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Sinopsis: Al final de su vida Miguel de Molina se sincera con la prensa para contar su historia y hacer un repaso de su vida artística.

Autoría: Ángel Ruiz

Dirección: Félix Estaire

Ayudante de Dirección: Elisa Levi

Producción: Miguel Cuerdo

Ayudante de producción: Sara Brogueras / Jair Souza-Ferreiras

Producción ejecutiva: Elisa Fernández

Reparto: Ángel Ruiz y César Belda

Escenografía: Lúa Testa

Iluminación: Juanjo Lloréns

Vestuario: Guadalupe Valero

Música: César Belda

Espacio Sonoro: Enrique Mingo

Fotografía: Javier Naval

Género: Monólogo con canciones

 

 


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La vida de Miguel de Molina es todo un símbolo de lo que fue el espectáculo de variedades en España alrededor de los años de la Guerra Civil. Cantante y bailarín flamenco, alcanzó un gran éxito en los años de la República, cuando estrenó e hizo famosas coplas como La bien pagá, de Ramón Perelló y Mostazo. Reclutado por las fuerzas republicanas para animar a los soldados en los frentes, tras el triunfo de los rebeldes pudo durante un tiempo continuar actuando en Madrid. Pero su pasado republicano y su homosexualidad, nunca negada, le reportaron un secuestro y una brutal paliza por miembros de la policía, que lo dejaron por muerto a las afueras de la capital. Tras pasar tres años en la cárcel, se exilió a Argentina, en donde vivió hasta su muerte.

La obra de Ángel Ruiz, que interpreta él mismo, es una larga confesión de Miguel de Molina ante un supuesto grupo de reporteros, en sus últimos años en Argentina. Recuerda su niñez en Málaga, sus años como chico de los recados y cantante animador en un prostíbulo en Algeciras, su época de triunfos, su compromiso con la República, los desastres de la posguerra, el exilio… Todo ello en supuesto diálogo con los chicos de la prensa y animado por las canciones que interpreta en una suerte de memoria musical.

El espectáculo, por tanto, tiene mucho de antología flamenca. Solamente por eso ya tiene un público aficionado a la copla que disfruta enormemente de las canciones de un anciano Miguel de Molina rejuvenecido por la música. Pero Miguel de Molina al desnudo es mucho más: el texto, que Ángel Ruiz va desgranando como si fuese una conversación improvisada entre canción y canción, tiene una fuerza extraordinaria y narra con gran patetismo la vida del artista.

Todo esto daría como resultado un espectáculo agradable, interesante sobre todo para los aficionados al cante, de no ser por la asombrosa interpretación de Ángel Ruiz. El actor y cantante es dueño de una cantidad casi infinita de recursos: crea un personaje abatido por los años, pero orgulloso de su arte y de su pasado que se crece cuando canta o cuanto recuerda los buenos momentos de su vida La forma en que crea el habla de Molina, con sus dejes porteños sobre su cerrado acento malagueño, con sus inflexiones patéticas, irónicas, airadas, tristes o derrotadas según la situación, es un modelo de asunción de un personaje por parte del actor. Si a esto añadimos que canta a las mil maravillas, que se mueve con soltura y que baila como un auténtico bailaor, que imita con mucha gracia y un punto de mala idea a Concha Piquer, que es capaz de cantar La bien pagá en inglés con ritmo de swing, concluiremos que estamos ante una auténtica proeza actoral, un modelo de cómo se puede recrear el mundo del teatro de otros tiempos con medios tan sencillos y tan difíciles de emplear como es un actor, un pianista, un texto y unas canciones.

 

                                                           Fernando Doménech Rico, RESAD

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