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Dramaturgia: Emilio Gutiérrez Caba

Autoría: VV.AA.

Versión: Basada en el texto de Juan Ruiz de Alarcón y escenas de La Fénix de Salamanca de Antonio Mira de Amescua y Obligados y ofendidos y Gorrón de Salamanca de Francisco de Rojas Zorrilla

Asesoría Literaria:

Dirección: Emilio Gutiérrez Caba

Producción: NTC, Euroscena (Compañía Salvador Collado) y Universidad de Salamanca

Reparto: Eva Marciel, María Besant, Daniel Ortiz, Juan Carlos Castillejo, Chema Pizarro, José Manuel Seda

Escenografía: Suso 33 y Alfonso Barajas

Iluminación: Juanjo Llorens

Vestuario: Alfonso Barajas

Música: Luis Delgado

Vídeo Promocional: La cueva de Salamanca

Fecha del Estreno: 07/06/2018

Teatro: Teatro de la Comedia

Género: Comedia

Web Oficial: La cueva de Salamanca

 


La cueva de Salamanca es un espectáculo ambicioso -por cuanto trata de reproducir en escena una multitud de personajes, ambientes y situaciones frenéticas con los más mínimos y sencillos medios, como un reducido número de actores, una escasa escenografía, la figuración pictórica de hermosos espacios naturales salmantinos…- que malogra sus objetivos y provoca la distancia de la mirada del espectador, que a duras penas consigue sumergirse en una dinámica que, al menos en principio, no es aquella para la que fue convocado, sino que ante sus ojos aparece una compañía con dificultades para crear una función en torno a una obra dramática, esto es, la ficcionalización de la cada vez más frecuente metateatralidad escénica. 

 

El teatro dentro del teatro debe ser un recurso a propósito de un fin, no el desvío de la mirada y del entendimiento del público que asiste a la sala para ver un clásico como La cueva de Salamanca, de Juan Ruiz de Alarcón. Y, en tal caso, bien podría suponer una grata sorpresa, siempre y cuando el mensaje creado por la dramaturgia aporte valor a la representación. Mucho nos tememos que no ocurre tal cosa en esta ocasión. Una lástima, ya que el texto de referencia bien merece la pena y solo es reconocible por momentos, los más atractivos probablemente. 

 

De hecho, el público asistente entraba y salía constantemente de cuanto acontecía en la escena. A veces costaba incluso sumergirse en ella durante bastantes minutos de espectáculo, y cuando se lograba, enseguida la representación practicaba el distanciamiento de la escena, de tal suerte que ni cogía ritmo ni suficiente atractivo, a pesar incluso de la agilidad de los movimientos y la dicción de los actores.

 

En cualquier caso, el trabajo de estos fue muy destacable -y presumiblemente agotador-. Y la intención del director y adaptador, que al parecer trabajó por encargo y se ocupó del montaje de principio a fin, estuviese lograda o no, era bastante noble y se advertía su conocimiento del oficio. El sabor castellano quedaba reflejado muy especialmente en los telones, el mobiliario y el vestuario, al tiempo que las vicisitudes de las compañías teatrales en la actualidad -segundo nivel dramático de la obra- también quedaban perfectamente reflejadas, aunque apenas dejasen un resquicio para ser optimistas de cara a su futuro. 

 

En fin, La cueva de Salamanca se configura como un espectáculo creado para una ocasión muy concreta, el VIII Centenario de la Universidad salmantina, cuya relación con tal acontecimiento se encuentra, según su director, en su temática, la magica blanca y negra, la cual, entendemos nosotros, contrasta con el conocimiento y la luz que trae a la humanidad precisamente el saber universal. Suponemos que, aparte de la referencia a la ciudad, ahí es donde se ha querido ver la relación entre una y otra.  

 

Miguel Ángel Jiménez Aguilar,  UNED

Juan Ignacio García Garzón, ABC: ” «La cueva de Salamanca»: magia y gazuza”

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