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Sinopsis: Un grupo de niñas, de adolescentes, bailan y cantan. Pubertad, juventud, deseo, primer amor, primera sangre, ríen... son vida. Un grupo de adultos gritan, amenazan, pelean, rezan, golpean, condenan... son muerte. Un grupo de niñas amenazan, acusan, vuelan y enferman... son palabra de Dios. Un grupo de adultos confiesan, delatan, sufren, mueren... son palabra del Demonio. Es increíble lo que es capaz de hacer un grupo de gente, la fuerza del ser humano. Es increíble el terror que es capaz de inspirar un grupo de gente, la locura del ser humano. Salem está construida sobre la estructura de una Iglesia-Estado, y toda la vida de los puritanos gira en torno a la religión, a la obediencia, y al temor de Dios. Temor… ya salió la palabra. El miedo. Ese viejo aliado de cualquier forma de poder... y tan presente en nuestra cultura desde el Antiguo Testamento. Las brujas..., a mi modo de entender, va mucho más allá de la brujería, Dios o el demonio. El conflicto de la obra se plantea en un contexto religioso, pero es completamente político. En una sociedad de orden, éste sólo se conserva mediante la represión, el terror. Demasiado actual para pasarlo por alto. (Andrés Lima)

Autoría: Arthur Miller

Adaptación: Eduardo Mendoza

Versión: José Luis López Muñoz

Dirección: Andrés Lima

Producción: Centro Dramático Nacional, Teatre Romea y Grec 2016

Reparto: Míriam Alamany, Nausicaa Bonn, Marta Closa, Borja Espinosa, Miquel Gelabert, Núria González i Llausí, José Hervás, Lluís Homar, Carles Martínez, Anna Moliner, Nora Navas, Albert Prat, Carme Sansa, Yolanda Sey, Joana Vilapuig

Escenografía: Beatriz San Juan

Iluminación: Valentín Álvarez

Vestuario: Beatriz San Juan

Caracterización: Toni Santos

Música: Jaume Manresa

Espacio Sonoro: Jordi Ballbé

Diseño del Cartel: ByG / Isidro Ferrer

Fotografía: David Ruano

Vídeo Promocional: Paz Producciones

Fecha del Estreno: 20 de enero de 2017

Teatro: Teatro Valle-Inclán

Género:

Duración: 2 horas y 40 minutos

Web Oficial: http://cdn.mcu.es/espectaculo/las-brujas-de-salem/

Entrevistas y reportajes:

Estudios Académicos:

 

 

 

julio

Las brujas de Salem (o El crisol) que se está poniendo en la sala Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional es una dramaturgia basada en el original de Arthur Miller con algún breve episodio de la vida del escritor en el momento de composición de la obra. Arthur Miller escribió esta obra durante los más duros años de plomo, momento de una metafórica caza de brujas que tuvo lugar con el fin de encontrar afectivos comunistas en el establecimiento de Broadway y, sobre todo, de Hollywood. Trata, pues, una temática muy trabada, con un texto ideológico que pretende establecer conexiones históricas entre dos momentos similares.

La caza de brujas original tuvo lugar en Massachusetts, por cierto, no lejos de donde yo vivía en Estados Unidos, en 1692. Los celotes puritanos, que vivían en una sociedad muy aislada y bastante supersticiosa, proporcionaron el pasto idóneo para establecer una sociedad inquisitorial, acusatoria y persecutoria. Esto es lo que denuncia Arthur Miller, esto es lo que entiende que conforma la pasta de la que está hecha su país.

Un grupo de muchachas, comandadas por Tituba, una esclava antillana, tienen una serie de encuentros furtivos con la intención de utilizar magia blanca para sus propios fines, sobre todo, hechizar de amor a sus amados. Son cogidas y, asustadas, comienzan a acusar a sus vecinos y congéneres de haberlas hechizado. El miedo, las acusaciones infundadas y las envidias propias de una sociedad pequeña y rural dan lugar a una auténtica caza de brujas en la que las muchachas, lejos de ser las brujas, son los dedos acusadores. Poco a poco, todos los personajes del pueblo van cayendo en el frenesí acusador o en el banquillo. La obra sirve como reflexión sobre los peligros de la ortodoxia llevada al límite, de la superstición y la creencia en la superchería y de la preminencia del pensamiento mágico frente al racional. La dramaturgia confronta dos momentos distintos el real y el de Miller, está bien secuenciada y dispuesta hacia un clímax que deja al público casi en trance. El trabajo actoral es muy adecuado. Podemos destacar, entre otros, los papeles de Abigail (Nausicaa Bonnín), Mary Warren (Anna Moliner), del viejo Giles Corey (José Hervás), del vicegobernador Danforth (Homar) y de John mismo (Borja Espinosa).

 

La escenografía es otro de los grandes aciertos de la obra: está basada en la imagen kinética de la construcción bíblica del templo presente en el Antiguo Testamento (1 Reyes 6 NVI)  y utilizando las ecos cinematográficos de la epopeya arcádica del Western en el que los habitantes de un pueblo construyen su iglesia de madera. Frente a estos poderosos iconos, que indudablemente están dispuestos para emocionar al público, el desenlace escénico de la obra contrapone una dura última imagen. La iglesia que hemos visto construirse ante nuestros ojos, se ha convertido en un patíbulo sacrificial en el que los habitantes de Salem celebrar la muerte de la voz de la razón.

El espacio sonoro está bastante bien construido no se subrayan musicalmente los momentos de patetismo y sí los de mayor acción, lo que evita derivar en un melodrama facilón. La intercalación de los episodios que tienen que ver con la vida de Arthur Miller están dispuestos de manera brechtiana de modo que rompen el ritmo de la obra y permiten parar para reflexionar sobre la actualidad de este tema.

En definitiva, se trata de un texto contemporáneo justamente canónico, de una gran materia teatral, que cuenta con una muy adecuada producción y una gran ejecución. De lo mejorcito de la presente temporada…

Julio Vélez Sanz, ITEM/UCM

 

«Finales del siglo XVII: en Salem, una ciudad de Massachussets, en Estados Unidos, se celebran varios juicios…»

Julio Bravo

ABC

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