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Sinopsis: : En una sociedad en la que gritar está prohibido y la comunicación es un acto extraño, tres mujeres esperan el autobús que las llevará al «Gritadero», un lugar diseñado para que mujeres y hombres, en horarios distintos, puedan liberar su rabia, angustias y frustraciones. Pero el autobús se retrasa y en la espera, mientras las ganas de gritar van en aumento, entablan conversación. Guy Foissy, el autor, nos describe a través de estas tres mujeres, una sociedad moderna de personajes alienados, atiborrados a calmantes e imágenes de sus propias vidas, pero al mismo tiempo ajenos a sí mismos y a sus necesidades. Una sociedad regida por normas absurdas, que recuerdan peligrosamente a nuestra propia realidad.

Dramaturgia: Cristina Acosta, Paula Castellano, Amanda Recacha, Ana Varela

Autoría: Guy Foissy

Adaptación: Cristina Acosta, Paula Castellano, Amanda Recacha, Ana Varela

Asesoría Literaria: José Juan Rodríguez

Dirección: Paula Castellano

Producción: Gritadero Teatro

Reparto: Cristina Acosta, Amanda Recacha, Ana Varela

Escenografía: Paula Castellano

Iluminación: Rocio Sánchez Prado

Fotografía: Lucia Alonso Herranz

Fecha del Estreno: 27 de abril 2019

Teatro: El Umbral de Primavera

Duración: 70 min.

Género: Teatro

Una obra intensa, con unos diálogos vibrantes que invitan a la reflexión más que a la comunicación. Como bien dice una de las protagonistas en una de sus frases más agudas: “Más que comunicación, lo que hay son monólogos larguísimos que intentan calmar nuestra soledad y la falta de comunicación con nuestro entorno”.

La obra sucede con un público muy metido en la historia que asume el papel de juez, de persona externa que se asombra de las desgracias que les ocurren a las tres mujeres que hablan y discuten sobre temas varios existenciales. La trama no podría ser más escalofriante: tres mujeres esperan a un autobús que las llevará a una especia de cárcel donde podrán gritar, y que asumen esta irracionalidad como algo perfectamente normal. Una intencionada metáfora de la vida de tedio, angustia, y alienación de nuestra sociedad.

En esta metáfora, las actrices representan el carácter general de la mujer según sus circunstancias sociales y su ideología adquirida. Estos caracteres estereotipados no pretenden ser algo exclusivo del género femenino. Tenemos a tres caracteres cuyos extremos podemos situar entre lo conservador y lo progresista, y de igual forma entre la cordura y la locura. Lo que ocurre con este último aspecto, y es posiblemente uno de los temas en los que la obra quiere incidir más en lleno, es que la locura no existe sólo para los locos, sino que es transversal. No se puede vivir en este mundo sin ser un loco. La diferencia entre estos dos es que uno la niega y se conforma con vivir en un entorno atroz, y el otro se da golpes contra la cabeza porque no puede aceptar la realidad como es: Es decir, grita.

Llama también que la escenografía de esta obra es prácticamente vacía, aunque tiene elementos muy curiosos que permiten a las actrices mayor libertad para jugar con los espacios y con los significados poéticos. Además, hay que comentar el gran juego de luces que tiene la escenificación para reforzar la ilusión de movimiento y crear nuevos espacios dramáticos. Sin olvidar tampoco uno de los aspectos que da más gracia a la obra que son los globos depositados encima del escenario. Pues, aunque en apariencia no dicen nada, sirven para que las actrices lo inflen ininterrumpidamente para ahondar en un sentimiento de angustia y ansiedad perpetua.

Ansiedad que degenerará al final de la obra en un dilatado escalofrío. Ya no sólo por todo el clima de histeria y pánico que se percibe en la puesta sino porque como público uno se siente juez que dicta sentencia sobre el estado mental de las susodichas.

Además, como “persona normal y corriente” (ajena al espectáculo) que asiste a la representación, es fácil sentir la empatía dado que es imposible no extrapolar los problemas de la obra con los problemas de la sociedad. Es ahí cuando la obra deja de ser una obra meramente existencial, para ser una obra de denuncia. Una obra, en suma, perturbadora, que deja completamente frío al público: Pues el público tampoco es un juez normal, sino un juez enfermo que juzga a personas enfermas: He aquí la paradoja y la moraleja de esta fábula.

Isaías Ferrer Orduz

Una intencionada metáfora (…) tedio, angustia, y alienación de nuestra sociedad.

Isaías Ferrer

UCM

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