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Sinopsis: En Mendoza, la tragedia escocesa de Shakespeare, Macbeth, se traslada a la Revolución Mexicana para contar la historia de un valiente guerrillero al que se le aparece una bruja o curandera que le anuncia que llegará a ser gobernador y dueño de la provincia. Él se lo cree y comienza a cometer actos atroces para obtener lo que le dijeron que iba a lograr hasta que se da cuenta de que está en medio de un lago de sangre.

Autoría: William Shakespeare

Adaptación: Antonio Zúñiga, Juan Carrillo

Dirección: Juan Carrillo

Producción: Carlota Guivernau

Distribución: Carlota Guivernau

Compañía: Los Colochos

Reparto: Marco Vidal, Mónica del Carmen, Erandeni Durán, Leonardo Zamudio, Martín Becerra, Germán Villarreal, Ulises Martínez, Alfredo Monsivais, Roam León, Yadira Pérez

Iluminación: Mario Eduardo D’León

Vestuario: Libertad Mardel, Martín Becerra (Máscaras)

Música: Lalo Laredo, Roam León

Fecha del Estreno: 02/11/2017

Teatro: Teatros del Canal

Sala: Sala Negra

Género: Tragedia

Festivales:

Festival de Otoño 2017

Festival Almagro Off 2014

Premios: Premio Almagro Off 2014

Web Oficial: Los Colochos Teatro

 

La compañía Los Colochos pasó por los Teatros del Canal para mostrar su obra Mendoza, pieza que les valió el premio del concurso Almagro Off en 2014. Los Colochos, dirigidos por Juan Carrillo, se enfrentan al reto de transferir la acción de Macbeth de William Shakespeare a un nuevo contexto: la revolución mejicana de 1910. Para ello, se valen de una imaginería nacional y buscan equivalentes nacionales para adaptar el lenguaje, los personajes e incluso ciertos momentos de la acción. La primera y más obvia transposición la encontramos en el propio nombre de la obra, Mendoza, utilizado aquí como el apellido del protagonista (José Mendoza). El mismo mecanismo opera para el resto de personajes: Lady Macbeth se convierte en Rosario Mendoza, Banquo en Aguirre, Duncan pasa a llamarse Montaño, Macduff es García, etc. La imaginería mejicana invade la puesta en escena: las tres brujas se fusionan en una y se transforma en una santera que aparece siempre acompañada de una gallina, la escenografía se compone de una mesa y seis sillas con publicidad de la marca de cerveza mejicana Corona. Los personajes utilizan de forma constante expresiones como compadre o cabrón para dirigirse el uno al otro.

También la lucha por el trono se transforma, pasando así en una batalla para convertirse en gobernador, en referencia a la situación política en México durante la revolución. Igualmente significativo resulta la variación incluida en la escena final, en la que García (Macduff) decide reprimir sus ganas de dar muerte a Mendoza él mismo y ordena su muerte por el pelotón de ejecución, tal y como se hacía durante la revolución mexicana. Tras la muerte del tirano, el resto de personajes se reúnen en torno a la mesa de Corona para festejar su caída entonando una ranchera. La atmósfera se vuelve aún más festiva cuando los actores, sin abandonar su canto, comienzan a repartir cervezas entre el público.

Las cervezas y canto compartido con el público configuran el punto álgido de un convivio que se había venido fomentando a lo largo de toda la puesta en escena. La propia disposición de los espectadores –rodeando totalmente la escena, a una distancia muy próxima de los actores–  contribuía a que el espectador se imbuyera en la acción, llegando en ocasiones a participar de forma más o menos activa en la misma (sujetando algún utensilio que le pasaban los actores, por ejemplo, o incluso encarnando a los fantasmas que se aparecen a Mendoza durante el banquete).

Pese a lo sublime de la puesta en escena y la experiencia teatral que ofrecen Los Colochos, la  transposición de la acción a la revolución mexicana de principios del siglo XX corre el riesgo de pasar desapercibida, al menos en su representación en España. Para el espectador no familiarizado con la revolución mexicana el escenario que presentan Los Colochos no es sino la descripción del Mexico actual, envuelto en violencia de otra índole. Como consecuencia, los elementos que remiten a ese otro tiempo (la lucha militar, el pelotón de fusilamiento) se convierten en anecdóticos o en metáforas para otras prácticas presentes (la violencia de los carteles, los asesinatos violentos). Independientemente de la lectura del espectador de estos elementos, lo cierto es que Los Colochos logran sumergirnos en su universo, haciendo que las montañas y las nieblas de Escocia en las que nos situaba Shakespeare se llenen del calor mejicano y sonidos de ranchera.

Isabel Guerrero Llorente, UNIR

 

Mendoza va más allá de ser una versión de Macbeth de Shakespeare. Mendoza encarna a Macbeth en el territorio de la Revolución Mexicana. Antonio Zúñiga y Juan Carrillo son los dramaturgistas de esta tragedia. El mundo de Rulfo despierta de su olvido para trasladarse a nuestros escenarios. Los Colochos en un espacio con disposición circular y apenas unas sillas hacen emerger las emociones del espectador, el mundo oculto de los sentidos. Como si de visionarios se tratase, su puesta en escena saca a la superficie las huellas de los pueblos de México pero también las del ser humano que llevamos dentro. Nuestras pasiones afloran fácilmente al contemplar la verdad dramática que vive en estas escenas construidas con lenguaje coloquial, personajes de carne y hueso, que sufren y se derrumban. El espectáculo del ansia de poder que destruye y corroe al hombre nos atraviesa sin piedad. Respiramos la tragedia Shakesperiana en la atmósfera del corrido mexicano, los fantasmas de las áridas tierras de México. Los sonidos de la Revolución Mexicana nos invaden con su violencia, la tragedia se instaura en este espacio como si se tratara de una premonición maldita. Esta compañía consigue rescatar el espíritu de Macbeth y hacerlo propio con una simbología que se adentra en la cultura mexicana (en su lenguaje, sus tradiciones y sus imágenes más emblemáticas). En mi opinión, es una de las compañías que ha conseguido acercar una tragedia clásica a una tragedia del siglo XX, encarnada en la revolución mexicana  pero también en la palabra rulfiana. El espacio árido, violento y perturbador de la imagineria de Rulfo nos amarra a una tragedia local y eterna: El ansia de poder y la voracidad humana, y a su vez al universo piadoso de los relatos de El llano en llamas imbuidos de culpa y redención.

Los colochos unen a los espectadores al cuerpo de la obra,  impregnándoles de dolor, culpa, angustia, verdad, a través de la cercania de sus propios cuerpos, sus movimientos, sus voces quebradas, sus canciones, pero sobre todo porque están cargados de historias, de la memoria viva de los muertos .

Cristina Bravo, ITEM

José-Miguel Vila, Diario crítico: “Imprescindible este teatro crítico, nacional y de una calidad incuestionable”.

Jaime Chabaud Magnus, Milenio: ”Producción modestísima cuyo poderío está apoyado en el trabajo de los actores con un espléndido nivel”.

Santiago Quintero, Revista Alternativa: “Mendoza es una producción dramatúrgica de alto nivel”.

 

Producción modestísima cuyo poderío está apoyado en el trabajo de los actores con un espléndido nivel.

Jaime Chabaud Magnus

Milenio

Imprescindible este teatro crítico, nacional y de una calidad incuestionable.

José-Miguel Vila

Diario crítico

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