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Sinopsis: Un leñador no es un diseñador es una dis-función creativa donde Joan Estrader con su particular visión absurda y delirante, nos sumerge en el mundo de la creatividad y el diseño para mostrarnos que la necesidad y la curiosidad pueden desembocar en objetos creativos, sugerentes, originales, humorísticos y sencillos

Autoría: Joan Estrader (con la colaboración de Carlota Marquina y Juan Cardoso)

Dirección: Joan Estrader

Producción: Marta Sinfín

Compañía: Juancallate Producciones

Reparto: Joan Estrader

Videoescena: Alcides Taleb

Fecha del Estreno: 3 de noviembre de 2016

Teatro: Alfil

Duración: 45 minutos

Género: Mixto

Festivales: FIT Teatre Els XIII

Web Oficial: Juancallate

 

En los últimos años se han puesto de moda las charlas TED, un formato de conferencia de marchamo estadounidense cuya principal función es dar a conocer un tema científico  al gran público en menos de veinte minutos. Pero Un leñador no es un diseñador no es una charla TED. También el tono de los monólogos televisivos que El club de la comedia dio a conocer en España está presente en este espectáculo, pero no estamos frente a una stand-up comedy. Los elementos que Joan Estrader, protagonista y autor del espectáculo, utiliza sobre el escenario –la iluminación, la música, el proyector de imágenes y su peculiar forma de dirigirse al público– son recursos propios del teatro.

Sin embargo, el espectáculo se arroga el derecho a llamarse “dis-función creativa”, como explica el programa de mano que ofrece la siguiente definición de la palabra disfunción: “desarreglo en el funcionamiento de algo o en la función que le corresponde”. El concepto de disfuncionalidad no sólo cuestiona el género de este “evento”, sino que le sirve a Estrader para mostrar toda una serie de ejemplos divertidos, surrealistas y absurdos en los que la función lógica de ciertos objetos de uso cotidiano queda en entredicho.

El montaje pretende ser una original reflexión sobre el papel del diseñador en la sociedad y un alegato a favor de la creatividad. Estrader compara el cerebro de un gato con el de un diseñador. El del felino está preparado para percibir objetos que aún no existen en su realidad espacial. De la misma manera, el cerebro del diseñador imagina volúmenes (u objetos) en el espacio para hacer del mundo un lugar mejor, más cómodo y, por qué no, más divertido.

El juego entre las imágenes elegidas para ilustrar esta peculiar conferencia subraya el carácter dadaísta del comunicador, que no duda en usar imágenes de Bobby Fischer o de Marcel Duchamp para, acto seguido, proyectar la fotografía de un tomate junto a un reloj y luego pronunciar las palabras “tómate tiempo”. El chiste funciona y sirve para sustentar la oda a la creatividad y al hedonismo que persigue este trabajo. Preparar pan tumaca y compartirlo con el público evoca, levemente, el carácter dionisíaco y festivo que la fiesta teatral tuvo en días mejores.

La parodia del método científico es un arma humorística a la que el espectador no puede resistirse. El cómico de club planea aquí entre la figura del diseñador y la de un excéntrico doctorando. Pero no todo en Un leñador… vuela tan a ras de suelo. Estrader coquetea con la poesía visual –originada por Tristan Tzara y los artistas del Cabaret Voltaire en 1916–  cuando coloca un vinilo sobre un plato (de comer). La asociación inesperada de dos objetos de mundos tan distintos se suma al juego de palabras que Estrader enuncia (“el disco sobre el plato”). De esta forma, el chiste requiere de dos planos: el visual-gestual (la imagen) y el auditivo (las palabras). La inesperada recepción crea un significado nuevo en la mente del espectador gracias al carácter contradictorio del plato (de comer) y del vinilo, lo que provoca las carcajadas del público y certifica la funcionalidad de los signos teatrales que esta “pieza”, como Estrader la llama, articula. El carácter y la función de todos estos elementos subrayan la prevalencia de la experiencia escénica frente a un hipotético texto del espectáculo cuya lectura nos ofrecería sólo un aroma generalista de lo que Un leñador… es.

Estrader, como buen emcee con algo más que pelo en la cabeza, es consciente de la resistencia que un montaje que trabaja con ideas y reflexiones puede provocar en el público actual acostumbrado a la comedia fácil. Esa es la razón por la que abre el espectáculo con una loa o prólogo a la manera de las antiguas comedias para pedirle al público que no se deje atemorizar por la aparición de “ideas” en el espectáculo ya que este es, en realidad, algo muy simple. El diseñador-maestro de ceremonias es, finalmente, capaz de colar un espectáculo para gafapastas con inquietudes en un teatro como el Alfil, cuya programación se basa en la comedia gestual de trazo explícito (slapstick), el musical comercial y las obras de texto pseudoeróticas con actores vigoréxicos. Si tenemos esto en cuenta no es poco el mérito de Joan Estrader y su equipo.

Pero a pesar de utilizar el error creativo de Bobby Fischer, la simplicidad del pan tumaca y la analogía gato-diseñador, la “reflexión” que Estrader nos ofrece (juega varias veces con esta palabra durante el espectáculo) carece de profundidad. El género que impone la sala obliga a un peaje y la pregunta “¿cómo un concepto tan de moda como la ‘creatividad artística’ puede tener tanto éxito dentro de una sociedad apática en la que a la mayoría de la gente no le interesa el arte?” queda conscientemente elidida.

La vieja dialéctica entre mercado y arte está servida. La modernidad líquida del sociólogo Zygmunt Bauman ya anunciaba que la rigidez de las viejas estructuras sociales del siglo XX sería vencida por la liquidez de las ideas que la posmodernidad nos ha legado: flexibles y adaptables sí, pero efímeras y superficiales.

Gracias a esto Un leñador no es un diseñador podrá tener una larga vida como espectáculo, conferencia para emprendedores o charla de autoayuda para ejecutivos desolados, ya que el formato es flexible y adaptable. Sin embargo, la reflexión –tan esperada desde la loa que introduce el montaje– se queda en mero gesto humorístico, en una ingeniosa boutade que no permite que el pensamiento emprenda el vuelo o que, al menos, la palabra reflexión haga honor a su etimología y sirva a los espectadores de espejo en el que cuestionar lo que se siente.

Marcos García Barrero

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Marcos Contreras, Moobys.es: «Una reflexión en torno a los objetos en sí y al mundo del diseño de productos»

Una reflexión en torno a los objetos en sí y al mundo del diseño de productos

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