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Sinopsis: Los conceptos Identidad, Tránsito, Territorio y Violencia forman el eje central de un trabajo que, como el hecho de transitar el género, no tiene un punto y final y se convierte en un viaje a ninguna parte, en una deriva construida a golpe de subjetividad. Esta idea se revienta en cada presentación y sigue haciéndose preguntas de forma insaciable, incansablemente, sin pararse en ningún resultado. Nadie tiene derecho a cuestionar qué o quiénes somos. El debate sobre lo trans es inadmisible. “Queridas espectadoras: No quiero contarles nada. Ni yo misma sé muy bien qué me lleva a salir a escena, a seguir en esto. Si lo tuviera claro, no haría lo que hago. Si desean saber algo más, vengan a verme y… ¿hablamos? Ahora… les dejo, que voy a depilarme con pinzas los pelos blancos que aún siguen saliéndome en la cara». Celeste Como la propia identidad, Ningún hombre me llevará a la cumbre se cuestiona permanentemente y, “a pesar de los resultados”, sigue preguntándose en cada espacio de representación. Nos vamos acercando… ¿Adónde? ¿A quién? ¿A qué? ¡Let’s go, baby!

Dramaturgia: Celeste González

Autoría: Celeste González

Dirección: Celeste González

Reparto: Celeste González

Iluminación: Baltasar Patiño

Música: Chemi Ferreiro

Fotografía: Miguel Balibrea

Teatro: del Barrio

Duración: 45 minutos

Festivales: II Congreso Internacional de Artes y Diversidad, que ese año versaba sobre: “Identidad, tránsito, territorio y violencias”

NINGÚN HOMBRE ME LLEVARÁ A LA CUMBRE

Andrea Hurtado Martínez –

 

Cruda, emocional y atrevida. Ningún hombre me llevará a la cumbre es una pieza escénica creada, dirigida y protagonizada por Celeste González. La performer canaria estará de paso por el Teatro del Barrio hasta el 28 de marzo. El espectáculo comienza en la calle de Zurita. En la pantalla que hay fuera de la sala donde se emiten una serie de grabaciones. En ellas suceden unos fragmentos del libro Regina & Celeste Una Correspondencia (2019). A su vez, unas imágenes de la artista ascendiendo por “La Cumbre” con un traje de transparencias. La vemos rompiendo hojas de un libro, restregándose por la tierra y andando sin un rumbo fijo. Presentándonos, en todo momento, un camino escabroso. Sin embargo, la caja negra se presenta vacía de telas y bastidores. No hay ningún elemento escenográfico. Encontramos la sala repleta de humo. Celeste está inundándola con un vapeador mientras el público va entrando a un ritmo festivo. Vestida con una camiseta negra, unos tacones del mismo tono y un pecho al descubierto recorre el escenario sin escondites, exenta de significados. La escena se muestra sencilla, cotidiana y sin extravagancias. La composición es franca: destaca la figura de la artista, su cuerpo y su voz. 

La representación basada en las experiencias de la autora, prolonga esa subida a “la Cumbre”, mostrándonos parte de sus abismos. Este trayecto se relata con imágenes proyectadas, con piezas de Stravinsky y percusión. Danza y textos entremezclados con cantos. Todos los elementos conjugados hacia ningún lugar. La autora lo comunica en la sinopsis: “No quiero contarles nada”. Haciendo partícipe al público del recorrido en busca de la identidad, las reflexiones acerca del deseo y la construcción del binarismo de género en la sociedad occidental actual.

La voz es protagonista junto con el cuerpo, nos va narrando anécdotas durante la andanza. En un fragmento del espectáculo, Celeste posee una concha de lapa tapando el pezón del pecho que tiene al aire. Se la despega y la junta con otra que guardaba escondida. Nos cuenta cómo las lapas son seres transexuales, y convirtiendo las conchas en castañuelas nos canta. El espacio sonoro y la adaptación musical está realizada por Chemi Ferreiro. Como ya he comentado, la figura de la intérprete es un elemento esencial durante todo el espectáculo, y aunque tiene momentos de descanso, las escenas de danza se suceden como si no hubiese límites en cuanto a cuerpo y espacio. Celeste González fue bailarina en el Ballet Nacional de España y en el Ballet Royal de Wallonie, sus dotes para este lenguaje escénico están presentes en el montaje.

Lo extraordinario del espectáculo es que Celeste está en una constante conversación con el público. La sala se convierte en un espacio de encuentro y de diálogo. No se pretende abordar el lugar de la ficción y la fantasía, tampoco hace falta. La iluminación, diseñada por Baltasar Patiño, acorta y ensancha el escenario. Adquiere una coherencia con el relato de la subida, acompañando también en los momentos de mayor tensión dramática.

Es una pieza que, como la propia autora expone, es adaptativa por sí misma y puede realizarse en diversos espacios artísticos. Aquellos en los que admitan un lugar para la reflexión y la transformación.  

 

 

Raúl Gorroño Baonza, “Celeste González: Es una pieza bastante autobiográfica”, El Día La Opinión de Tenerife [7/10]

Afonso Becerra, “Ningún hombre me llevará a la cumbre, según Celeste González”, Artezblai [9/10]

 

 

Reportaje

La fuNdiciOn, “2020 julio Celeste González”, YouTube

https://www.youtube.com/watch?v=d1x0EyGJywY

“La figura de la intérprete es un elemento esencial durante todo el espectáculo, y aunque tiene momentos de descanso, las escenas de danza se suceden como si no hubiese límites en cuanto a cuerpo y espacio.”

Andrea Hurtado

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