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Sinopsis: «Estado de emergencia», del destacado dramaturgo alemán Falk Richter, nos presenta una sociedad aislada en constante vigilancia. Detrás de las barreras de contención se encuentra un mundo bárbaro que amenaza con entrar. En esa comunidad cerrada una familia padece las consecuencias de vivir bajo las exigencias del régimen y la desconfianza se apodera de ellos generando un mundo interior inquietante, en donde la realidad se confunde con el sueño y la pesadilla para plantear una serie de cuestiones vigentes en la sociedad occidental de nuestra época – el bienestar y la seguridad; mundos impermeabilizados en los que brotan y crecen radicalismos. La familia resguardada del caos exterior habita una presión interna que revela capas múltiples de las patologías que emergen en este aislamiento. ¿Dónde está la real emergencia? La pieza dirigida por David Hernández nos invita a reflexionar en torno al contagio de los radicalismos sociales, la segregación, el miedo al otro y su propagación.

Autoría: Falk Richter

Dirección: David Hernández

Ayudante de Dirección: Angelina Mrakić

Producción: Nación Resiliente

Compañía: Nación Resiliente

Reparto: Jéssica Huerta, Felipe Rojas, María Figueroa

Escenografía: David Hernández y Angelina Mrakić

Construcción de Escenografía: David Hernández y Angelina Mrakić

Iluminación: David Hernández

Videoescena: Make Trompet

Diseño del Cartel: María Figueroa

Vídeo Promocional: https://www.youtube.com/watch?v=JdPgG4-sgvo

Teatro: El Umbral de Primavera

Duración: 70 min

Género: Drama- Teatro social

La puesta en escena de Estado de Emergencia —texto del célebre dramaturgo alemán, Falk Richter— te deja tocado y otro tanto aturdido por la capacidad que tiene de evocar imágenes en apariencia inconexas pero que llegan al fondo de la conciencia del espectador. Con un texto muy abstracto, y de gran complejidad para los actores, pues los diálogos suceden sin un ritmo lógico y están intencionadamente interrumpidos por una pesadez existencial que se traducen en reiteradas pausas dramáticas, se consigue un carácter de crítica social evidente a nuestro estilo de vida. Este mensaje de crítica social que se desprende del texto, está más en el subtexto que en el propio texto en sí, en lógica con los objetivos del teatro postmoderno de buscar una reflexión no tan trivial y que esté de una forma escondida en diálogos de tintes translucidos.

El resultado es brillante porque aparte de seguir fieles a estos principios, se deriva una clara interpretación de denuncia a los grandes temas de nuestro tiempo. Así consigue que el espectador se centre en una puesta en escena en la que los actores concentran la mayor parte del foco, a pesar de recurrir a proyecciones que no desubican en demasía al espectador. Una de las razones de albergar tanto peso dramático es que el texto, pese a suceder de una manera lenta y fatigosa, tiene una gran fuerza. Por eso, la interpretación más que nunca es vital para hacer legible la trama ya que si los actores no son capaces de transmitir toda esa carga emotiva al espectador, la obra carece de significado. Consecuentemente, tanto la actuación como la dirección se hacen fundamentales a la hora de llevar a escena a Falk Richter, y en concreto el gran éxito de esta representación reside en la brillante interpretación actoral que consigue elevar y merecer a un texto para nada fácil del dramaturgo alemán.

Esta pesadumbre tan cargada de fuerte crítica social a nuestra era se encarna perfectamente en los protagonistas de la obra. Por un lado, la mujer se enzarza en una lucha absurda por seguir manteniendo ciertas confortabilidades para así darle sentido a una vida cruenta y vacía. Por otro, el marido es un hombre cansado de todo, que se mueve en un hastío insufrible y que en cierta manera es la respuesta más comprensible a una situación que ya es insostenible. Conviene añadir que entre estas dos respuestas que representan, grosso modo, la actitud de nuestra sociedad ante los problemas irresolubles que nos acechan, está la respuesta de la hija. Ella, consumida por el dolor, se rebela contra todos y demuestra una posición agresiva, de desafío hacia la figura paterna buscando una huida tanto de un mundo al que detesta profundamente como de una familia que le ha decepcionado y de la que ya no espera ningún tipo de solución.

Al final la obra—independientemente de que exista esa intención— recuerda mucho a los libros de Erich Fromm y a los clásicos conceptos de separatidad, de alienación y de miedo a la libertad. ¿O acaso no se nos dice que estos personajes semitrágicos son víctimas de su propio miedo? ¿No buscan ellos un refugio en actitudes patológicas y enfermizas? En resumidas cuentas, este aire decadente, vacío y cruento no es más que el miedo de estos personajes —y de nuestra sociedad— a ser libres. Y así camina esta sociedad, siguiendo de lleno en la barbarie para justo después evitarla. Huyendo y rechazando un miedo pese a estar plenamente aterrorizados. Aterrorizados de tiempos difíciles. Atemorizados de ver que nuestra ansiada libertad nunca llega.

Isaías Ferrer Orduz
Master en Teatro y Artes Escénicas, UCM

Susana Inés Pérez, “Gran Hermano, El Show de Truman y Estado de emergencia”, En Platea

Estado de emergencia reflexiona sobre la segregación y la comunicación entre los seres humanos en un lenguaje casi en clave, difícil de interpretar y descifrar, que activa la imaginación del espectador.

Susana Inés Pérez

En Platea

El éxito de esta representación radica en la brillante interpretación actoral que consigue elevar (…) el texto del dramaturgo alemán.

Isaías Ferrer

UCM

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