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Sinopsis: La obra cuenta la historia de cuatro niños olvidados bajo el desamparo del desván de un orfanato. Allí juegan, lloran y crean vínculos, siempre atentos y vigilantes a la posible llegada de la Sor.

Dramaturgia: Blanca Vega

Autoría: Laila Ripoll

Adaptación: Blanca Vega

Versión: Blanca Vega

Dirección: Blanca Vega

Producción: MyN Teatro

Distribución: MyN Teatro y ESAD Málaga

Compañía: MyN Teatro

Reparto: Franc González, Jorge Roig, Paula Mayor y Xisco González.

Escenografía: Blanca Vega

Ayudante de Escenografía: MyN Teatro

Construcción de Escenografía: MyN Teatro

Iluminación: Carmen Blanco

Vestuario: Blanca Vega

Ayudante de Vestuario: Jorge Roig

Realización de Vestuario: Tiendas Humana

Maquillaje: MyN Teatro

Peluquería: MyN Teatro

Caracterización: MyN Teatro

Música: Franc González

Espacio Sonoro: Blanca Vega

Utilería: MyN Teatro

Fotografía: Contenedor Cultural (Función) Franc González (Promoción).

Vídeo Promocional: Franc González

Fecha del Estreno: 30/01/2019

Teatro: Contenedor Cultural de la Universidad de Málaga.

Otros Espacios: Casa de Cultura de Campanillas (Málaga). Sala de plenos de Almodóvar del Río (Córdoba).

Duración: 90 minutos

Género: Drama/Teatro histórico

Web Oficial: https://www.instagram.com/los.ninos.perdidos/?hl=es

Niños perdidos, niños olvidados.

Francisco Manuel González Romero.

Alumno en prácticas del Máster de Teatro y AAEE (UCM)

Los niños perdidos es una de esas obras que cuenta lo que nadie quiere contar o de lo que nadie quiere hablar, que pertenecen a la memoria histórica de los más mayores y que algunos quieren arrebatar. Una obra que reflexiona sobre lo que ocurrió y no nos contaron. No podemos olvidar que nuestro país vivió una dictadura donde muchas personas, entre ellas muchos niños, quedaron huérfanos o simplemente no llegaron siquiera a conocer a sus padres. En concreto esta obra se sitúa en el desván de un orfanato donde cuatro niños pasan sus horas entre juegos, llantos, hambre o miedo. Miedo a una época de posguerra, como bien repite el personaje del Cucachica en toda la obra: “Tengo mucho miedo”.

Cabe señalar antes que nada la calidad interpretativa con la que están representados los personajes. La diferencia tan clara que existe entre cada uno de ellos y lo bien defendidos y definidos que están. Es un montaje en el que la interpretación tiene el máximo peso de la obra. Una obra que podría funcionar perfectamente sin elementos escenograáficos, lumínicos o sonoros. De hecho la iluminación solo cambia en dos momentos concretos para focalizar la atención en ciertos personajes. La conexión y la afinidad de los actores es muy palpable y se aprecia que es un grupo que se conoce y al que le ha resultado fácil crear la química en escena. El ritmo es vital en esta obra con intervenciones cortas, movimientos y juegos que hacen que la hora y media de duración se pase en un abrir y cerrar de ojos.

En este drama realista, aunque contemporáneo, destaca sobre todo un tema, el trauma. Cabe decir que aunque no es una obra basada en hechos reales, que sepamos, es evidente que la autora se ha nutrido de vivencias e información suficiente de la época para la creación de esta obra. Como decía, cada personaje tiene consigo mismo su propio trauma familiar. Podemos ver reflejado el tema de los niños perdidos en el famoso tema de los bebés robados, que en diferentes épocas fueron arrebatados de sus padres y criados en orfanatos sin llegar a conocer sus verdaderas raíces. En la época en la que está basada la obra, a esos bebés se les apellidaba Expósito y así se referencia en la misma; Simona: “Pero que yo no soy Expósito pero las monjas no me hacían caso y me ponían el apellido que a ellas les daba la gana”.

Desde la entrada del público dos de los personajes están en escena divirtiéndose, Marqués y Simona. Es necesario explicar que en el texto original el personaje de Simona es Lázaro, un chico, pero en esta adaptación la directora Blanca Vega ha optado por incluir a un personaje femenino el cual es el que aparenta ser el más fuerte y el que más poder de liderazgo tiene. Simona se presenta como la típica abusona que todos hemos conocido alguna vez. Por otra parte, junto a ella en escena, se presenta Marqués, ese niño que siempre lo rebate todo, caprichoso, sabelotodo, que sufre, pero con una fachada repelente para no mostrar sus debilidades. Mientras estos personajes están en escena suena una melodía de una cajita de música creando así un clima y un ambiente que hace que sea más fácil para el espectador adentrarse hacia un teatro emocionado. Esta forma de denominar este tipo de teatro es una de las características de la directora y profesora Blanca Vega, pues los actores y las actrices necesitan emocionarse a la hora de trabajar y así emocionar al público. Es por eso que Blanca siempre trabaja con textos que remuevan, que hagan reflexionar, que escuezan. Añadir que esta canción aparece en dos momentos más de la obra, usándose así como leitmotiv de la misma. El tercer personaje en aparecer es Jesús “El Cucachica”, el más pequeño de los niños. Resaltar en este personaje el monólogo que tiene en la mitad de la obra donde habla de su madre y de cuánto la echa de menos. La interpretación del actor Franc González hace que sea imposible no empatizar con este personaje, sobre todo en este momento de la pieza, y que nos lleve a nuestro niño interior. Cucachica es penuria, dulzura, podría recordar al niño de La vida es bella. A continuación aparece el personaje de la Sor, aunque más adelante observamos que es el personaje de Tuso que juega a imitarla. Este es un factor sorpresa para el público, ya que se está presentando a un personaje que luego resulta ser otro. Existe aquí una especie de metateatralidad que se da también cuando Simona propone jugar a que van al teatro. De la misma forma que Tuso, imita a una profesora con una muñeca. Como iba diciendo el personaje de la Sor es la autoridad del orfanato a la que los niños temen. Personaje de máxima autoridad que representa el castigo, el maltrato al que los niños estaban expuestos. La iglesia, la cual apoyaba al bando nacionalista. Se podría decir que este es un personaje ausente, del que se habla pero que nunca llega a aparecer, solo representado o reencarnado por Tuso.

Al ver la obra se observa que la escenografía es minimalista y fácil de transportar. Cosa bastante importante a destacar ya que con los tiempos que corren es muy importante tener este aspecto en cuenta a la hora de representar una obra, sobre todo en pequeñas compañías donde la producción corre a cuenta de la misma. No me cabe duda que la compañía malagueña así lo pensó. Una escenografía, que dicho sea de paso, representa muy bien el desván en el que los niños se encontraban. Colores marrones, ocres, una lámpara antigua con trapos o cuerdas hacen que el espectador identifique rápidamente el espacio. Incluso el vestuario de los actores es de este color. Todo este conjunto sepia hace recordar “lo antiguo”, fotos de antepasados, etc. Añadir además, que todos los personajes excepto Tuso usan algún elemento significativo que les identifican más como niños.

Para concluir es de suma importancia analizar el final. Un final inesperado, un giro absoluto, donde el espectador es consciente de que ha hecho un viaje fantástico con uno de los personajes. Tuso desde el principio está solo en el desván, solo convive con el recuerdo de sus amigos, con ese trauma que no ha superado pero que parece que en esta ocasión es la primera vez a la que se va a enfrentar. Es ahí, al final, cuando el espectador asimila que Tuso no es un niño, que por esa lleva esa ropa o tiene esa forma de comportarse. Un final agridulce donde los niños perdidos quedan libres de la mente de su amigo con un diálogo digno para cerrar esta crítica:

SIMONA. Tuso, abre la puerta

TUSO. No que os marcháis.

Entrevistas:

Isa Jábega, “Los niños perdidos” de Laila Ripoll, Málaga Magazine (Onda Jábega)

Claudia San Martín, “La posguerra a través de cuatro niños”, Diario Sur.

“Un final inesperado, un giro absoluto, donde el espectador es consciente de que ha hecho un viaje fantástico con uno de los personajes”

Francisco Manuel González Romero.

Alumno en prácticas Máster en Teatro y AAEE (UCM)

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