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Sinopsis: comedia de enredo típica, en la que un galán y su dama buscan y encuentran la forma de casarse contra la voluntad de sus padres, con la ayuda de su ingenio, las confusiones de identidad y las ironías cómicas.

Dramaturgia: Miguel del Arco

Autoría: Pedro Calderón de la Barca

Versión: Julio Escalada

Asesoría Literaria: Vicente Fuentes

Dirección: Miguel del Arco

Ayudante de Dirección: Xus de la Cruz

Ayudante de producción: María Torrente

Producción ejecutiva: Joven Compañía de Teatro Clásico

Distribución: Lluis Homar

Compañía: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Reparto: Lisardo – Victor Sainz Crotaldo – Alejandro Pau Flor – Aisa Pérez Duque de Parma – José Luis Martínez Duque de Mantua – José Luis Martínez Perote – Mariano Estudillo Fabio – Alba Recondo Diana – Irene Serrano Fisberto – Pau Quero

Escenografía: Amaya Cortaire

Ayudante de Escenografía: Emi Ecay

Construcción de Escenografía: Taller de María Calderón

Iluminación: Juanjo Llorens

Maquillaje: Carmen Martín, Noelia Cortés, Carmen Sofía López

Peluquería: Carlos Somolinos, Antonio Román, Ana María Hernando

Música: Arnau Vilà

Espacio Sonoro: Sandra Vicente

Teatro: Teatro de la Comedia

Sala: Tirso de Molina

Duración: 1 hora 40 minutos

Género: comedia de enredo

 

 

Erik Coenen

Universidad Complutense de Madrid

El montaje de Miguel del Arco rebosa de energía y vitalidad, con ese horror vacui que caracterizan su concepto de teatro. La escenografía es sencilla pero versátil, de conotaciones italianas (parras). La música y el canto ocupan un lugar importante en el montaje, con abundancia de melodías y letras italianas, algunas repetidas y asociadas a ciertos personajes. Los jóvenes actúan con talento y alegría, pero el mejor trabajo es del más veterano, José Luis Martínez, en sus dos papeles ducales.

Es manifiesto el interés que sintieron director y adaptador por los personajes de Perote y Gileta, el matrimonio de graciosos. Se ha anulado el habla sayagués que les caracterizaba de manera estereotipada para el público original. Para compensar esta pérdida, Gileta es caracterizada como mujer extremadamente extravertida con una risita repetitiva. Mariano Estudillo, mucho más sereno en su papel de Perote, tiene la virtud de no dejarse comer en escena por Alba Recondo (Gileta).

Lo que en el original es un descaro vulgar es traducido a libertinaje admirable, con el problema de que el tercer acto se vuelve casi ininteligible, ya que su comicidad reside en la ocupación del lugar de la “señora” refinada por su “criada” ordinaria, que carece por completo del decoro y la cortesía pertinentes. Se sacrifican componentes importantes de la coherencia interna del argumento con la relativa dignificación de Gileta, por un lado, y la degradación de su señora Diana, por otro. En la escena menos lograda del montaje, vemos a Diana emborrachándose con Crotaldo, bebiendo directamente de la botella, sin rastro alguno del soy quien soy que determina la conducta de los nobles en estas comedias. En consecuencia, se pierde la comicidad asociada a la suplantación de Diana por Gileta que da, precisamente, título a la obra.

Lo que pierde la función en comicidad situacional al sacrificarse componentes tan importantes de la lógica interna de la obra, se pretende ganar por otro lado con todo tipo de gags: un jesuita que se postra exageradamente de bruces, Gileta que le pisa el pie a Perote y un amplio abanico de conductas hiperbólicas que generan la impresión de un conjunto de personajes neuróticos y desequilibrados. Como es comedia, mucho de ello funciona bien en escena. Con la energía y compenetración colectiva evidente del elenco, la energía de los momentos corales y la mera suma de los disparates intencionales, es un espectáculo entretenido, por más que no explica bien la obra.

“(…)Con la energía y compenetración colectiva evidente del elenco, la energía de los momentos corales y la mera suma de los disparates intencionales, es un espectáculo entretenido.”

Erik Coenen

Universidad Complutense Madrid

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