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Sinopsis: Juego de niñas es, precisamente, un juego donde se muestran los miedos y expectativas de los padres a la hora de dejar a sus hijos en la escuela. También los miedos que tienen estos niños -transmitidos en ocasiones por los padres- de no sentir la aprobación de sus compañeros, sus padres o sus profesores. Y, también, el miedo que sienten estos últimos a causa de la sobreprotección, cada vez más desmedida, hacia los niños. En definitiva, una situación en la que la falta de comunicación entre padres, hijos y profesores puede convertirse en malas acciones o puede quedar nada más que en un juego que se ha mal entendido.

Dramaturgia: Adrián Novella

Ayudante de Dirección: José Figueroa

Producción ejecutiva: Charo García

Distribución: Amadeo Vañó – Cámara Blanca

Reparto: Resu Belmonte, Vicent Domingo, Héctor Fuster, Ariana Higón, Francesc Romeu, Gemma Taberner

Escenografía: Adrián Novella

Movimiento: Alejandra García

Diseño del Cartel: Sergio Serrano

Reseña teatral de Juego de Niñas

Mélanie Werder – Instituto del Teatro de Madrid

El Teatro del Barrio presenta una propuesta escénica inmersiva, que después de cinco años de vida, aún sigue girando.

Lo grados que habitan la noción de inmersivo, o de público participativo son siempre una cuestión de debate, pero desde luego, en esta propuesta, la ilusión integradora de juego funciona.

Adrián Novella, dramaturgo y director, propone una reunión de madres y padres en un colegio. ¿El público? Los familiares de los menores, que acudimos a esta reunión. El juego se establece desde el inicio de la pieza, ya que en el hall del teatro los intérpretes-los profesores-, ya juegan a reconocer al público (¡ah, sí, vosotros sois la madre y el padre de Juan Carlos!) y les ponen una pegatina presentándoles. (No se preocupen, recordarán el nombre de su vástago, lo tienen pegado al pecho).

El efecto de juego de roles funciona de forma excelente. El Teatro del Barrio se transforma en un aula de infantil, y las sillas en miniatura ofrecen un espacio circular en el que los familiares (anteriormente conocidos como “el público”) pueden asistir a la reunión y tratar de entender por qué motivo han sido convocados.

La dramaturgia, de manera acertada, calcula los cambios de ritmo y temática, jugando durante la hora de duración a desvelar los elementos clave de la fábula. ¿Qué padres tienen problemas? ¿Con quién tienen problemas? ¿Por qué la profesora espera a los padres que no vienen? Y cuando parece que el juego participativo con el público (¿Tú a qué te dedicas?) ya está establecido, llega la historia. El tema. La cercanía construida- con los intérpretes a un palmo- hace sentir los cambios de atmósfera de una fiesta infantil, divertida, un juego de niños a algo que ojalá lo fuese.

Sus referencias [La Cubana, Roger Bernat] que señalaba la compañía en el coloquio posterior, se pueden palpar en un juego que como señalaba la actriz Resu Belmonte, les lleva a aceptar la teatralidad del intercambio. El bagaje que tienen les permite aceptar todo lo que pueda ocurrir en este espacio –destacan la facilidad de girar con el aula creada: todos los pueblos tienen colegios o casas de la cultura- y con ese todo (intervenciones del público, confusiones, espontaneidad) pueden ir construyendo, siempre “con la tranquilidad de que sé lo que estamos contando”. Una tranquilidad muy necesaria el apoyo de un drama, y que esta que escribe (permítanme que me nombre) echa en falta estos días.

El final, en el que se despide a los padres como si una reunión auténtica se tratase, con circular informativa incluida, subraya la intención de la dirección de no romper el artificio. No hay un alivio colectivo, es más, en la circular se subraya el origen de la dramaturgia en un caso real. Otra vez, se nos expulsa del espectáculo pringados de lo real, y con una necesidad de comunidad que origina un espontáneo aplauso a la nada, al hecho escénico acontecido, en las puertas del teatro.

Apúntenselo en google calendar: tienen la reunión del cole.

[Hasta el 8 de mayo en el Teatro del Barrio]

El País, El peligro de ser Inocente, Javier Vallejo 

» Otra vez, se nos expulsa del espectáculo pringados de lo real, y con una necesidad de comunidad que origina un espontáneo aplauso a la nada, al hecho escénico acontecido, en las puertas del teatro.»

Mélanie Werder

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