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Sinopsis: Ildebrando Biribó, es un “monólogo a varias voces” donde el actor juega con los personajes, las historias entremezcladas y la vorágine de ideas que se lanzan sobre la escena. Con grandes dosis de humor, desfilan sobre la escena una treintena de personajes, desde los más terrenales a los más poéticos, recreando mundos evocadores, épocas pasadas y situaciones vitales para que Ildebrando cuente su tragedia. Una eterna caída en el abismo, un abrir continuo de cajones, de situaciones, y una reflexión sobre el teatro desde uno de sus pilares: el oficio teatral, personificado en la figura del apuntador.

Autoría: Emmanuel Vacca

Traducción: Alberto Castrillo-Ferrer

Dirección: Iñaki Rikarte

Producción: El gato negro

Reparto: Alberto Castrillo-Ferrer

Escenografía: Mónica Ramos, Alberto Huici y “La vascoaragonesa”

Iluminación: (diseño de luces: Patricio Jiménez)

Vestuario: Marie-Laure Bénard

Espacio Sonoro: Iñaki Rikarte y Manuel Maldonado

Diseño del Cartel: (Diseño gráfico: Manuel Vicente)

Fotografía: Daniel Castillo

Teatro: Teatro Tribueñe

Duración: 1 hora 30 minutos

Género: Comedia

Premios: : (Abril 2004) Premio de Interpretación del Festival de Teatro de Santander

Web Oficial: Ildebrando Biribó. Cl último Cyrano

Entrevistas y reportajes:

Yolanda Pintor, La buhardilla- Radio 5: “Ildebrando Biribó, el último Cyrano, un homenaje al apuntador”

Federico Cuenca Romero, Gente extraordinaria- GestionaRadio,“Gente Extraordinaria descubre quién es “Ildebrando Biribó. El último Cyrano”

Daniel Galindo, En escena- Radio5: “Bienvenido a la trastienda de la magia”

 

elena

Ildebrando Biribó. El último Cyrano vuelve al teatro Tribueñe después de quince años de representaciones continuadas por escenarios madrileños, nacionales e internacionales, una obra, que a pesar del tiempo, mantiene su frescura, su ritmo y su atractivo.

Alberto Castrillo-Ferrer da vida a Ildebrando Biribó, el apuntador que murió en el interior de su concha durante el estreno mundial de Cyrano de Bergerac, en 1897. A pesar de la distancia temporal, este hombrecito que descansa en la eternidad, descubre que se va a realizar una obra sobre su vida, y pide permiso para poder, por primera vez, convertirse en actor, actor del personaje de sí mismo. Y así será cómo Ildebrando Biribó irá representando su historia, que es la historia del apuntador, la historia del teatro y de todos los que lo hacen posible.

Para ello, irá abriendo los cajones de sus recuerdos al tiempo que abre los del gran escritorio multifunción que le acompaña en la escena. Este cambiante mueble será su apoyo en la interpretación y servirá para crear todos los espacios requeridos para contar la historia, aprovechándose hasta el último rincón del mismo de un modo original y siempre sorprendente.

Ildebrando es un personaje perfectamente dibujado, disfruta  del contacto con el público, y el públido disfruta con Ildebrando, esta relación es fundamental en la obra, hasta tal punto que el uno no podría existir sin el otro y viceversa. Como la propia representación teatral, la vida del personaje sobre las tablas es efímera, y solo podrá volver a cobrar vida con la llegada de un nuevo público para su nueva función. Por tanto, el regreso a la vida de este personaje tendrá una limitación: el tiempo.

Un enorme reloj de arena al fondo del escenario, le recordará esta situación haciendo que la historia transcurra en un tiempo real, marcado por el propio reloj. Aunque las referencias al reloj son varias en diferentes momentos, el espectador olvida su presencia la mayor parte del tiempo, mientras disfruta del jovial carácter del personaje y de la versatilidad del actor que lo representa que llegará a interpretar hasta treinta personajes, todos ellos de un modo espléndido provocando, generalmente, situaciones cómicas en sus desdoblamientos.

En el funcionamiento y buen ritmo de la obra tiene mucho que ver, además del buen hacer interpretativo de Alberto Castrillo-Ferrer, el propio texto escrito por Emmanuel Vacca y traducido por el propio Alberto Castrillo-Ferrer. Al tratarse de un texto concebido para un solo actor facilita la transformación de un personaje a otro sin que la obra se vea forzada o se altere su ritmo.

La iluminación y los demás elementos escénicos contribuyen a la creación de un espacio poético, casi onírico en algunos momentos y facilitan los cambios de escenas y los saltos que el personaje de Ildebrando, por su poco hábito como actor, realiza en su discurso.

Un espectáculo para disfrutar del teatro al desnudo con un personaje que despierta risa, curiosidad y ternura, una obra agradable donde todo tipo de público es bienvenido. Solo hay un requisito: tienen que dejar salir del teatro a sus problemas que esperarán en la puerta, al menos, lo que dure en caer la arena.

 

Elena Martínez Moriel, ITEM

 

Estrella Savirón, A golpe de efecto, “ldebrando Biribó: El último Cyrano’, un homenaje, con mayúsculas, al teatro y a sus gentes”

José Ramón Díaz Sande, Madrid Teatro, “Un soplo al alma. La memoria de los actores”

Javier Villán, El Cultural, “Una pequeña joya”

Ángel Savín, Que revienten los artistas, “Ildebrando Biribó, el último Cyrano en El Sol de York”:

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«El Sol de York, ha presentado estos días una obra mágica, “Ildebrando Biribó, el último Cyrano” de …»

Ángel Savín

Que revienten los artistas

«El texto de Emmanuel Vacca se remonta a la época del estreno de Cyrano de Bergerac. Allí…»

José Ramón Díaz Sande

Madrid es teatro

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