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Sinopsis: Winnie, una mujer madura atrapada en un montículo de tierra, trata de instalarse en lo cotidiano para recuperar motivos de felicidad que la desvíen de sus miserias: pérdida de la memoria, pérdida de la visión, pérdida de la movilidad y temor por la pérdida de lo más importante: ser escuchada por Willie, su marido. Su discurso oscila entre fragmen- tos literarios que se esfuerza en recordar, evocaciones del pasado, y observaciones que transitan desde lo superficial hasta enunciados profundos sobre la condición humana. A su lado, una bolsa. En ella guarda preciados objetos para su aseo, pero también su memoria… y una pistola. La imagen de Winnie semisumergida en el montículo, nos lleva a la marioneta de mano manejada desde abajo. Esa idea se re- fuerza a medida que el timbre va orquestando las acciones, un ritmo vital que responde a un plan oculto que tanto ella como el espectador ignoran. Pero ¿podría simplemente ser el timbre que marca una función de teatro?

Dramaturgia: Pablo Corral Gómez

Autoría: Samuel Beckett

Dirección: Teresa Villena y Álvaro Moliner

Producción: Compañía de Teatro El Cant del Cigne

Compañía: El Cant del Cigne

Reparto: Winnie: Beatriz Fariza Willie: Jonathan González

Escenografía: Burguitos

Iluminación: Nadia García

Música: Franz Lehár

Vídeo Promocional: https://youtu.be/SyvNvx1C_6Q

Fecha del Estreno: 21 de febrero

Teatro: La Grada

Duración: 100 minutos

Género: Teatro del absurdo

Web Oficial: https://teatrolagrada.com/los-dias-felices/ https://www.estudiodramatico.com/?s=los+d%C3%ADas+felices+

Ana Lía Borja

Lo prolijo en Los Días Felices de El Cant del Cigne

Máster en Teatro y Artes Escénicas UCM

Los Días Felices de Samuel Beckett llevada a escena por la Compañía El Cant del Cigne en la Sala de Teatro La Grada, guarda fidelidad con el autor; sus intérpretes logran trasmitir lo absurdo de la situación en la que se encuentran Winnie y Willy, con representaciones que indagan sobre la expresividad para mostrar la esencia de los personajes de Beckett.

Beatriz Fariza sostiene la extensa palabra del texto a través de un trabajo que denota la búsqueda de precisión corporal al representar a Winnie; sus movimientos, limitados de la cintura para abajo-según indicación del texto- requieren de la actriz una gestualidad particular y una conciencia del torso, brazos, hombros, cuello y rostro que además configuren a un personaje complejo como es Winnie. En la obra, dividida según su estructura original, en dos partes, Fariza sostiene la palabra en la expresión corporal con la que dota a las acciones indicadas para el personaje. En la primera parte de la escenificación, al cepillarse los dientes, colocarse los lentes, mirarse en el espejo, Fariza pone énfasis particular a sus movimientos que se ejecutan con un trabajo que recuerda al mimo y muestran una conciencia física de las extremidades superiores-sobre todo de los brazos, formando imágenes armónicas que nos trasmiten la inmovilidad -no solo física sino existencial-, además de la imposibilidad de libertad de Winnie.

Asimismo, destaca en la puesta en escena, la iluminación que convierte a las transiciones en signos visuales: el escenario se tiñe de luz verde, la actriz completa el cuadro y se mueve pendularmente hacia adelante y atrás como si fuese una muñeca porfiada, este segmento que separa a la acción principal, se convierte en un signo que se repite durante la escenificación y apoya la simbolización de esa existencia insustancial de Winnie, que en ocasiones se aísla de su situación. En estos momentos, se encuentra en la gestualidad de Fariza, la posibilidad de sátira e ironía del texto; el gesto de Winnie cambia notablemente como signo de los momentos de desconexión del personaje con su presente anodino.

Cabe, por último, distinguir entre los signos visuales, el maquillaje que se aleja de lo realista: el rubor de las mejillas de Winnie, las cejas destacadas, el color blanco de su rostro y los labios rojos son guiños al mimo que concuerdan con los movimientos corporales ya mencionados. El maquillaje de Willy es quizás más impactante. Cuando lo vemos, su rostro llama la atención en la composición de la escena, parece un muñeco de porcelana, casi impecable, en el calor, el espacio desértico y el hecho de que vive debajo de un montículo de arena, sin embargo, su maquillaje es perfecto, signo y pista de que asistimos a escenas no convencionales, distanciadas de la realidad y absurdas que, nos indican constantemente que estamos viendo a Beckett.  

Luis de Luis Otero, Periodistas en español. Com, Cant del Cigne honran los «Días felices” de Samuel Beckett

Cartelera Turia, Crítica en Dossier de Los Días Felices, PP 12. 

Los Días Felices. Godot

“(…) sus intérpretes logran trasmitir lo absurdo de la situación en la que se encuentran Winnie y Willy, con representaciones que indagan sobre la expresividad para mostrar la esencia de los personajes de Beckett”

Ana Lía Borja

Máster UCM

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