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Sinopsis: Es una visión poética de la vida y pensamiento de María Zambrano. Muestra recuerdos de su infancia, su vida en el exilio, su preocupación por el hambre infantil, su relación con su padre y su hermana y su persecución de la paz.

Dramaturgia: Nieves Rodríguez Rodríguez

Autoría: Nieves Rodríguez Rodríguez y Jana Pacheco

Dirección: Jana Pacheco

Ayudante de Dirección: Gabriel Fuentes

Producción: Centro Dramático Nacional, Volver Producciones, Ibercover Studio

Reparto: Óscar Allo, Isabel Dimas, Aurora Herrero, Daniel Méndez e Irene Serrano Escenografía: Alessio Meloni

Escenografía: Alessio Meloni

Ayudante de Escenografía: Elisa Cano Rodríguez

Construcción de Escenografía: Readestmontajes

Iluminación: Rubén Camacho

Movimiento: Xus de la Cruz

Videoescena: Clara Thomson

Vestuario: Eleni Chaidemenaki (Eleninja)

Realización de Vestuario: Sastrería Teatral Rafael Solís

Música: Gastón Horischnik

Espacio Sonoro: Gastón Horischnik

Diseño del Cartel: Javier Jaén

Fotografía: MarcosGpunto

Fecha del Estreno: 10/01/2018

Teatro: Valle-Inclán

Duración: 1 hora y 15 minutos

Género: drama

Web Oficial: La tumba de María Zambrano

 

javier-j-gonzalez  

La disposición escénica sorprende por su originalidad, por su belleza y por los enigmas que genera. En el tablado distinguimos unos cubos, que a lo largo de la acción dramática irán cambiando de definición. Son de distintas alturas, de distintas formas y sobre ellos se proyectarán imágenes fijas y en movimiento. Desde mi butaca sobresalía la exactitud y alta definición de algunos de los efectos visuales, especialmente la proyección de los gatos y la interactuación de los actores con esas imágenes. Del techo colgaba una enorme raíz de la que pendían a su vez cajas, calabazas y limones. Esa raíz puede estar conectada con la semilla que siembra María Zambrano al encontrar la palabra, la última palabra que buscaba la filósofa.

 

También es un logro digno de mención el vestuario y el movimiento coreográfico del personaje Araceli. Primero reconocemos un sucio montón de trapos, después vemos surgir de esos harapos la figura de Araceli y por último descubrimos todo el ropero de retales que forma la cola de su traje. La conjunción de su movimiento quasimecanizado y la interpretación que consigue con su velo-máscara está en perfecta armonía con el tono poético de toda la representación.

 

Porque estamos, efectivamente, ante una pieza poética, como el mismo subtítulo de la obra indica (“Pieza poética en un sueño”). No se trata, por tanto, de una pieza filosófica, en el sentido discursivo del término. Si se espera de esta obra una síntesis dramática del pensamiento de María Zambrano, puede resultar francamente lenta. Sin embargo, si se sigue el camino de exploración que se nos plantea, puede encontrarse poesía en la música, en el vestuario, en la iluminación, en las proyecciones y en el movimiento. No se trata de filosofía racionalista, sino de poesía filosófica.

 

Aunque la puesta en escena busca captar la forma poética de María Zambrano, también trata algunas de sus preocupaciones: la infancia, el hambre, los desplazamientos. Pero sin duda cumple con la representación de la razón poética, sin pretensiones de profundidad: quizás sea necesario que esa semilla de la palabra por fin encontrada sea sembrada superficialmente para poder germinar.

Javier. J. González Martínez, UNIR

Raúl Losánez, La Razón: “«La tumba de María Zambrano»: La Zambrano en clave poética”

 

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