1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…

Sinopsis: La obra trata de una mujer joven casada con su marido por conveniencia, por eso su actitud hacia el zapatero no es de ternura. Al principio habla de su marido con despecho y dice no estar enamorada de él, ya que el matrimonio lo decidieron terceras personas.

Dramaturgia: Leonor Pelayo

Autoría: Federico García Lorca

Versión: Leonor Pelayo

Dirección: Leonor Pelayo

Producción: Leonor Pelayo

Distribución: Teatro Cervantes de Málaga

Compañía: NTM (Nuevo Teatro Musical).

Reparto: Estefanía Moscoso, Pascal Guët, Mirian Muelas, Javier Cereto, Fran González, Jacaranda Rey, Carmen Blanco, Juanita Aguilar y María Benítez.

Escenografía: Lola García Segovia

Construcción de Escenografía: Lola García Segovia

Iluminación: Roberto Romance

Movimiento: Leonor Pelayo

Vestuario: Leonor Pelayo

Maquillaje: Marina Cavadas Laguna

Peluquería: Marina Cavadas Laguna

Caracterización: Marina Cavadas Laguna

Música: Nacho Doña

Espacio Sonoro: Nacho Doña

Diseño del Cartel: Javier Cereto

Fotografía: Estefanía Moscoso

Fecha del Estreno: 21/07/18

Teatro: Teatro Echegaray Málaga.

Otros Espacios: Teatro Florida de Algeciras.

Duración: 75 minutos

Género: Drama

Premios: Premio Ateneo de Málaga 2018 al Mejor Espectáculo Musical

 

Zapatera de corazón

Francisco M. González Romero.

Alumno en prácticas Máster en Teatro y Artes Escénicas.

Leonor Pelayo es una directora formada en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga. Es una directora contemporánea que lleva el coraje de la mujer por bandera. Y en esta versión de La Zapatera Prodigiosa de Lorca así se puede presenciar. Un montaje donde destacan la música, la armonía y las raíces andaluzas. En este montaje Pelayo muestra y dice todo lo que Lorca en su momento no pudo. Seguramente el genio “granaíno” habría dado su visto, más que bueno, a esta producción de características notables. Esta obra se produce en momentos en los que el feminismo está en alza, una manada anda suelta o una mujer no puede caminar de noche sin mirar atrás. La no libertad, los sueños rotos o el enjaulamiento de una persona, bien podrían ser los temas principales de la obra. Ese enjaulamiento está representado de manera brillante a través de una escenografía sencilla, pero con bastante significado y muy útil para la puesta en escena. Con cuerdas que van del suelo escénico a las varas, Leonor Pelayo parece presentarnos unos barrotes, dentro de los que se encuentran la zapatera y su marido y desde donde las vecinas observan y juzgan.

Los personajes de las vecinas, interpretados de manera sobresaliente, reflejan esa sociedad tan actual que vigila, intimida u obliga a como una mujer debe o tiene que comportarse. Esas vecinas que en los tiempos que corrían allá por los años 20, se convertían en verdugos de las mujeres que sufrían en silencio y así se hace notar en la obra con la frases que repiten a ritmo de música: “No hablaré de ti, no hablaré de mí, no vales pa na”. Expresan y acompañan esas frases con gestos de esclavitud, además de cuerdas a la cintura que forman parte del vestuario. Caracterización que, inequívocamente, señala la semejanza de las vecinas, todas con un único pensamiento o una única forma de ver la vida. Cada una además portando tacones rojos, que bien pueden ser rojo pasión, sangre o sufrimiento. Tacones para taconear, no para presumir. Taconeos que al ritmo de la música consiguen dar un pellizco al espectador con una coreografía perfecta y ejecutada al milímetro elaborada por la bailarina y también directora malagueña, Anita Ruiz.

Para Leonor Pelayo, como he comentado antes, la mujer es fuerza, coraje y corazón. La función comienza con un latido, como sucede en muchos de sus montajes porque para la directora malagueña, como ha declarado en alguna ocasión: “Todas mis obras salen del corazón, y de esa misma forma quiero que el público las reciba. Es importante para mí que el público abra la mente y el corazón para sumergirse en la obra de la misma forma que me he sumergido yo. Que sienta el placer de hacer el mismo camino que he hecho yo con el elenco”. A la vez que suena el bombeo del corazón, el elenco permanece en escena a telón abierto, en posiciones que hacen recordar a marionetas. Esas marionetas o ese teatro de títeres del que Lorca se enamoró de pequeño. Marionetas muertas de la sociedad que no habla. Un pueblo que no habla o no se reivindica está muerto.

Destacar por supuesto la música. Llevada a cabo por el maestro Nacho Doña, en riguroso directo, con una banda compuesta por nueve músicos. Música al más estilo rock andaluz que perfectamente puede recordar a grupos como Medina Azahara o Lagartija Nick. Las canciones están compuestas a raíz de letras de Lorca, poemas y escritos del dramaturgo. Cabe destacar la aparición de la famosa canción popular “La Tarara” justo a la mitad de la obra. En ese momento puede que la directora quisiera dar un respiro “a lo Brecht” al público, utilizando esta canción como transición entre los dos actos y así omitir el descanso. Señalar que, además de acompañar a las escenas y número musicales, la música está muy bien integrada en la obra, sirviendo para acciones de los personajes como por ejemplo el paso del tiempo que representa el zapatero con los golpes en la mesa. Síntoma de monotonía, de aburrimiento.

Para acabar, comentar alguno de los personajes de la obra, además de los protagonistas magníficamente interpretados por Estefanía Moscoso y Pascal Güet. El personaje del niño, que en esta ocasión es una niña, la actriz Mimi Muelas, es un personaje donde está representada la inocencia y el no saber qué es la vida aún. Para ella la vida es un juego, y así lo hace ver en la obra con sus intervenciones. Por otro lado, nombrar el personaje del alcalde, interpretado por Javier Cereto. Este personaje bien podría recordar a Bernarda con su bastón, en este caso con su vara. La primera aparición del personaje era al son de la música y con golpes al suelo con la vara. Representa así el poder y la autoridad. Y por último el personaje de Franc González, el autor, Lorca. Es una personaje que está en escena, como podría recordar a Tadeusz Kantor en “La clase muerta”. En la primera representación de La Zapatera Prodigiosa, Lorca estuvo en escena junto al elenco, de esta forma la directora rinde homenaje al escritor granaíno.

Por último, es interesante analizar el final. Ese final cruel, donde las vecinas visten los pies descalzos libres de la zapatera, con esos tacones rojos llenos de esclavitud, sometimiento y silencio. Silencio con el que cierran la obra las vecinas mirando al público, rompiendo la cuarta pared y haciéndoles cómplices y partícipes de lo que ha sucedido.

M. Carmen Sánchez, “La zapatera descalza”, Aforo Libre (8/10)

Entrevista:

Alberto Medina, “La zapatera prodigiosa según Leonor Pelayo: Lorca es pasión, magia y justicia.”, Culturamas, la revista de información cultural en internet.

“Silencio con el que cierran la obra las vecinas mirando al público, rompiendo la cuarta pared y haciéndoles cómplices y partícipes de lo que ha sucedido.”

Francisco M. González Romero

Alumno en prácticas Máster Teatro y AAEE (UCM)

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Logo