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Sinopsis: El incidente desencadenante se concreta en un sueño erótico de características similares que tienen un hombre y una mujer de distintos matrimonios, entre sí bien avenidos. A partir de ahí empiezan los comentarios entre las parejas de lo que parece un absurdo, las dudas, las búsquedas de certezas (sueño o realidad // casualidad o presentimiento), las sospechas y el desmoronamiento progresivo de una fidelidad de años. Las líneas rojas se traspasan y con ellas la ruptura de la unidad familiar.

Autoría: Marina Carr

Traducción: Antonio Guijosa y Marta Moreno

Dirección: Antonio C. Guijosa

Ayudante de Dirección: Lucía Fernández

Producción: El Vodevil, Iri Producciones, Serena Producciones, con la colaboración del Centro Dramático Nacional

Ayudante de producción: Lucía Fernández

Distribución: Iria Producciones

Compañía: El vodevil

Reparto: José Luís Alcobendas; : Elena González; Susana Hernández; PepeViyuela.

Escenografía: Mónica Teijeiro

Construcción de Escenografía: Pinto´s

Iluminación: Daniel Checa

Vestuario: María Luisa Engel

Espacio Sonoro: Mar Navarro

Diseño del Cartel: ByG e Isidro Ferrer

Fotografía: Moisés Fernández Acosta

Vídeo Promocional: Mármol

Fecha del Estreno: 25 de noviembre de 2016

Teatro: Valle Inclán

Género: Drama

Duración: 1 hora 40 minutos

Web Oficial: Mármol

Entrevistas y reportajes:

Iria Producciones S.L.:”Entrevista MÁRMOL”

Lorena Fernández, Estrella Digital: “Pepe Viyuela: ´Mármol habla de lo que queremos vivir y lo que vivimos.´”

Juan Pedro Carrasco, Diario crítico: “´Mármol´, el camino de un sueño hacia una nueva realidad”

 

La dramaturgia irlandesa es en estos momentos una de las más potentes de todo el mundo. A Madrid habían llegado las obras de Brian Friel (gracias, sobre todo, a la labor de Juan Pastor en La Guindalera) y de Martin McDonagh, pero no había ocurrido lo mismo con la obra de Marina Carr, conocida entre los lectores españoles por la edición de Diana Luque de Mujer y espantapájaros dentro de su libro Estrategias de la destrucción: el teatro irlandés en la era del Celtic Tiger.

Mármol es una obra que muestra a las claras las cartas con que juega Marina Carr en su teatro. Partiendo de una situación banal, casi costumbrista, se adentra en oscuros territorios de ambigüedad que recuerdan los de un Alejandro Casona nihilista y ferozmente crítico con una sociedad que ha logrado llegar al bienestar económico a base de destruir todos sus sueños. Los personajes de Carr pertenecen a la nueva burguesía irlandesa: nada más lejos de esos irlandeses bullangueros y cantarines que pasan las horas en el pub entre alegres tragos de cerveza. Se trata de gentes bien situadas, con buenas casas y una vida asentada en la rutina y la riqueza. Quien es más consciente de ello es Anne, la esposa de Bert, que asume su condición de mujer aburrida y sin horizontes con una lucidez gélida. Bert y Catherine, en cambio, aceptan el reto de asumir sus sueños para lanzarse a una aventura que sin duda destruirá sus vidas.

Antonio C. Guijosa ha confiado toda la eficacia de su puesta en escena al trabajo de los actores. Todos crean sus personajes de forma magistral. Elena González hace una Catherine angustiada, víctima de una depresión que nunca se manifiesta con palabras, hasta que estalla y se convierte en una mujer nueva, decidida y arrebatada por sus sueños. Susana Hernández parece haber estado siempre esperando un papel como el de Anne: su frialdad, su aceptación de la vida que le ha tocado vivir, está servida con absoluta precisión. Pepe Viyuela, muy alejado de sus papeles habituales, es un Bert sobrio y convincente, como José Luis Alcobendas, que carga con el papel menos agradecido de la función de forma admirable.

                                               Fernando Doménech Rico, RESAD

 

antunano

A través de la historia comentada en la sinopsis se refleja el fracaso de dos matrimonios, como metáfora del desmoronamiento de costumbres muy consolidadas en la sociedad irlandesa, hoy en desuso y relacionadas con los comportamientos morales. La estructura de la obra la concibe la autora mediante una sucesión de escenas de dos personajes, lo que contribuye a la repetición y la consiguiente monotonía de la acción dramática. Cada una de estas escenas suele tener su conflicto, excepto algunas informativas, pero el cambio de situación de una a otra, obedece más a necesidades de desarrollo de la escritura dramática que al lógico desarrollo de la acción llevada por los personajes (en ocasiones, los paso de una a otra escena se producen sin una causalidad dramática por lo que se resiente la coherencia interna de la narración). La construcción de los personajes está más acabada en el caso de los hombres que en las mujeres, que resultan bastante planas. Por este motivo, la escena necesaria, el duelo dialectico entre las dos mujeres, próxima al final de la obra, se produce de una manera un tanto artificiosa y no justifica bien el desenlace traumático final, la ruptura entre las parejas. Estas debilidades textuales no impiden que quede un poso de amargura al finalizar la propuesta escénica.

El director y dramaturgista, saca de Irlanda la referencia espacial, sin que universalice suficientemente la fábula, que hubiera necesitado de una mayor intervención para no ceñirla a un país concreto, muy apegado a las tradiciones. También el director debería haber concretado más las diferencias entre sueño y deseo (entre lo onírico y lo consciente) y cómo el primero cede en beneficio del segundo y subrayar más el carácter metafórico, el vaciamiento de una sociedad y su pérdida de identidad y sentido. El texto, como se ha escrito, perfila poco los personajes femeninos, pero tampoco se han trabajado matices o contrastes que la narración escénica permitiría para dar una mayor verosimilitud a la obra. Es cierto que la diferencia de capacidades interpretativas entre actores y actrices es muy evidente y que los primeros tiran de oficio para resolver situaciones o comportamientos poco claros en el texto. Frente a estos inconvenientes, lo mejor es que el director acierta en la construcción de la narratividad escénica, la fábula se entiende, se transmiten ideas y la obra progresa con momentos de clímax y anticlímax, que resuelven, en parte, la monotonía de las escenas duales.

El espacio escénico abstracto y limpio de objetos resuelve con claridad y sin cortes, los múltiples espacios que la autora plantea en su obra. Quizá una iluminación más elaborada permitiría arrojar mayor información sobre momentos de ensoñación y la realidad.

José Gabriel López Antuñano, UNIR

 

Hugo Álvarez, Butaca en Anfiteatro: “´Mármol´, o entre tu deseo y el mío”

Marcos Ordóñez, El País, Babelia: “De mármoles y abismos”

Madrid es Teatro “´Mármol´ en el Teatro Valle-Inclán”

«Mármol, de Marina Carr, comienza como una comedia de Yasmina Reza en clave onírica, pero acaba en…»

Marcos Ordóñez

El País

«Autora prolífica y variopinta, capaz de explorar con igual acierto el absurdo -en Woman and Scarecrow– o…»

Hugo Álvarez

Butaca en anfiteatro

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