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Sinopsis: Dos amigas, Mariola y Vero, ambas gaditanas, tienen fortunas diferentes. Mientras a Vero todo le sale bien, Mariola tiene el auténtico “mal fario”. Hasta que Vero la lleva a vivir a su casa y se produce la tragedia.

Dramaturgia: Ana López Segovia

Dirección: Ana López Segovia (con la colaboración de José Troncoso)

Ayudante de Dirección: Alicia Rodríguez

Producción: Las Niñas de Cádiz

Ayudante de producción: Susana Luque

Compañía: Las Niñas de Cádiz

Reparto: Alejandra López, Teresa Quintero, Rocío Segovia, Ana López Segovia.

Iluminación: Agustín Maza

Vestuario: Miguel A. Milán

Caracterización: Susana Martín e Isa Vicente

Música: “SEÑOR DE NERVIÓN”, de Fran Ortiz Morón y Francisco J. Seren, interpretada por la Banda de Nuestra Señora del Rosario de Cádiz. “WILD IS THE WIND”, de Nina Simone.

Espacio Sonoro: Mariano Marín

Fecha del Estreno: 7 agosto de 2019

Teatro: Sala Cuarta Pared

Duración: 75 min.

Género: Tragedia chirigótica.

Premios: Premio MAX Mejor Espectáculo Revelación 2020. Premio del Público Festival de la Garnacha, Haro, 2020. Premio del Público en la Mostra Internacional de Teatro Festivo e Comico de Cangas de Morrazo, 2021. Premio del Público del Festival de Teatro Vegas Bajas 2021. Premio Ángeles Rubio – Argüelles, otorgado por el Festival de Teatro de Málaga y el Teatro Cervantes, 2022. Espectáculo Recomendado por la Red Nacional de Teatros

Web Oficial: http://xn--lasniasdecadiz-unb.com/espectaculos/el-viento-es-salvaje/

 

El viento es salvaje

Fernando Doménech Rico

¿Existe una forma gaditana de hacer teatro? No es el título de una chirigota, sino la constatación de que hay algo en la forma de hacer teatro de Las Niñas de Cádiz que solamente podría tener cabida en el mundo carnavalesco de las chirigotas gaditanas. Cualquiera que haya visitado la ciudad andaluza durante el Carnaval grande o el Carnaval chico habrá tenido ocasión de comprobar cómo la ciudad entera se convierte en un escenario donde grupos de vecinos y -actualmente- de vecinas hacen un repaso de la actualidad con los medios más elementales (una fregona sirve de peluca rubia, una bolsa de plástico puede ser el cuerpo de una gaviota…) y un derroche de imaginación.

La historia de El viento es salvaje (título tomado de un tema de Nina Simone) se basa muy lejanamente en las dos tragedias de Eurípides que tienen como protagonista a una mujer: Hipólito y Medea. Estamos, pues, ante una revisión de la tragedia griega y sus personajes marcados por un destino inclemente que en la obra se manifiesta en el terrible levante, el viento que enloquece a los habitantes de Cádiz. Sin embargo, nada más lejos del propósito de Ana López Segovia y Las Niñas que hacer una copia mimética de las tragedias. Es cierto que hay un enamoramiento prohibido, el de Mariola y Juandiosito, que recuerda al de Fedra e Hipólito. Y no es menos cierto que Vero, al enterarse del amor que siente Juan de Dios por su amiga, toma una terrible venganza digna de Medea, aunque a falta de niños a los que degollar, Vero se venga de forma muy lorquiana, matándole al marido todos los pajarillos que cría como hizo la Poncia con los colorines del suyo.

Con estos elementos y con la mirada desprejuiciada de las chirigotas de Cádiz, Ana López Segovia ha creado una tragedia llena de lirismo y de humor gracias a su facilidad para escribir en verso clásico -romances, redondillas, quintillas…- sin retorcer el lenguaje, pero dejando caer la palabra precisa para provocar la sonrisa -muy a menudo la risa abierta- del espectador. Es una habilidad que tuvieron los ingenios del pasado y que hoy solamente está en manos de Álvaro Tato y Ana López Segovia. Las cuatro actrices bordan esta delirante tragedia de las gentes del común gaditano con una agilidad, una sencillez y una versatilidad envidiables.

En estos momentos en que el teatro puede convertirse (como a menudo lo hace) en un espléndido contenedor vacío, un teatro como el de Las Niñas de Cádiz, hecho con un par de sillas, un gancho que lo mismo sirve para sostener una jaula que una bolsa de plasma en el hospital, un teatro lleno de imaginación y de lirismo, un teatro popular y cultísimo, puede ser el camino por donde debe transitar este arte. Mientras existan Cádiz y sus niñas hay esperanzas.

 

La polisemia de toda la vida

Candela Caballero
Máster de Teatro y Artes escénicas UCM

Definitivamente con esta puesta en escena de Las niñas de Cádiz me he reencontrado con el teatro bien hecho, el teatro sin florituras, el teatro que llena patios y plazas. Ana López Segovia crea esta pieza desternillante a la par que trágica, con el uso de un verso lírico y sencillo. Se atisban fuentes de inspiración en Fedra y Medea para crear este fondo trágico lleno de deseo y venganza. Además de ser la autora de esta pieza, Ana López dirige y actúa en la propia obra, no por ellos sin que ninguna de estas partes quede descuidada. El viento es salvaje aúna la cultura popular y el folklore gaditano (la chirigota está presente), y les sirve como vehículo cómico para contar esta historia de amigas.

Podríamos hablar de que la obra se compone de dos partes. En la primera parte, extensa y delirante, se presentan a las protagonistas: Vero y Mariola. Conocemos el origen de su amistad desde el colegio hasta que son adultas y Vero se casa y tiene un hijo, Juandiosito. Todo este acto está narrado por una serie de gag que contraponen a los dos personajes frente a las mismas situaciones. De esta manera, Las niñas de Cádiz consiguen retratar a estos personajes desde puntos de acción muy concretos y empáticos, quedando Mariola como la amiga con mal fario, y Vero como la amiga suertuda. Son múltiples las anécdotas que se dan. Vemos una creación y uso del código a través de los elementos escénicos, los cuales adquieren una polisemia que bien podría recordar a La Zaranda. Estos elementos son: cuatro taburetes, un pie con gancho, y una capuchas integradas en el grisáceo vestuario. La limpieza de las coreografías para formalizar imágenes es exquisita y dinámica, y la apuesta de colores neutros como es el gris y el dorado, otorga a la pieza cierta profesionalidad y seriedad con el trabajo escénico.

Si bien la primera parte está cargada de anécdotas y dinamismo, en la segunda parte se masca la tragedia, venida por una transición mística y religiosa de Vero hacia su amiga accidentada. El viento de levante juega un papel mágico en esta obra, remitiendo a las leyendas marineras sobre el cambio del tiempo y lo que ello conlleva. La acción ya se concentra en la casa de Vero, y es que una casa siempre es un nido de drama. Ejemplo de ello sería La casa de Bernarda Alba, Tan solo el fin del mundo o Casa de muñecas. 

Sin duda, Las niñas de Cádiz son unas bestias del escenario y nos prestan una visión del teatro muy válida frente a las nuevas artes vivas, provocando en el espectador la risa y la atención constante.

(10/10)

«Las cuatro actrices bordan esta delirante tragedia de las gentes del común gaditano con una agilidad, una sencillez y una versatilidad envidiables. «

Fernando Doménech Rico

«Vemos una creación y uso del código a través de los elementos escénicos, los cuales adquieren una polisemia que bien podría recordar a La Zaranda.»

Candela Caballero

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