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Sinopsis: Es un viaje poético a través del amor y la muerte. Inspirado en la bailarina Isadora Duncan, precursora de la danza moderna. Nos encontramos con una pieza teatral en la que palabra y danza caminan de la mano. Un canto al dolor, a la determinación y a la búsqueda permanente de la belleza.

Autoría: Hugo Pérez de la Pica (idea original de Beatriz Argüello)

Dirección: Beatriz Arguello y Hugo Pérez de la Pica

Ayudante de Dirección: Fran Guinot

Producción: COART+E (Colabora Centro de Danza Canal y Compañía Nacional de Danza

Ayudante de producción: Juan Carlos Muñoz

Producción ejecutiva: (Dirección de Producción): Rosa Fernández Cruz

Reparto: Beatriz Argüello (intérprete), Mikhail Studyonov (piano)

Construcción de Escenografía: Mambo decorados

Iluminación: Miguel Pérez Muñoz

Movimiento: (Coreografía: Helena Berrozpe, con la colaboración de Daniel Abreu)

Vestuario: Rosa García Andújar

Realización de Vestuario: Rosa García Andújar, Lucía Celis, Tesa de Miguel

Música: Mikhail Studyonov

Espacio Sonoro: Mikhail Studyonov

Fotografía: Hugo Pérez de la Pica

Vídeo Promocional:

Fecha del Estreno:

Teatro: Teatro Tribueñe

Duración: 1 hora

Género: Contemporáneo

Web Oficial: Estaciones de Isadora

Entrevistas y reportajes:

Hugo Álvarez Gómez, Emisora Escuela M21 Madrid “La ciudad del drama”

Antonio María Gárate Oronoz, La hora cultural en 24 h, “Isadora vuelve a bailar”

Revista Teatros, Entrevista a Beatriz Argüello: “Es importante Saldar deudas con mujeres que dieron pasos evolutivos en el arte”

 

 

“Destrucción de la bailarina. Muerte del cisne. Colofón a la maniera de Pávlova”, son las primeras palabras que resuenan sobre el escenario con fuerza y firmeza en la voz de la actriz Beatriz Argüello. Palabras pronunciadas por una bailarina clásica que en nada se parece a la representación que se espera de Isadora Duncan y es que con esta imagen y estas palabras se traslada al público a otra gran bailarina coetánea a Isadora y renovadora del ballet clásico, Anna Pávlova.

La imagen de esta otra bailarina permite, brindar un pequeño homenaje a la renovadora del ballet clásico, al tiempo que se acude a un rechazo metafórico del mismo, a una destrucción o a una  transformación de la bailarina. Se presencia una liberación de la danza encorsetada y rígida que supone el ballet clásico cuyas maneras para Isadora, aunque admirables, eran antinaturales. El público se convierte así en testigo del nacimiento de la nueva bailarina despojada de lo artificioso y, con ella, de una nueva forma de expresión artística a través de la danza que es, en definitiva, lo que supone Isadora Duncan para este arte.

Las palabras pronunciadas a lo largo de la obra por Beatriz Argüello, actriz que da vida a Isadora, son simplemente un refuerzo a todo el discurso corporal que desarrolla. El discurso verbal lo constituyen unos poemas de Hugo Pérez de la Pica que se caracterizan por su sencillez y naturalidad, sin tropos grandilocuentes, siempre incluidos en los momentos necesarios. Poemas que en los labios de Beatriz Argüello y acompañados por el piano de Mikhail Studyonov resuenan en el público y contribuyen a la creación de una pieza artística bellísima en la que se muestra una imagen de la Isadora, no solo bailarina sino mujer, mujer trágica, ahogada en su dolor, refugiada en el amor de sus hijos muertos, que se levanta para seguir creando, para crear un arte natural en el que cada movimiento surge de la propia alma. Un arte, que Isadora quiere que trascienda más allá de su propia vida, tal y como en una ocasión dirá: “La ruina de mi cuerpo no será la ruina de mi arte”.

Así toda la obra se construye como un recorrido aleatorio por momentos claves de su vida, las estaciones de su vida, representando caídas y remontadas, siempre en torno a un hilo motivacional: el amor hacia sus hijos y el dolor por su pérdida, un dolor que constituirá el leitmotiv de su condición trágica. Eso sí, al tratarse de pequeños esbozos y sutiles referencias, es recomendable que quien acuda conozca al menos de manera superficial la biografía de Isadora Duncan ya que de otra forma quizás sea más difícil conectar con el espectáculo en su totalidad.

En todo este proceso, el vestuario, el maquillaje (y su ausencia) y la escenografía ofrecen unas claves visuales imprescindibles para poder llegar a la esencia de la Isadora que los directores Beatriz Argüello y Hugo Pérez de la Pica quieren mostrar.

El vestuario diseñado por Rosa García Andújar consigue evocar ese sentido de desnudez y pureza y resaltar la belleza de lo sencillo, adecuándose y aportando significación a cada una de las estaciones por las que pasa la protagonista. Además, se presenta en consonancia con la continua comparación que de sí hace Isadora con una diosa pagana del Olimpo, en lo estético pero también en su significado más sagrado de alabanza y rito. Gracias al vestuario y a la cuidada coreografía se consiguen unas composiciones visuales de gran armonía a cuya plasticidad contribuye el excelente uso de la luz y el juego de las sombras, los cuales también consiguen acentuar los momentos de mayor tensión dramática.

Sobre el escenario desnudo apenas aparecen dos piezas de mobiliario: un armario con puertas de espejos que permite en casi todo momento tener una imagen completa de la bailarina y una pequeña plataforma con un cajón que al abrirse se descubre lleno de agua. La presencia del agua sobre el escenario se convierte en un elemento más con el que interactúa la bailarina y recuerda una de las fuentes de inspiración de su danza, el mar.

Las estaciones de Isadora  se representó en el teatro Tribueñe ante un público completamente entregado, atento y silencioso lo que favoreció a que este recital para los sentidos consiguiera dar lo mejor de sí. La cercanía del espectador con el escenario permitía sentir la tensión de los músculo de la actriz-bailarina, oír su respiración que constituía una parte fundamental del texto dramático ya que enreda al espectador en su agonía, así como las intensas y penetrantes miradas que dirigía al público conmocionándolo. Al acabar la última función en este teatro, por el momento, todo el público aplaudió intensamente, acabando muchos espectadores la ovación en pie. Una combinación de teatro, música, danza y poesía perfectas para admirar la belleza del arte del Isadora y sentir lo más humano de su figura.

Elena Martínez Moriel, ITEM/SET

 

Espectáculo unipersonal que se centra en los tres momentos descritos en la sinopsis y concebido, en buena medida, para la actriz. Argüello y un pianista están solos en la escena; la primera dice textos, muchos de la propia Duncam, además de bailar en los diferentes estilos en un verdadero ejercicio de virtuosismo, muy bien acompañado por Studyonov. Junto a estos momentos cruciales y frustrantes para la bailarina, se seleccionan otra serie de fragmentos que se orientan en una doble dirección: su concepción del movimiento y la expresión corporal en el ballet y la danza, y para mostrar pasajes de su vida, a modo de fogonazos, suscitando el interés por conocer más de la famosa bailarina. Para llevar a buen puerto esta idea se echa en falta la presencia de un dramaturgista que componga un relato escénico de modo que su trabajo no quede en una mera selección textual, para dar paso a interpretaciones de la bailarina. Al final, los textos deshilvanados y, a veces, no excesivamente relacionados con los movimientos estorban más que ayudan, ya que la actriz con su virtuosismo es más expresiva y el pianista con las ejecuciones sonaras más contundente.

Por otra parte, el texto que se concibe como la descripción fragmentaria de algunos pasajes de la vida de la Duncam, resulta explicativo en algunas cuestiones relacionadas con el ballet o narrativo de lugares y circunstancias. La actriz los dice con la solvencia acostumbrada, pero sin que tenga un personaje que defender o una situación conflictiva, dicha a través de un monólogo. Ningún reparo que oponer a los dos artistas que se dan cita sobre la escena, pero la concepción global del espectáculo, los sistemas de significación, la lentitud en el tempo y la falta de tempo dramática, achacables al director dramaturgo, no acompañan una excelente velada, donde Argüello sorprende por su versatilidad y convence por la capacidad para estar y llenar un escenario, y llegar a los espectadores.

José Gabriel López Antuñano, UNIR

 

José Miguel Vila, Ociocrítico, “Estaciones de Isadora: dolor, poesía, música, danza y palabra”

Julio Bravo, ABC, “Beatriz Argüello evoca a Isadora Duncan”

Javier Vallejo, El País, “Por los ojos de la Duncan”

Alberto Morate, Blog de entradas, “Un piano. y un pianista. Un armario de espejo. Una bailarina. Una actriz. una artista”

Itziar Hernández, La república cultural, “Estaciones de Isadora: la Duncan baila su historia”

Irène Sadowska,  Artezblai, “Bailando la libertad”

Universo A,  Universo de A, “Crítica exprés de: Las estaciones de Isadora”

Gordon Craig, El heraldo de henares, “Entre la fascinación y el asombro”

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“Isadora Duncan (1877- 1927) bailarina americana que a principios del siglo XX revolucionó la danza…”

Irène Sadowska

Artezblai

“Considerada madre de la danza contemporánea, Isadora Duncan fue una mujer, sobre todo, irreverente, dolida, aferrada…”

Itziar Hernández

LaRepúblicaCultural.es

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