecho, Inés de Castro está de moda pues en la Compañía Nacional de Teatro Clásico Ignacio García y José Gabriel López Antuñano están preparando la versión española de Reinar después de morir, que ya han estrenado en Portugal.

La obra es, como digo, valiente. La tragedia de fin de siglo XVI ha sido tradicionalmente vista como simples ejercicios escolares diseñados para la clase. No obstante, tienen teatralidad Ana Zamora y su magnífico equipo en esta obra sacan toda la que hay.

Lo primero que sorprende de la obra es el aforamiento, para el que la Nao d´amore echa mano de su propio foro: una estructura de madera que guardan en su laboratorio de Revenga. El aforamiento es fundamental para la obra pues dota a la misma de un elemento de ritualidad que está presente a lo largo de todo el texto, pero es abierto al final de la obra cuando incluso llega a descender un botafumeiro para perfumar el teatro. No nos olvidemos de que se trata del teatro de la Abadía por lo que el espacio, solemne y mágico, adquiere una inmensa ritualidad y fuerza. Aquí es fundamental la iluminación de Miguel Ángel Camacho, que destaca las magníficas vidrieras del conjunto arquitectónico. la escenografía de Ricardo Vergne y el vestuario de la ganadora del Max Deborah Macías recalcan estos elementos rituales. El núcleo de convicción escénica de la obra parece merodear el momento triunfal del triunfo de Nise tras su muerte. Se destacan en la dramaturgia (que respeta más o menos un 40% del texto) los aspectos más sublimes, quizá rozando lo necrofílico.  La magnífica dirección de la propia Zamora establece varios juegos con la dirección musical de Alicia Lázaro en cuanto se cantan romances sobre el desdichado caso. Asimismo, la coreografía de Javier García Ávila dota de una cierta luminosidad los movimientos escénicos del elenco. Este, magnífico como siempre, está formado por un conjunto de actores muy de la Nao: José Luis Alcobendas, Javier Carramiñana, Alba Fresno, José Hernández Pastor, Natalia Huarte, Eduardo Mayo, Alejandro Saá e Isabel Zamora. Son actores completos, que actúan, cantan, bailan y son capaces de supeditarse para el gozo general de la obra, caso destacable en nuestro panorama escénico (y no solo clásico, por supuesto). Tengo debilidad por Alejandro Sáa desde que vi aquel tour de force en el que hizo el back-to-back de Laurence Boswell/Rodrigo Arribas de El castigo sin venganza y El perro del hortelano en los Teatros del Canal, donde interpretó a un magnífico Batín, así que me van a permitir sus compañeros, que lo destaque a él.

En breve: la Nao a lo suyo, capaz de llegar a los más felices puertos en los terrenos de la tragedia, tal y como hiciera en los de la comedia, y créanme que las de fin de siglo son más complicadas que aquellas maravillas de Torres Naharro o Gil Vicente.

Julio Vélez Sainz

Director Instituto del Teatro de Madrid

Universidad Complutense de Madrid 

 

 

Retrato del crítico de teatro Ferando DomenechNise nace de la reducción a una sola obra de las dos tragedias escritas por el humanista fray Jerónimo Bermúdez sobre la historia de Inés de Castro, Nise lastimosa y Nise laureada, publicadas en Madrid en 1577. Se trata de dos tragedias clasicistas en cinco actos, con intervención de coros, que deben mucho a la influencia de Séneca. Como afirma la directora Ana Zamora, estamos ante una dramaturgia eminentemente universitaria, nacida del interés por el mundo clásico propio de los humanistas y que trata de adaptarse a las normas de los comentaristas de Aristóteles que surgen a raíz de la publicación de la Poética en 1508.  Las obras de Bermúdez se encuadran dentro de la tragedia humanista que tuvo su momento de auge en la segunda mitad del XVI, antes de la irrupción de la nueva poética de Lope de Vega. Es probable que las dos tragedias se leyesen en ambientes humanísticos, pero no llegasen nunca a los escenarios de los corrales de comedias. Por ello el empeño de Nao d’amores se puede considerar como un estreno, que se suma a la larga trayectoria de la compañía en la recuperación escénica del teatro español y portugués del siglo XVI.

            El montaje, siguiendo la forma de trabajo de Ana Zamora y los suyos, se basa en un estudio profundo del texto, un intenso trabajo actoral, una estética muy refinada conseguida con pocos medios y una integración de la música dentro del espectáculo. Como en anteriores ocasiones, la música está dirigida por Alicia Lázaro e interpretada en escena con instrumentos originales por Alba Fresno e Isabel Zamora: la novedad en este montaje es la inclusión de un contratenor que lleva la parte principal de los coros, tan importantes en la obra de Bermúdez. El elenco está soberbio, pero hay que destacar la labor del trío protagonista, José Luis Alcobendas, Natalia Huarte y Eduardo Mayo. La larga escena del enfrentamiento entre Inés de Castro y el rey Alfonso, en donde se dilucida la muerte de la primera, es de una intensidad trágica pocas veces alcanzada en nuestras tablas.

            En cuanto a la plástica escénica, manda la materia: el agua del estanque, la tierra del suelo que pisan, la madera de que están hechos los instrumentos musicales y el propio espacio teatral, la lana cruda del vestuario, todo crea la sensación de estar en un mundo rudo, primario, de pasiones y sentimientos fuertes. Y todo utilizado de una forma casi minimalista, con un simple toque de color y civilidad a través de los azulejos portugueses.

            Unas palabras sobre el espacio creado por Nao d’amores para sus espectáculos. Se trata de unas gradas en forma de U que rodean el espacio de la representación y que recuerdan inevitablemente los primeros teatros del Renacimiento en Italia, el teatro Gonzaga de Sabbioneta, el teatro Farnese de Parma.

            Todo, en resumen, transporta al espectador actual a un mundo pretérito, recreado ante sus sentidos con una precisión y una riqueza (sin pompa ni boato) inusuales en nuestra escena. No nos abandones, Nao d’amores.

Fernando Doménech Rico

 

“En breve: la Nao a lo suyo, capaz de llegar a los más felices puertos en los terrenos de la tragedia, tal y como hiciera en los de la comedia, y créanme que las de fin de siglo son más complicadas que aquellas maravillas de Torres Naharro o Gil Vicente.”

Julio Vélez Sainz

Instituto del Teatro de Madrid - Universidad Complutense

“Todo, en resumen, transporta al espectador actual a un mundo pretérito, recreado ante sus sentidos con una precisión y una riqueza (sin pompa ni boato) inusuales en nuestra escena. No nos abandones, Nao d’amores.”

Fernando Domenech Rico

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