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Sinopsis: En un futuro no lejano, el partido en el gobierno, Pueblo en Pié (léase Podemos), necesita pagar los onerosos intereses de la deuda del Estado Español. Una fórmula: vender cuadros de la pinacoteca del Prado, Las Meninas entre otros. Para ejecutar el proyecto, prevén que una Monja copista realice una copia y “vender” esta decisión a la opinión pública y los restantes partidos como la mejor opción, no solo porque un país de petrodólares asuma la deuda, sino también por considerar al arte y la cultura como algo superfluo y su valoración en función de la subjetividad del individuo, siempre influenciado (o manipulado) por los medias. De aquí arrancan diversas tramas: unas relacionadas con la copista que, halagada, se siente un genio; otras con teorías del arte o la postergación de este ante la pérdida de valor adquisitivo y bienestar; unas terceras contra la pérdida de identidad de la sociedad contenporánea.

Autoría: Ernesto Caballero

Dirección: Ernesto Caballero

Reparto: Carmen Machi, Mireia Aixala y Francisco Reyes

Escenografía: Paco Azorín

Ayudante de Escenografía: Isabel Saíz

Construcción de Escenografía: Taller de Escenografía de Sant Cugat

Iluminación: Paco Azorín

Videoescena: Pedro Chamizo

Vestuario: Ikerne Giménez

Realización de Vestuario: Sandra Calderón

Espacio Sonoro: Luís Miguel Cobo

Diseño del Cartel: Javier Jaén

Fotografía: David Ruano

Fecha del Estreno: 16/12/2017

Teatro: Valle Inclán

Duración: 1 hora 30 min.

Género: Comedia

Web Oficial: Centro Dramático Nacional

Entrevistas y reportajes:

Natalia Esverri, El arcón de Natalia: “Las obras de Ernesto Caballero, yo no me las imagino dirigidas por otra persona”

antunanoErnesto Caballero acierta en captar problemas de la sociedad española actual (el escaso interés por la cultura, el mínimo aprecio hacia valores pretéritos, la necesidad perentoria del bienestar, la superficialidad de partidos, eruditos y población, las teorías del arte subjetivas todas y algunas derivadas de la postmodernidad, etcétera) y traducir en sátira esos problemas de la sociedad española, perfectamente identificables. El espejo de la sociedad se sitúa frente al espectador y se acumulan en la comedia situaciones que trasladan noticias, artículos pseudo-eruditos de revistas científicas, frívolas declaraciones políticas entorno a la cultura y la sociedad, circunstancias personales donde figurar es más importante que ser, etcétera. Junto a este friso, el diálogo sobre la función del arte, la subjetividad en la valoración de las obras artísticas, la anécdota o la ocurrencia artística capaz de borrar valores imperecederos del arte, etcétera; y la frustración de tres personajes, que capitulan de sus principios cuando el halago o la necesidad de conservar el puesto de trabajo es prioritario. Muchos temas, acaso demasiados, que se enuncian, se describen, se identifican, se critican mediante la sátira, pero sin ir más allá, dejando la sensación de apertura de muchos frentes, que no cuajan, y sin que el autor delimite con precisión el objetivo de la crítica. En esta línea, se echa en falta un mayor desarrollo de los asuntos propuestos, de manera que la crítica posea un mayor calado, el posicionamiento global del autor resulte más sólido y menos artificioso, y la estructura dramática de la obra tenga un mayor desarrollo. En este sentido, llama la atención que con la abundancia de ideas, estas no tengan progreso y estructuralmente respondan al planteamiento de una obra corta, que de alguna manera se repite con un esquema parecido y algunas variantes por tres veces.

En la sátira existen dos planos complejos de articular en la misma obra y no conseguidos: la crítica socio política a través del arte y las ocurrencias de la monja copista (Carmen Machi) ante las cuestiones que le plantean la directora del Museo y un guarda de seguridad, y los éxtasis creativos de la primera (vanguardismo frente a clasicismo) que se enhebran mal en el tejido de la estructura dramática, aunque sean ocasión de lucimiento de la actriz. El buen trabajo, la comicidad y la variedad de recursos de Machi consiguen entretener y divertir, aunque la sátira se quede en la superficie de las cuestiones a las que se enfrenta el autor y director. En la puesta en escena, tres pantallas, donde se reproduce el cuadro de Velázquez parcial o en su totalidad, recogen un área de actuación reducido, donde Machi con sus cualidades y hábil con las complicidades con el público se exhibe.

José Gabriel López Antuñano

ARES – UNIR

La autora de Las Meninas: La corrupción del arte

María Bueno Cebollada – Alumna Máster UCM 

La autora de Las Meninas, obra estrenada en el 2018 bajo la dirección de Ernesto Caballero en el Teatro Valle Inclán, comienza con Carmen Machi en escena ataviada de monja y pronunciando las siguientes palabras: “Esta es la historia de una posesión. Escuchad.”

Una vez pronunciadas, Sor Ángela, que así se llama la monja encarnada por Machi, toma el rol de narradora de la historia y explica que el testimonio que está a punto de relatar al público sucedió un año atrás y que se trata de una farsa que le hace sentir culpable. Seguidamente, aparece una pantalla sobre la que se proyecta lo siguiente: Año 2037. A continuación, la religiosa se encuentra reunida en el despacho de una mujer que resulta ser la directora del Prado: Alicia. Esta le propone a Sor Ángela realizar un encargo para su museo. Debido a la situación política imperante, el nuevo Ministerio de Cultura, llamado Ministerio de Participación, Integración y Estudios de Género, se puso en contacto con la directora del museo para ejecutar una copia de una de las obras más conocidas de Diego de Velázquez: Las Meninas o La familia de Felipe IV. De esta forma, esa copia la realizaría la propia monja, ya que es una conocida copista.

En lo que a la obra teatral se refiere, las dos claves temáticas para entenderla son: la situación político-social que se plantea y el proceso de “posesión” de Sor Ángela. Por un lado, en esa sociedad futurista, se han producido cambios sociales, tales como, la salida de la Unión Europea, la vuelta a las pesetas y un nuevo gobierno populista liderado por el ficticio partido Pueblo en Pie. A lo largo de la obra, se descubre todo un sistema corrupto en cuanto a la compraventa de arte y como éste queda relevado a un simple intercambio comercial con las petro-monarquías árabes debido a una deuda pública que esa España futurista debe hacer frente. Por el otro lado, Sor Ángela representa el perfil de persona que desde su ingenuidad se adentra en un terreno tan pantanoso que termina siendo seducida por el sentimiento de ser reconocida como artista. Para justificarse y acallar la voz de su conciencia, establece una comparación entre el propio Velázquez y la época de decadencia en la que se encontraba la monarquía de Los Habsburgo en España con su situación y la de su país endeudado que ha de vender parte de su patrimonio artístico.

Para finalizar, la obra está planteada a través de la confesión de Sor Ángela que siente un profundo desaliento por haberse dejado llevar por la vanidad o lo que ella misma define como: “Una monja reconvertida en performer mediática”. De esta forma, Caballero plantea una sociedad futurista, no muy alejada a la de nuestro tiempo, en la que una Europa desestructurada se convierte en un “mercadillo de antigüedades” y el eslabón revolucionario, Sor Ángela, no es otro que un miembro de una de las instituciones más conservadoras a lo largo de la historia, como es el caso de la Iglesia católica.

Juan Ignacio García Garzón, “’La autora de Las Meninas’: el valor del arte”, ABC [6/10]

 Javier Vallejo, “Del convento al concepto”, El País [7/10]

Rafael Fuentes, “La autora de Las Meninas, de Ernesto Caballero: el mal de la banalidad, El Imparcial [7/10]

Mario Martín Lucas, El español: «Me gusta acudir a cada nuevo espectáculo teatral con la mente como un lienzo en blanco».

Javier Vallejo, El País: «Del convento al concepto».

Juan Ignacio García Garzón, ABC: «La autora de Las meninas, el valor del arte».

Marta Cervera, El periódico: «Carmen Machi, de zorra a monja».

 

 

«Del convento al concepto»

Javier Vallejo

El País

«La obra está planteada a través de la confesión de Sor Ángela que siente un profundo desaliento por haberse dejado llevar por la vanidad o lo que ella misma define como: “Una monja reconvertida en performer mediática”. De esta forma, Caballero plantea una sociedad futurista, no muy alejada a la de nuestro tiempo, en la que una Europa desestructurada se convierte en un “mercadillo de antigüedades” y el eslabón revolucionario.»

María Bueno

Máster UCM

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