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Sinopsis: La consciencia humana sin cronología ni fronteras: pesadilla, fantasía, ensoñación, locura se funden en una realidad poliédrica. Un grito de anarquismo escondido en el alcohol busca refugio en el ardiente deseo de la resurrección del amor.

Dirección: Irina Kouberskaya

Reparto: Miguel Pérez-Muñoz (Simeón Julepe) Mª Ángeles Pérez-Muñoz / Catarina de Azcárate (La encamada) Chelo Vivares (La Musa) Rocío Osuna / Matilde Juárez (La Disa) Carmen Rodríguez de la Pica (La Pingona) José Manuel Ramos (Mozo) José María Ortíz Pepe el tendero Jesús Chozas Colaboración especial

Iluminación: Laura Torrado

Fotografía: Laura Torrado

Vídeo Promocional:

Duración: 1 hora

Género: Esperpento

Web Oficial: http://teatrotribuene.com/obras/la-rosa-de-papel/

Figurines Hugo Pérez de la Pica

Diseño y elaboración de muñecos Matilde Juárez

 

 

 

Lívidas luces de la mañana. Frío, lluvia, ventisquero. En una encrucijada de caminos, la fragua de Simeón Julepe. Simeón alterna su oficio del yunque con los menesteres de orfeonista y barbero de difuntos. Pálido, tiznado, con tos de alcohólico y pelambre de anarquista, es orador en la taberna y el más fanático sectario del aguardiente de anís. Simeón Julepe, aire extraño, melancolía de enterrador o de verdugo, tiene a bordo cuatro copas. Bate hierro. Una mujer deshecha, incorporándose en el camastro, gime con las manos en los oídos. Fantástica acotación que da inicio a esta pieza de Valle-Inclán inserta en el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte, y que se corresponde con las primeras palabras que el espectador de este montaje escucha en voz en off desde su butaca, bajo una oscuridad inquietante. A continuación, golpes ensordecedores de martillo que envuelven decididamente al público en una atmósfera extraña y sórdida que se mantendrá a lo largo de todo el espectáculo.

Si echamos un vistazo al texto del dramaturgo gallego, nos sorprenderán algunas licencias que la directora se ha tomado para llevar a las tablas su montaje. Principalmente, llama la atención la caracterización de las vecinas de La Encamada, únicamente cotillas para Valle, pero avariciosas y ladronas también en este espectáculo. Modificación que supone que el espectador reciba una visión de Simeón que no es tan negativa como la que nos propone el texto dramático, donde es el único personaje que se mueve realmente por dinero, importándole muy poco la enfermedad terminal que está sufriendo su esposa. Cuando esta fallece, Simeón solo se preocupa por encontrar la bolsa (‘gato’) de siete mil reales que su mujer le ha dejado, con una actitud desalmada y grotesca en una escena que es realmente trágica y casi esperpéntica por el trato que recibe la difunta. Por otro lado, falta cierta claridad en el perfil que se nos dibuja del personaje femenino, ya que en el texto teatral queda bastante claro que La Encamada se dedicaba a la prostitución –a través de diferentes frases que enuncian otros personajes sobre ella o por medio de símbolos, como es el de las botas–, profesión que le habría permitido ahorrar tanto dinero; en la propuesta escénica, desde mi punto de vista, esto se muestra solo de manera sutil e indirecta (y, tal vez, insuficiente).

Ahora bien, estas consideraciones no empañan en absoluto la versión dramática de Irina Kouberskaya, totalmente lícita y perfectamente ejecutada por unos actores de un nivel admirable y con unos magníficos detalles escenográficos, que iremos desgranando, y que la convierten en una puesta en escena atractiva y muy bien resuelta. En primer lugar, es interesante cómo se plasma en escena la presencia de los hijos de la pareja, mediante un coro de marionetas que representan a tres niños, los cuales, con desasosiego, solo repiten “¡Mamá Floriana! ¡Mamá Floriana!”, “¡Ay mi madre! ¡Mi madre! ¡Mi madre!”, y cuyo momento dramático cumbre tiene lugar con el beso que dan, a modo de despedida, a su yerta madre. Son personajes solo aparentemente secundarios, en una típica paradoja valleinclanesca, pues su pueril confesión acerca de dónde ha escondido su madre el dinero es el elemento clave que permite desencadenar y hacer avanzar la acción dramática. Fascinante es sin ninguna duda la escena de amortajamiento de la difunta, momento del que se hace partícipe al espectador a través de una cortina blanca que, con una luz perfectamente proyectada, siluetea los movimientos que las vecinas de La Encamada van realizando en su cuerpo para asearla y prepararla. Es una escena mágica que transmite un respeto absoluto, ahora sí, por la difunta. En este sentido, cabe dedicar unas palabras a la deliciosa escenografía del montaje, que, con su juego de luces y sombras, el ruido de una lluvia que pocas veces cesa y los pocos elementos físicos que visualizamos en la escena, crea un marco sencillo, real y muy adecuado para lo que consideramos es la atmósfera que Valle imaginaba para esta obra.

Por otro lado, querría referirme a uno de los momentos finales de la pieza, que es, a mi modo de ver, un plausible añadido de la directora rusa, quien, en una escena muy sorprendente y bella, permite que Floriana resucite de la muerte para convertirse en una reina del cuplé y bailar, así, con todos los personajes masculinos de la pieza y, en especial, con su marido. En relación directa con esto, cabe decir que la música acompaña en todo momento el transcurrir de la trama con la dosis exacta para crear ese ambiente de realismo sórdido e irreverente. Así, se da una mixtura de variedades sonoras tales como la Marsellesa con otras piezas musicales inquietantes y sugerentes que crean una atmósfera tan extraña como la que encontramos, por ejemplo, en algunas obras cinematográficas del director mexicano Arturo Ripstein.

Finalmente, es reseñable también cómo se resuelve la última escena de la pieza, que en el texto teatral expresa una acotación final que es muy difícil de llevar a las tablas literalmente (como tantas en Valle, quien seguramente se complacía y divertía planteando tales retos a los directores teatrales): Simeón tropieza, haciendo caer una vela sobre la rosa de papel que porta su difunta mujer en las manos, flor que se convierte en fuego y provoca unas llamas que acorralan el cuerpo muerto de Floriana y, con él, también el de su esposo. El montaje de Tribueñe lo resuelve con maestría y con un simbolismo que nos retrotrae a la tradición más clásica de la muerte: Simeón, cual Caronte con su barca, se lleva el ataúd de su mujer mientras sale del escenario, dando fin, así, a un espectáculo que nos ha sumergido durante una hora en un mundo de avaricia, de lujuria y, sobre todo, de muerte, y donde un Valle muy particular, cerca ya de lo que será su marca esperpéntica, ha conseguido mostrarnos una realidad trágica y tenebrosamente grotesca de la vida.

 

Esperanza Rivera Salmerón

Universidad de Valladolid

Irene Sadowska, “La Macabra Danza”, Artezblai

Estrella Savirón, “La Rosa de Papel”, A golpe de efecto

José Miguel Vila, ‘La rosa de papel’: el esperpento de Valle-Inclán pasado por el tamiz de Irina Kouberskaya, Diario Crítico

 

En su lectura contundente de La rosa de papel Irina Kouberskaya recalca en este mundo confuso y delirante los conflictos extremos, la codicia, los bajos instintos, la deshumanización, la precariedad de la vida de los personajes.

Irene Sadowska

Artezblai

Repleta de lecturas que surgen del dolor, la burla dolorosa, el esperpento y el absurdo, dando en realidad, una bofetada a las normas sociales, éticas y morales.

Estrella Savirón

A Golpe de Efecto

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