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La fiesta del viejo es una magnífica adaptación libre y contemporánea del Rey Lear, de William Shakespeare. Fernando Ferrer (1975), dramaturgo, director y productor independiente argentino, estrena esta tragedia en España con motivo del Festival de Clásicos en Alcalá. El escenario del Corral de Comedias, convertido en el club deportivo del barrio “Polonia”, recibe al público en un ambiente festivo de cumpleaños. Los personajes brindan con vasos de vino, preparan la tarta y encienden la vela, juegan al tenis de mesa mientras suena de fondo la música del acordeón. El viejo Lear, dueño del club, aparece rodeado de sus colaboradores: el cocinero, su hermano y Bufo (una joven rescatada de la calle) personaje inspirado en el bufón shakesperiano. Lear apaga la vela y desea conocer el grado de amor de sus tres hijas para repartir su herencia. El planteamiento dramatúrgico despierta la expectación y es fiel al original en las líneas principales de la trama: las hijas mayores, Regina y Neski (se cambian los nombres de la primogénita Gonerilda y de Regania) pronuncian sus aduladores discursos mientras la menor, Cordelia, no sabe expresar lo que siente hacia su padre y solo puede decirle que lo quiere como padre. Las mayores asisten con sus maridos y Cordelia presenta en la fiesta a su nuevo novio, el francés, hijo del presidente del club deportivo francés, rival del Polonia. Hay muchos guiños como este que aluden a los personajes del autor isabelino: el rey de Francia que se convierte en esposo de Cordelia, el conde de Kent, fiel servidor de Lear y de Cordelia, el bufón, los duques de Albania y Cornualles (esposos de Gonerilda y Regania). Por otra parte, en esta actualizada versión también la peripecia surge a partir de los errores de juicio del viejo Lear. La tragedia se desata como resultado del reparto de sus posesiones en vida a las dos hijas mayores y del hecho de desheredar injustamente a Cordelia. Lear es tratado como un desmemoriado y un loco por sus interesadas hijas que le aconsejan disminuir la plantilla del club y venderlo para construir un edificio de veinte apartamentos. La violencia se desata y los dos bandos se definen: la avaricia y la traición frente a la creciente locura del viejo, que ha perdido el amor de sus hijas. Lear ya no vaga errante como en el original sino que se encierra en el club y sus hijas y yernos le cortan el suministro de luz y la comunicación. El espectador se sumerge en la batalla y los personajes deambulan por el patio de butacas convirtiendo todo el edificio del teatro en el club Polonia. Merece la pena destacar la encomiable interpretación de los once actores, su entrega física y emocional, aunque el protagonismo corresponde al viejo Lear. El actor Abian Vainstein encarna espléndidamente al personaje y pasa de la alegría a la furia o a la locura con magistral talento. El clima de tensión del espectáculo aumenta con los recuerdos familiares, tan bien ejecutados por Vainstein: el holocausto, el humo de un tren, el gueto y el muro de Berlín como metáfora de su propia familia. La cosmovisión de Shakespeare es trasladada con notable acierto por Fernando Ferrer; se suprimen personajes del original para concentrar la trama (el conde de Gloucester y sus hijos, etc.); sin embargo, la traición y la codicia del hijo bastardo se concentra en la trama de las dos hijas y sus maridos. La infidelidad de Neski con su cuñado desata el violento final y la reacción de Cordelia. Fernando Ferrer es fiel al espíritu de Rey Lear y realiza una excelente dramaturgia y puesta en escena de una de las principales tragedias de Shakespeare. Sus temas y personajes se acomodan a las tramas del autor isabelino como ya demostró en La payanca (basada en Hamlet). Ferrer comenzó su andadura estudiando interpretación en la Escuela Nacional de Arte Dramático de Buenos Aires y se reconoce discípulo de Eugenio Barba, Diego Cazabat y Javier Daulte. De este último afirma que es un maestro que le enseñó a escribir y dirigir su propia obra, como bien hemos podido apreciar. La fiesta del viejo se estrenó en 2017 en el conocido teatro Espacio Callejón, de Buenos Aires y ese mismo año obtuvo el Premio Teatro del Mundo por la adaptación teatral. En 2018 realiza su gira europea con el propósito de continuar en USA en 2019. Una muestra más del buen hacer de los actores y la vitalidad del teatro argentino.

Sol Montoya, ITEM

 

 

La fiesta del viejo de Fernando Ferrer es una obra distinta y es una obra clásica y es una obra nueva y es una obra que suena y es una sorpresa. Para la crítica de una escenificación como la que pudimos disfrutar en el Corral de Comedias de Alcalá el pasado 6 de julio de 2018 me hubiese gustado no tener que referirme a ninguna otra obra anterior. Pero como la cartelería señala “a partir de Rey Lear, de William Shakespeare” recuerdo una obra literaria que es anterior a la escenificación, con todos los riesgos que eso contrae.

 

A la salida del Corral escuché la siguiente contestación a la pregunta sobre qué habíamos visto: «Una versión de Rey Lear». Y ahí se acabó la conversación. Como si todo hubiese sido dicho. Como si la referencia a ese texto ya zanjase todo diálogo. Pero el viejo se merece una identidad propia. La suya.

 

La obra parecía pensada para el espacio del Corral de Comedias de Alcalá de Henares. Tanto el escenario, como el patio, fueron empleados de forma continua por los actores, que parecían parte del Corral, como las vigas, los bancos, las columnas y los ladrillos. Fue un acierto encontrarnos a los actores ya en escena con los preparativos para la fiesta del viejo. Éramos nosotros los invitados a esa fiesta familiar, éramos los nuevos en ese ambiente íntimo. Toda la acción nos envolvía: Lear nos hacía entrar debido a su enfermedad y sus hijas nos sacaban para que no viésemos el estado actual de su padre. Los actores desbordaban el escenario, salían al patio de butacas, nos obligaban a vernos como invitados en medio de una fiesta familiar. Compartimos con ellos risas, carcajadas y lágrimas.

 

El espacio escénico se va vaciando a medida que avanza la acción dramática. Es curiosa la mesa de ping-pong en la que juegan a este deporte antes de empezar propiamente la obra porque después no vuelve a aparecer. Igual que desaparecen los gráficos del reparto de la herencia, los confetis y las sillas. Tanto el sonido como la iluminación son los justos, como se agradece que sea. Sin embargo, la interpretación de estos diez actores argentinos es desmesurada, que también se agradece. Se caracteriza muy bien, tanto en su dramaturgia, como en su dirección, como en su interpretación, el personaje de Cordelia, especialmente en su vertiente de misterio y exclusividad. Y por eso aparece en escena lo mínimo. Lear no se aclara si le quiere incestuosamente, si le admira, si le desconcierta, si reconoce en ella la única hija que realmente le quiere.

 

Entre los temas especialmente destacados está el tiempo. En la relación entre los distintos personajes el respeto al tiempo del otro marca la diferencia. Lear tiene su propio tiempo, que percibe que se acaba, que confunde con el tiempo pasado y que lucha por vivir hasta su última bocanada. Las hijas mayores quieren imponerle su tiempo, que es de urgencia, de precipitación, de futuro y de ya y ahora. Cordelia no impone su tiempo, no asalta el tiempo de su padre, frena el tiempo de sus hermanas, no ambiciona los tiempos de los otros. Este es el tiempo del viejo, es el tiempo de su fiesta. Ni siquiera es el tiempo de Shakespeare.

 

Javier J. González Martínez, UNIR

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