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Sinopsis: A un mes del cierre por impagos de su estudio, una decrépita profesora de danza y teatro para niñas decide que es el momento del “ahora o nunca” y apuesta por realizar un espectáculo para revolucionar el arte contemporáneo: Lo nunca visto. Sin talento, sin dinero y ya sin alumnas en sus clases se lanza a reclutar a “artistas comprometidas” para su causa. Sólo acudirán a su llamada dos de sus exalumnas: una yonqui gallega y un ama de casa recién fugada.

Dramaturgia: José Troncoso

Dirección: José Troncoso

Ayudante de Dirección: Borja Roces

Producción: La Estampida

Ayudante de producción:

Producción ejecutiva: Kike Gómez

Coordinación técnica:  Leticia L. Karamazana

Reparto: Belén Ponce de León, Alicia Rodriguez y Ana Turpin

Escenografía: Juan Sebastián Domínguez

Iluminación: Juanan Morales

Vestuario: Miguel Ángel Milán

Espacio Sonoro: José Bustos

Diseño del Cartel: Marcos Moreno

Fotografía: Susana Martín

Teatro: Teatro Infanta Isabel

Duración: 75 min 

LO NUNCA VISTO

Lara Barzon – Instituto del Teatro de Madrid 

Las protagonistas de Lo Nunca Visto son las talentosas actrices Belén Ponce de León, Alicia Rodríguez y Ana Turpin. El espectáculo, escrito y dirigido por José Troncoso, es una obra magistralmente escrita, originalmente dirigida e impresionantemente interpretada. Nada se deja al azar y todo se integra perfectamente en la construcción escénica, sin caer nunca en la banalidad.

A través de una acción metateatral Troncoso consigue dar voz a los que suelen ser “los invisibles” de la sociedad, los que lo han perdido todo, los que nadie escucha porque lo único que tienen para compartir es la derrota y el sufrimiento. La protagonista es Araceli, una vieja profesora de baile sin talento pero con mucha pasión, una aspirante bailarina que nunca ha podido realizar su sueño porque es demasiado alta en comparación con el estándar. El telón se abre sobre esta dama de aspecto marchito que, en vísperas de ser desalojada de su escuela de danza, decide que es el último momento posible para dar vida a su sueño y llama a todas sus antiguas alumnas para invitarlas a montar el último espectáculo de su vida.

Las únicas que responden son Maricarmen, un ama de casa que se escapó de su hogar, y Sofía, una youqui que vive en la calle. Desde su llegada comienza la puesta en escena del espectáculo, que resulta ser un collage de sus vidas pasadas. Así surgen, a través de una escritura que entrelaza presente y pasado, realidad del momento e historias pasadas, recuerdos, deseos y tragedias personales, los pasados de los tres protagonistas. En cada personaje podemos reconocer un “tipo”: Araceli es la que no acepta envejecer y permanece aferrada con las uñas a un pasado (ni siquiera demasiado próspero) que nunca podrá volver, Maricarmen es la clásica mujer que, casada demasiado pronto, ha vivido una vida de esposa descontenta, víctima del machismo que sigue empapando nuestra sociedad. Cuando pierde a su hijo, la única luz en su triste vida diaria, no puede aguantar más y decide marcharse aunque sigue atrapada en su incapacidad para vivir una vida propia. Sofía es la chica rebelde que elige seguir un amor tóxico en lugar de cumplir con su papel de buena hija, y así acaba encontrándose sola, youqui y sin hogar. Es inevitable el sufrimiento que el acto catártico de escenificar su trágico pasado proporciona a su vez a las tres, pero el apoyo de las otros dos y el saber que no se puede volver atrás, que no se puede cambiar el pasado, es constante y actúa como salvavidas.

Podríamos decir que es un espectáculo tragicómico, dada la profundidad del tema y el dramatismo de las historias de los personajes. El registro cómico es constante y nos permite no caer nunca en la lástima o el buenismo. La realidad se abre paso en el salón de baile de Aracaeli de forma cruda e inevitable, y en algún momento nos preguntamos si nos estamos riendo por comedia o por desesperación.

Los personajes están construidos hasta el más mínimo detalle y la habilidad de cada actriz se complementa con la complicidad que muestran entre ellas, sorprendiéndonos línea tras línea. La escenografía de Juan Sebastián Domínguez define el escenario como una “escuela de ballet”, presentando una barra de ballet desproporcionadamente grande y un fondo teatral a punto de caer. El vestuario contemporáneo de las actrices choca un poco con la atmósfera barroca que sugiere el conjunto, ofreciéndonos un contraste que nos permite reflexionar sobre las múltiples realidades que habitan nuestro presente, y que existen y seguirán existiendo a pesar de nuestros esfuerzos por no querer verlas.

 

“Podríamos decir que es un espectáculo tragicómico, dada la profundidad del tema y el dramatismo de las historias de los personajes. El registro cómico es constante y nos permite no caer nunca en la lástima o el buenismo. La realidad se abre paso en el salón de baile de Aracaeli de forma cruda e inevitable, y en algún momento nos preguntamos si nos estamos riendo por comedia o por desesperación.”

Lara Barzon

Instituto del Teatro de Madrid

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