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Sinopsis: Un acto escénico en claro oscuro donde lo que importa no es sólo lo visible sino lo que se cuela por los resquicios. Esto sucede en una casa o en un aeropuerto o en una pantalla de televisión. Esto tiene una banda sonora de canciones que cantas bajo la ducha. Llueve mucho, muchísimo. El agua se te cuela por el cuerpo. Y te acuerdas de esa gente que no está. De las voces que se te quedan en el cuerpo, que te siguen por donde quieras que vayas. Esto se desmorona también – puede que termine mal.

Idioma: Francés, castellano, inglés,

Autoría: Elena Aranda

Dirección: Elena Aranda

Ayudante de dirección: Miren Muñoz Vitoria, Isabela Rossi, Natalia Fernandes

Compañía: El Arándano creaciones

Reparto: Elena Aranda

Iluminación: Inés de la Iglesia

Coordinación técnica:

Fotografía: Narcis Molina

Fecha del Estreno: 19 de mayo de 2022

Sala: Espacio DT

Duración: 60 min

Género: Danza performance

Festivales: Surge Madrid 2022

Intimidad de una transeúnte

Candela Caballero. Máster de Teatro y Artes escénicas – UCM.

Cuando se representó dentro del Festival Surge 2020, El Silencio, un dúo de danza compuesto por Elena Aranda y Gonzalo Simón representado en Teatro Pradillo, se pudo ver una idea de lo que sería este solo. En Silencio es una pieza creada por Elena Aranda donde experimenta con nuevos lenguajes escénicos y técnicos de una forma muy elegante. Aranda, además de bailarina es creadora, por tanto no podemos decir que precisamente en esta pieza prime la danza.

En Silencio comienza irónicamente en Gran Vía, en mitad de todo el bullicio de la capital. A través de un código QR, se nos abre un mapa en el móvil con dos puntos señalados. Estas señales son pistas de reproducción que se deben escuchar en el lugar marcado. Suena una voz femenina, la de la creadora. Habla de lo que se ve, lanzando preguntas sobre el panorama para activar la atención y la conciencia en el espacio. De la forma más natural y ayudada por el paisaje de transeúntes, a la par que te lo dice el audio, aparece una mujer pintoresca con un abrigo azul y una boina amarilla, lleva los labios pintados de rojo. La mujer se descubre al otro lado del paso de cebra, y perfectamente sincronizada con el audio, comienza un paseo que debemos seguir.

Llegamos a la puerta de la sala DT y reproducimos el segundo audio. Este audio ya nos invita a entrar y la mujer del abrigo azul nos guía con su paso al sótano del espacio.

Este espacio es de por sí muy curioso, imaginemos una antigua bodega o almacén, con paredes de ladrillo y un fuerte olor a humedad, hay varios espacios separados por marcos arquitectónicos. Nos sentamos en uno de estos espacios, frente a nosotras, se proyecta un time lapse de un edificio. Elena Aranda, la mujer de azul, comienza una rutina íntima, como si estuviésemos en su casa. Se apropia de la nacionalidad francesa para crear este personaje elegante de tópico parisino. Hace uso del sonido natural para entender que se ducha y que come. Al no ver estas acciones, el oído se agudiza y nos sumerge en una atmósfera sensitiva muy placentera que también nos informa sobre las dimensiones del espacio: cambia de habitación, sube a la planta de arriba… De vez en cuando, nos deja entrever ciertas acciones a través de un ventanuco que dibuja su silueta.

El juego del sonido y el espacio en Gran Vía comparado con la oscuridad y el silencio de DT, generan un contraste bastante agudo en el espectador quien toma un rol activo. Por último, Aranda nos guía hacia la propia sala, y desde el patio de butacas, somos testigos de un cuerpo disociado donde las piernas son las protagonistas y donde ya no sabemos si estamos en una casa o en el aeropuerto de Barajas.  Esta idea está muy bien hilada cuando en Gran Vía ya se siembra el símil con un aeropuerto, de esta forma, recorremos distintas estancias físicas y paralelamente, distintas estancias ficticias. La creadora utiliza una clave de humor muy personal desarrollando un breve monólogo donde alterna el francés, inglés y castellano para hablarnos sobre la precariedad y lo absurdo de los grandes espacios frente al individuo que queda ridiculizado en sus ambiciones.

En la sala se genera un ambiente onírico creado por una nube de humo que la intérprete atraviesa en el saludo final y nos regala esa bella imagen.

Estamos ante una pieza contemplativa y sensorial en lo visual y lo auditivo, que explota la arquitectura de cualquier espacio ofreciéndonos un novedoso lenguaje artístico y donde el silencio dice más o igual que la palabra.

(8/10)

«Estamos ante una pieza contemplativa y sensorial en lo visual y lo auditivo, que explota la arquitectura de cualquier espacio ofreciéndonos un novedoso lenguaje artístico.»

Candela Caballero

Máster Teatro y Artes escénicas UCM

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