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Sinopsis: El príncipe Tamino perseguido por una serpiente, se interna en los dominios de la Reina de la Noche, quien se aparece enseñándole un retrato de su hija Pamina, secuestrada por el malvado Sarastro. Tamino se enamora al ver la imagen de la joven, entonces la Reina promete cederle la mano de su hija con la condición de que la rescate. Tamino junto con Papageno, hombre-pájaro, se adentra en territorio de Sarastro, pero pronto se da cuenta de que el mal lo encarna realmente la Reina y no Sarastro. Pero para quedarse lejos de la Reina con su amada ha de superar una serie de pruebas, una vez superadas los amantes se reúnen y el bien triunfa sobre el mal.

Autoría: Música de Wolfgang Amadeus Mozart, Libretto de Emanuel Schikaneder

Adaptación: Pavel Marek

Dirección: Pavel Marek

Producción: José Soriano (grupo Sona)

Compañía: Teatro Negro Nacional de Praga

Reparto: Jan Kuželka, Maria Rosa Pace / Eliška Kolářová, Gaëtan Pires, Aleš Hanzlík, Jiří Mařík, Pavel Marek, Tereza Szentpéteryová / Ayano Nagamori, Petr Boyda, Pavel Plch, Roman Srp

Iluminación: Ivana Marková / Jan Kuželka

Movimiento: Jaroslav Slavický / Kristýna Marková

Música: Wolfgang Amadeus Mozart

Teatro: Teatro Auditorio San Lorenzo de El Escorial

Duración: 1 hora y 35 minutos

Género: Teatro Negro

Web Oficial:

Teatro Negro Nacional de Praga

Grupo Sona

Entrevistas y reportajes:

Atlántico : “La Flauta más Mágica”

Mozart es un valor seguro para atraer al público y La flauta mágica resulta especialmente adecuada para el familiar. Los elementos fantásticos de la obra ofrecen grandes posibilidades a una compañía como el Teatro Negro Nacional de Praga, con su énfasis en la producción de ilusiones escénicas. El gran peligro al que se enfrenta es que, una vez el público está sentado dentro del teatro, el éxito está lejos de estar garantizado con una función de música pregrabada. El factor decisivo lo constituyen en gran medida los efectos visuales a los que tan bien se presta la obra a causa de lo que en puridad es (un Zauberspiel, esto es, una pieza de género fantástico por decirlo de algún modo). Y aquí el Teatro Negro Nacional de Praga se ha de embarcar con Emanuel Schikaneder, que elaboró un argumento acusado a menudo de ser una espantosa estupidez. La adaptación dirigida por Pavel Marek se enfrenta a la prueba sin tapujos. La obra se reduce (unos cuantos personajes secundarios desaparecen, comenzando por las tres damas), pero se mantiene la estructura de Schikaneder y para evitar malentendidos se presenta como Aspectos de “La flauta mágica”. Respeta la división en dos actos de la pieza original y la representación es introducida por un maestro de ceremonias vestido al modo dieciochesco. Al principio de cada acto, este sube al escenario con una linterna mágica y se proyectan dibujos con su argumento leído por una voz en off como cuento de hadas. Se trata de un recurso acertado de cara al público infantil, que en realidad se suele irritar si no encuentra la forma de integrar en una historia las ilusiones escénicas. A partir de ahí, la representación se desarrolla sin palabras y con un gran despliegue de teatro negro, danza, pantomima, acrobacia, proyecciones de video, marionetas gigantes y otros elementos visuales. La Reina de la Noche adquiere gran prominencia con la proyección de primeros planos suyos en algunas escenas y también porque en la grabación musical todas las voces excepto la suya son sustituidas por instrumentos (se mantiene una soprano en “O zittre nicht” en el primer acto y “Die Hölle Rache” en el segundo, lo que produce un efecto similar al que inversamente se da en una representación operística de El rapto en el serrallo, con el bajá Selim como antagonista y único personaje principal que no canta). Una consecuencia es una relativa falta de contraste en otras áreas del reparto, sobre todo entre las dos parejas formadas Pamino-Tamina y Papageno-Papagena, a pesar de que se intente mantener por el vestuario y otros elementos (los materiales promocionales disponibles en la red corresponden a una producción anterior, con diferencias significativas). De hecho, la función cómica se desplaza de Papageno al maestro de ceremonias, encarnado por Pavel Marek (con lo que no deja de quedar en manos del director de la compañía, como sucedía originalmente). Esta producción, en cualquier caso, es ante todo un trabajo de equipo, con una coreografía funcional y perfectamente integrado. Mozart proporciona el reclamo más que la columna vertebral del espectáculo y no hay complejos a la hora de utilizarlo: no sólo se echa mano de sinfonías y serenatas en el primer acto, sino que en el segundo, cuando Pamino y Papageno se enfrentan a las pruebas, llegan a sonar pasajes del Don Giovanni y el Requiem (quien tenga curiosidad, puede comprobar cuál sería aquí el resultado si Mozart se hubiera visto en un brete y hubiera reciclado material como Rossini). Es posible que el espectador familiarizado con la obra eche de menos involuntariamente la voz humana, pero incluso en tal caso no dejara de notar que se halla en presencia de un trabajo más cercano al espíritu del original que algunas puestas en escena que le hayan infligido en teatros de ópera. En cualquier caso, las líneas anteriores no dejan de ser tonterías para mayores y carecen de significado para aquellos afortunados que se aproximen a La flauta mágica por primera vez. Y, para los más avezados, esta producción del Teatro Negro Nacional de Praga no deja de ser un estimable experimento para apreciar mejor cómo funciona ese artefacto maravilloso que es La flauta mágica, que hoy emerge aislada pero imponente, gracias a un compositor genial, como último resto de lo que antaño fue una floreciente tradición.

Juan Carlos Bayo

SET / ITEM

La Flauta más Mágica
Alejandro Martín

Atlántico

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